¿Puede la escasez del petróleo destronar al oro como activo refugio?

El petróleo se impone en el corto plazo, pero el oro mantiene su ventaja histórica

¿Qué pasará cuando se acabe el petróleo? Tarde o temprano, eso llegará algún día. No mañana ni dentro de diez años, pero al igual que el oro, es un recurso finito. Sin embargo, la forma en la que esa escasez se traslada al precio de ambos activos es distinta.

Ahora la guerra en Irán ha devuelto al petróleo al centro del debate inversor tras años en los que su papel parecía limitado a un activo cíclico. Durante semanas, la amenaza sobre el estrecho de Ormuz ha tensionado los precios con fuerza, hasta el punto de llevar al Brent cerca de los 110 dólares.

El mundo consume hoy en torno a 100 millones de barriles diarios y los inventarios disponibles apenas cubren unas semanas de demanda, lo que convierte cualquier interrupción en un shock inmediato.

¿Escasez real?

Sobre esa base, varias casas de análisis han reforzado su visión de fondo. Goldman Sachs viene señalando que la oferta es cada vez más rígida mientras la demanda se mantiene resistente, incluso en un entorno incierto. Este desequilibrio introduce un soporte para los precios a medio plazo, pero también incrementa su sensibilidad a disrupciones geopolíticas o logísticas.

Extracción de petróleo
Europa Press

Ahora bien, la idea de escasez en el petróleo admite matices que no siempre se traducen en una buena inversión a largo plazo. Las estimaciones actuales sitúan las reservas extraíbles en torno a 1,7 billones de barriles, lo que permitiría varias décadas de consumo al ritmo actual. Por otro lado, el desarrollo del fracking en Estados Unidos ha transformado un escenario de declive en uno de expansión en apenas unos años.

De ahí que la escasez del petróleo no pueda entenderse solo en términos físicos. Depende también del precio, de la tecnología disponible y de la capacidad de extracción. A medida que el crudo se encarece, nuevas fuentes pasan a ser viables. Esto implica que, a diferencia del oro, la escasez del petróleo no es absoluta, sino dinámica y dependiente del contexto económico y tecnológico.

En ese punto entra en juego otro concepto clave para entender su papel como inversión. La Agencia Internacional de la Energía lleva tiempo advirtiendo de que el verdadero punto de inflexión no será el agotamiento de la oferta, sino el llamado pico de demanda. Es decir, el momento en el que el consumo comienza a caer antes de que el recurso se agote, desplazado por alternativas más competitivas.

La experiencia reciente ha puesto de manifiesto, además, hasta qué punto el petróleo sigue siendo un elemento central del sistema económico. La interrupción de flujos energéticos no se limita al transporte, sino que se traslada en cadena a sectores como la agricultura, la industria química, la metalurgia o la producción de fertilizantes.

Mantener inventarios estratégicos y asegurar el acceso a materias primas se ha convertido en una prioridad, aunque implique mayores costes. Eso significa que la energía, en este entorno, sí gana peso como factor estratégico en las carteras.

Su carácter esencial, su aparente escasez y su comportamiento geopolítico juegan a su favor. De hecho, desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán el 28 de febrero de 2026, el petróleo ha ofrecido una mejor cobertura que el oro en este episodio concreto frente al repunte de las expectativas de inflación y al endurecimiento esperado de los tipos de interés.

Un buque de patrulla naval de la Armada desde el malecón del Lago de Maracaibo este miércoles, en Maracaibo (Venezuela).
EFE/ Henry Chirinos

Mientras el crudo se revalorizó con fuerza por las disrupciones de oferta y el cierre parcial del estrecho de Ormuz, el oro perdió alrededor de un 10% desde el comienzo del conflicto, lastrado por el shock energético y por la revisión al alza de las expectativas en los tipos de interés.

El oro se impone en las grandes crisis

Sin embargo, esa misma evidencia marca también sus límites. El petróleo protege en determinados escenarios, pero pierde ese papel cuando la crisis es de naturaleza económica. En un contexto de recesión, la caída de la demanda presiona los precios a la baja, reduciendo su capacidad como cobertura.

Esta diferencia se ha manifestado de forma consistente en la evolución histórica de ambos activos. En los últimos veinte años, el oro ha mostrado un comportamiento estable como activo defensivo en episodios de estrés financiero, con revalorizaciones en momentos como la crisis financiera global de 2008-2009, la crisis del euro o el shock del COVID-19 en 2020.

En términos más concretos, el contraste resulta especialmente visible en tres episodios. Durante la crisis financiera global de 2008, el petróleo pasó de cotizar por encima de los 140 dólares por barril en 2008 a caer por debajo de los 40 dólares en pocos meses, mientras el oro mantuvo una trayectoria mucho más resistente.

Más adelante, entre 2014 y 2016, el crudo volvió a desplomarse como consecuencia del exceso de oferta y de la desaceleración económica global. Y en 2020, en el punto álgido de la pandemia, los futuros del petróleo llegaron incluso a cotizar en negativo, al tiempo que el oro alcanzaba máximos históricos.

Ese es, en realidad, el punto clave para el inversor. La escasez del oro aporta estabilidad. La del petróleo introduce volatilidad. Uno actúa como refugio frente al sistema y el otro refleja sus tensiones.

En estos momentos, tras la tregua de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, el precio del crudo Brent ha caído por debajo de 100 dólares, el dólar se ha debilitado y el oro ha repuntado a niveles de 4.700-4.800 dólares, máximos de casi tres semanas.

Goldman Sachs ha aprovechado este giro en los acontecimientos para recortar su previsión del Brent para el segundo trimestre desde 99 hasta 90 dólares por barril, al entender que la reapertura de Ormuz y la recuperación gradual de los flujos del Golfo rebajan la prima de riesgo a corto plazo, aunque mantiene sin grandes cambios su visión para la segunda mitad del año y sigue viendo riesgos al alza si la tregua fracasa.

En el oro ocurre casi lo contrario. Mientras el banco rebaja su expectativa inmediata para el crudo, él mismo figura entre las entidades que sitúan la onza por encima de los 5.000 dólares de aquí a un año, junto a JP Morgan, Commerzbank, Julius Baer o Westpac.

En el petróleo, una tregua basta para enfriar previsiones. En el oro, incluso después de la corrección reciente, sigue viva la expectativa de revalorización a medio plazo.

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