Madrid Design Festival

André Ricard aterriza en Madrid: una lección del mejor diseño español

La exposición dedicada a André Ricard en el marco del Madrid Design Festival reivindica el diseño como una herramienta al servicio de la vida diaria

En España todavía quedan referentes vivos del mejor diseño español a los que poder rendir homenaje a su obra y legado en vida. Hoy vengo hablar de una exposición que obliga, casi sin darte cuenta, a bajar el ritmo. A mirar. A pensar. La dedicada al diseñador catalán André Ricard en el marco del Madrid Design Festival. Una expo que rinde tributo a uno de los mejores diseñadores industriales españoles y que invita a reconciliarse con una idea del diseño que hoy parece casi subversiva: hacer bien las cosas, sin ruido, sin ego y con responsabilidad.

A sus 97 años, Ricard no necesita reivindicarse. Pero sí necesitamos reivindicarlo nosotros. Porque en una época en la que todo parece diseñado para durar lo justo hasta el siguiente lanzamiento, reencontrarse con su obra es recordar que el diseño también puede ser compromiso, coherencia y respeto por quien usa los objetos.

El diseñador catalán André Ricard

La exposición, instalada en el Teatro Fernán Gómez – Centro Cultural de la Villa, propone un recorrido que huye del fetichismo y del espectáculo. Aquí no hay piezas encerradas en vitrinas como reliquias. Hay objetos pensados para vivir con ellos. Para tocarlos, comprenderlos y reconocerlos en nuestra memoria cotidiana.

Diseñar sin jerarquías

Ricard fue pionero en algo que hoy repetimos como mantra, pero que pocos practican de verdad: entender el diseño como un todo. No como una disciplina elitista, sino como una herramienta al servicio de la vida diaria.

Por eso en su trayectoria conviven sin conflicto una lámpara icónica con un envase de detergente. La elegante simplicidad de las lámparas Duo o Tatu —hoy reeditadas por Santa & Cole— dialoga con cepillos de dientes, frascos de perfume, ceniceros o envases de Norit. Todo importa. Todo merece ser pensado.

Y, quizá, ahí reside su grandeza: nunca consideró que hubiera objetos “menores”. Desde la antorcha olímpica de Barcelona hasta el diseño de perfumes para el grupo Puig, Ricard trabajó siempre con la misma actitud: rigor, funcionalidad y sentido común. Sin límites.

Antes de que la palabra “diseño” se convirtiera en un reclamo publicitario, él ya entendía que diseñar era asumir una responsabilidad social. Que cada objeto influye en nuestra forma de vivir. Que una mala solución se multiplica por millones cuando entra en producción.

Un legado que no envejece

Ver hoy reunida su obra es constatar que muchas de sus soluciones siguen siendo actuales. No porque sean “retro” o “vintage”, sino porque están bien pensadas. Porque responden a problemas reales. Porque no dependen de tendencias.

En ese sentido, podríamos decir que su trayectoria dialoga de forma natural con la de su colega Miguel Milá. Ambos representan una generación que construyó el diseño español moderno desde la honestidad y la austeridad. Sin aspavientos. Sin discursos inflados. Con la convicción de que menos, casi siempre, es más. Una época en la que el diseño catalán estuvo, como nunca, a la cabeza del mejor diseño español contemporáneo.

Milá lo expresó a través de sus luminarias y muebles; Ricard lo hizo expandiéndose hacia todos los ámbitos posibles. Dos miradas complementarias que hoy forman parte de nuestro patrimonio cultural, aunque muchas veces no seamos conscientes.

Celebrar a quien nos hizo la vida más fácil

La inauguración del pasado jueves 5 fue, en sí misma, un pequeño manifiesto. Diseñadores, profesionales del sector, amigos y familiares —incluidos sus hijos— se reunieron para rendir homenaje a alguien que nunca buscó protagonismo, pero que transformó silenciosamente nuestro entorno.

Y eso es, quizá, lo más emocionante de esta exposición: no celebra una carrera basada en la fama, sino en la utilidad. No ensalza al autor, sino al usuario. No convierte los objetos en trofeos, sino en compañeros de viaje.

La muestra podrá visitarse durante las próximas semanas dentro del programa del Madrid Design Festival, ofreciendo una oportunidad única para entender de dónde venimos y, sobre todo, hacia dónde deberíamos ir.

Porque en tiempos dominados por la prisa, el postureo y la obsolescencia programada, André Ricard nos recuerda algo esencial: el buen diseño no necesita gritar. Basta con funcionar, durar y acompañarnos. Y el bueno diseño, en definitiva, debe ser entendido como un todo. Todo un acto de resistencia hoy en día. No se lo pierdan. Magnífico e imprescindible, como su obra.