San Valentín

Amor en modo avión

El 14 de febrero invita a celebrar el amor, pero en muchos hogares la última mirada del día no es para la pareja, sino para el móvil. La coach de terapia de parejas Anna Vicen Renner advierte del impacto silencioso de las pantallas en la intimidad y propone acuerdos sencillos para recuperar la conexión real

Escena de la película 'Perfectos desconocidos'

El 14 de febrero se llena de flores, cenas y mensajes dulces, pero en demasiados dormitorios el último gesto del día no es un beso ni una conversación, sino un vistazo al móvil. Y eso, advierte la coach de terapia de parejas Anna Vicen Renner, no es un detalle sin importancia; es un hábito que va desplazando la intimidad a un segundo plano.

“7 de cada 10 parejas usan pantallas en la cama y en el 60% de los casos la última pantalla que se apaga es la del móvil”, recuerda la experta. La escena es cotidiana: dos cuerpos en la misma cama, dos pantallas encendidas, dos silencios que se normalizan. “Hemos permitido que las pantallas se cuelen en cada grieta de nuestro tiempo, incluido nuestro santuario más sagrado, el dormitorio”, explica. Y resume la paradoja de hoy en día con una frase que podría ser el lema de este San Valentín: “Estamos ultra conectados hacia afuera, pero desconectados de quien duerme a nuestro lado”.

¿Por qué ocurre? Vicen apunta a la necesidad de evasión y entretenimiento inmediato: “Buscamos ese ‘dame algo para pasar el rato’ porque nos hemos acostumbrado a consumir contenido en lugar de crear conexión real”. A veces, añade, el móvil también funciona como escondite. Es decir, si la relación no llena como antes, se vuelve más fácil refugiarse en una pantalla que afrontar lo que falta. “Pero eso, a largo plazo, no hará más que deteriorar nuestra relación en vez de mejorarla”, advierte.

7 de cada 10 parejas usan pantallas en la cama y en el 60% de los casos la última pantalla que se apaga es la del móvil

El daño no siempre se nota de golpe. Entra despacio, como una costumbre. Uno de los síntomas más claros es la pérdida de un momento pequeño pero decisivo, el rato antes de dormir. “1 de cada 3 españoles reconoce que no suele conversar con su pareja antes de dormir”. Para la experta, ese instante “es vital porque es donde se construye el ‘nosotros’. Es el espacio para bajar revoluciones y entrar en un ‘Modo Conexión’ real”. Cuando se cambia por el móvil, el mensaje se filtra aunque nadie lo diga en voz alta: “Lo que pasa aquí dentro (en la pantalla) es más interesante o urgente que tú”. Con el tiempo, se pierde la sensación de ser vistos y valorados, y también la posibilidad de crear un espacio seguro donde hablar de miedos, deseos o inquietudes.

Las señales de alarma suelen ser muy reconocibles

Vicen usa una imagen contundente: “Una señal clara es física y táctil: cuando tus dedos tocan más rato el cristal frío de la pantalla que la piel de tu pareja”. También aparece cuando la última interacción del día es con una app, cuando cualquier notificación desenfoca una conversación o cuando ya cuesta mantener un diálogo sin interrupciones. A nivel emocional, el resultado se parece a una contradicción dolorosa, “una sensación de soledad acompañada”.

Y hay otro efecto que muchas parejas viven con desconcierto: cae el deseo. “El deseo sexual también se ve afectado drásticamente, porque el deseo necesita presencia, tranquilidad y atención, justo lo contrario a lo que ofrece la hiperconexión”. Si el cerebro está en “alerta permanente” por las notificaciones, se vuelve más difícil relajarse y abrirse a la intimidad. En otras palabras: no es que “falle” la pareja; es que la pareja compite con un dispositivo diseñado para capturar atención.

¿Se puede cambiar sin prohibiciones imposibles? La experta propone acuerdos sencillos, más cercanos a un ritual que a una norma. Uno de ellos es casi un gesto simbólico: “La última notificación eres tú”, dice, para que lo último que se vea antes de cerrar los ojos sea a la pareja, no a la pantalla. Otro es transformar el impulso automático de hacer scroll en una acción de conexión: “Si sientes el impulso de hacer scroll, cámbialo por una caricia, una mirada, un masaje… Que tus dedos sirvan para mucho más que para clicar botones en una pantalla”. Y el tercer acuerdo es devolverle al dormitorio su función: “El dormitorio como santuario”, con dispositivos fuera o en modo avión real para “cogernos tiempo para conectar el uno con el otro”.

Si uno de los dos se resiste, Vicen invita a cambiar el tono: “Menos obligar y más sugerir, menos criticar y más halagar, menos teclear y más besar”. No se trata de ganar una discusión, sino de recuperar una dinámica: atención compartida, presencia y pequeños gestos que vuelven a encender la complicidad. En el fondo, el mensaje de la experta es optimista: hay margen para elegir. “No se trata de demonizar la tecnología, sino de decidir conscientemente qué rol queremos que tenga en nuestra vida”, afirma. Y compara el cambio de hábitos con algo muy concreto: “Cuidar la relación o cambiar de hábitos, es como ir al gimnasio: a veces da pereza empezar, pero cuando te comprometes, el bienestar que genera es inmenso”.

Este San Valentín, quizá el gesto más romántico no sea subir una foto a redes ni reservar la cena más cara. Quizá sea algo mucho más íntimo: dejar el móvil lejos de la cama, mirarse a los ojos en silencio unos segundos y volver a ser protagonistas de la propia historia. “Que lo emocionante pase dentro de vuestra vida, no dentro del móvil”.

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