El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha aprobado declarar Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Patrimonio Inmaterial, el cocido madrileño. El objetivo es preservar su legado como unas de las principales expresiones de la identidad regional y difundir sus características tradicionales y su relevancia social.
El consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local, Miguel Ángel García Martín, ha defendido que es una receta “arraigada que trasciende lo gastronómico para formar parte de la vida cotidiana de los madrileños desde hace siglos“, tanto en entornos rurales como urbanos, consolidándose como “un elemento de convivencia y tradición compartida“.
El cocido madrileño está compuesto por carnes, verduras, embutidos y garbanzos, cuya técnica de elaboración principal es la cocción en agua. Tradicionalmente se sirve en vuelcos, es decir, con la presentación separada de los grupos de alimentos siguiendo el orden en el que se deben consumir.

Denominaciones especificas
Algunos municipios han recibido denominaciones especificas en función de sus particularidades, como el pradeño de Villa del Prado, el corucho de Cenicientos o la olla del segador de Navalcarnero. Sus orígenes son inciertos aunque la denominación de cocido madrileño aparece documentada a lo largo del siglo XIX.
Pero es entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX cuando se consolida una elaboración concreta de cocido vinculada al ámbito madrileño, asociando esta receta al territorio donde se cocina. Con una trayectoria de más de 150 años, este plato ha pasado de ser menospreciado por las élites a transformarse en un referente en el ámbito familiar.
