Street Style

Weird Art School Girl: qué es y por qué construirás tu armario de temporada alrededor de este concepto

La tendencia más auténtica de la temporada pasa por abrazar la nostagia noventera y la cultura pop que celebra lo raro como diferente. Así es como ponerla en práctica de tu armario a la calle

Fotografía: Kiloycuarto

Durante años, el componente aspiracional de la moda demandó pulcritud, control y una neutralidad casi clínica. Sin embargo, esta temporada -y a pesar de que la vista sigue puesta en los 90 como máximo referente, no sin motivo- la narrativa cambia; ahora lo interesante gana terreno (a lo perfecto). De hecho, si las tendencias fueran personalidades, la Weird Art School Girl sería esa chica que llega tarde a clase con manchas de pintura en la manga, un libro subrayado en el bolso y un look con una mezcla de colores pop y pastel que de primeras parece demasiado caótico pero finalmente es brillante. 

Gracias a internet, ahora este tipo de estética está ganando fuerza como respuesta directa a un cansancio colectivo de lo irreal (brain rot) unido a un quejido interno que ya han procesado las pasarelas y que se aleja del concepto inalcanzable. A saber: pelo ondulado y cada vez menos pulido (véase la última portada de Margot Robbie en Vogue Australia, que recuerda a Meg Ryan en The Women), junto con el efecto ‘no make up’, moños deshechos y gafas de ver 24/7 que, más que intentar reflejar un halo de bibliotecaria, abrazan la comodidad real. 

Margot Robbie (Pinterest)

Este llamamiento de las tendencias al brain over looks celebra lo raro e interesante como condición sine qua non de lo cool. El contraste con las tendencias dominantes de los últimos años hace aún más evidente la fuerza de este movimiento, que navega en contra al minimalismo más pulido (véase piel ultraluminosa, moños tirantes y neutrales perfectos) con una exploración que venera el proceso. Así, a nivel estético, donde predominaba la neutralidad, aparecen combinaciones cromáticas inesperadas y texturas superpuestas como si, en un argot más deco, se tratase de algo en construcción y no una vitrina terminada.

No obstante, todo comenzó -efectivamente- en los 90 y en la televisión, medio que dio forma a las weird girls en las que nos inspiramos hoy día mucho antes de que existieran estas personalidades en TikTok o Instagram. Piensa en Enid y Rebecca (Scarlett Johansson y Thora Birch) en Ghost World, del mismo modo que Parkey Posey se gastaba lookazos y semblantes de constante eyerolled en Party Girl (1995) mucho antes de gritar Tsunami! y abusar de los tranquilizantes en HBO. 

Fotograma de Ghost World (Pinterest)

“En la televisión de esa década surgió una oleada de personajes femeninos que rompían con los estereotipos tradicionales de “princesa perfecta” y mostraban, con autenticidad, personajes imperfectos, intelectuales, sarcásticos o simplemente fuera de lo convencional. El auge de figuras como Angela Chase o Alex Mack demostró que podía ser cool ser rara, peculiar y diferente; la audiencia aprendió entonces que una chica podía ser inteligente, introspectiva, desajustada o simplemente creativa y aun así ser relevante y atractiva”, reflexiona la periodista Amelia Edelman en un texto de 2014.

De alguna manera, esta idea sacada de la cultura popular más noventera, y que evolución con las romcoms y ficciones de la primera década de los 2000, fue una forma temprana de celebrar la individualidad frente a los cánones estrictos de belleza y comportamiento en sociedad; por primera vez, “estos ejemplo culturales mostraron que ser distinta podía ser valioso”, tal y como reflexiona Edelman. Así que no es de extrañar que, debido a la naturaleza cíclica de la moda*, esta energía haya reaparecido en la moda como una estética esperada y un premio a la “autenticidad”. 

Parkey Posey en Party Girl (Pinterest)

Cómo llevarlo en 2026

Bajo esta premisa, la estética Weird Art School Girl se construye a partir de looks que parecen surgidos de un proceso creativo, como si la ropa fuera menos una estrategia y más una extensión visual de una personalidad inquisitiva. Las texturas y (sobre todo) su contraste son quienes se llevan todo el protagonismo; piensa en lana con tul, algodón con cuero desgastado, encaje con vaquero o pana y satén. Además, y como si fueran pinceladas de un cuadro, los colores no solo pueden sino que deben chocar deliberadamente para crear un efecto cuanto más expresivo que, lejos de verse ‘desaliñado’, crea un efecto casual que se acerca a la sofisticación de carácter que busca la tendencia.

@oceanleclair

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♬ California – Ocean LeClair

Ten en cuenta que la estética Weird Art School Girl encarna una feminidad no performativa, lo que la desliga de la necesidad de resultar atractiva bajo parámetros convencionales, transmitiendo mensajes a la vez que experimenta con formas y pantones diferentes. Construir el armario de temporada alrededor de esta idea implica, también, un componente práctico y simbólico que se adapta a la perfección con el vintage y las prendas de segunda mano. 

Prendas estrella

A efectos prácticos, sin embargo, la sintaxis sartorial pasa porque cada prenda, capa y combinación insólita tenga un momento y lugar en la personalidad de quien la lleva; desde cárdigans ligeramente desgastados (con botones distintos o detalles bordados) que aportan calidez y personalidad, a las (casi ya denostadas) faldas midi, en versión print o lisa, que introducen una dimensión más narrativa en el movimiento, pasando por las medias en todas sus formas. De hecho, esta temporada dejan de ser un elemento invisible para convertirse en parte central del del outfit (tal y como ya pronosticaron las pasarelas en color block o complementario como los tonos pastel.

Además, entran a escena los Mary Janes y los mocasines, otra de las prendas clave desde el pasado otoño.  Para reforzar esta rara avis de experimentación y tradición y rareza suave, los jerséis de ochos y punto amplios, junto a sudaderas que conviven con bolsos que sugieren historia y abrigos largos de una presencia casi literaria. 

Pinterest

A fin de cuentas, los expertos concurren en que se trata de una forma de vestir que evoluciona con quien la lleva, y que envejece bien porque no está anclada a un truco visual puntual sino a una narrativa personal en torno a la expresión y exploración. En una época donde todo parece cuidadosamente producido y optimizado para la cámara, vestirse como si se estuviera en pleno proceso creativo —bocetando, pensando, probando, cambiando todo el rato de parecer— resulta inesperadamente acertado y, sobre todo, radical. Una tendencia que más que el look, es el anti-look de “me vestí para gustar” y sí el de “me vestí para pensar, crear y existir”.

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