En pleno Cerrato Palentino, una comarca de colinas suaves y horizontes infinitos situada entre Valladolid y Burgos, se levanta Baltanás, un pequeño municipio que apenas supera los 1.200 habitantes pero que guarda uno de los tesoros arquitectónicos y etnográficos más singulares de España. Su importancia histórica no es menor: durante siglos fue reconocida como Cabeza de la Merindad del Cerrato por orden de los Reyes Católicos, lo que le otorgó un papel clave en la organización de esta tierra castellana.
Un barrio subterráneo único en Europa
No obstante, el gran símbolo de Baltanás es su barrio de bodegas, un conjunto declarado Bien de Interés Cultural. A simple vista, la colina que lo acoge parece salpicada de chimeneas y respiraderos; sin embargo, bajo tierra se esconde un auténtico prodigio de ingeniería popular. Se trata de 374 bodegas excavadas a mano por los vecinos, en algunos casos desde época medieval —aunque la primera referencia documental data de 1543—, distribuidas en hasta seis niveles superpuestos.

Estas galerías, que alcanzan profundidades de unos 10 metros y longitudes de entre 15 y 40 metros, fueron utilizadas durante siglos para la elaboración y conservación del vino. A diferencia de otras localidades de la zona donde este patrimonio ha caído en desuso, en Baltanás muchas bodegas siguen activas, vinculadas a los vinos de la Denominación de Origen Arlanza. Por su monumentalidad y complejidad se le llama la “catedral de las bodegas subterráneas”, un apelativo que refleja tanto su magnitud como el cuidado con el que se ha preservado.
La huella de Gaudí
Uno de los elementos más llamativos de estas bodegas son sus chimeneas de ventilación, que emergen de la tierra como esculturas orgánicas en miniatura. Estas estructuras, además de cumplir una función práctica, han alimentado una teoría fascinante: que Antoni Gaudí se inspiró en ellas para algunas de sus obras más célebres.
El arquitecto modernista visitó Baltanás en 1883, cuando trabajaba en la catedral de Astorga. Según la periodista Ana María Férrin en su libro Regreso a Gaudi’s place, la visión de estas chimeneas y de las curvas subterráneas del barrio bodeguero impresionó profundamente al artista catalán. Tanto, que habría plasmado su recuerdo en construcciones posteriores como la Casa Milà (La Pedrera) o incluso en las formas del Park Güell. Aunque no hay pruebas documentales definitivas, la hipótesis ha calado entre historiadores y vecinos, convirtiéndose en parte de la identidad del pueblo.
Un patrimonio que va más allá del vino
Baltanás no solo sorprende por su subsuelo. El municipio cuenta con un notable legado monumental que refleja su antiguo esplendor. En el centro del casco urbano se alza la iglesia de San Millán, una construcción renacentista del siglo XVI que guarda en su interior un retablo barroco de Felipe Gil de Mena y esculturas de Gregorio Fernández, además de dos sepulcros góticos de gran valor.
A pocos metros, el Palacio-Hospital de Santo Tomás (siglo XVIII) llama la atención con su fachada barroca. Hoy forma parte del Museo del Cerrato, un centro que acerca al visitante al paisaje, la historia y las tradiciones de esta comarca, y que además alberga una interesante pinacoteca de artistas castellanos y leoneses.
El Convento de San Francisco, el Hospital Viejo del siglo XVII, la Cilla —un antiguo almacén de grano— o varias casas solariegas completan un patrimonio civil y religioso que se extiende hasta las afueras del pueblo, donde se encuentran ermitas como la de Nuestra Señora de la Virgen de Revilla o la de San Gregorio, escenario de una popular romería cada 9 de mayo.