Noruega

El príncipe Haakon arropa a Marius Borg tras su detención

Horas antes de sentarse en el banquillo, el hijo de Mette-Marit fue examinado en un hospital tras su arresto, donde recibió la visita de su madre y del príncipe Haakon

El príncipe Haakon Magnus de Noruega junto a su hijastro Marius.

La escena ocurrió lejos de los focos oficiales y, precisamente por eso, resuena con fuerza en Noruega. El príncipe heredero Haakon se desplazó este lunes 2 de febrero a un hospital del este del país para visitar a su hijastro, Marius Borg, después de que este fuera detenido la noche anterior, el domingo, y quedara bajo investigación por nuevos hechos. La visita tuvo lugar 36 horas antes de que arrancara en Oslo el juicio que ya ha celebrado su primera jornada este martes 3 de febrero, en la que el propio Marius ha negado ante el tribunal los cargos de violación que se le imputan.

La información, difundida por el diario noruego VG, detalla que el joven fue examinado por un médico en un centro hospitalario de Østlandet y que allí recibió la visita de su madre, la princesa heredera Mette-Marit, del propio Haakon y también de Ingrid Alexandra.

El contexto convierte el gesto en noticia por su carga simbólica, ya que se produjo justo horas antes de que empezase la vista oral de un caso que, por su gravedad y por el apellido que lo rodea, ha puesto a prueba la capacidad de la Casa Real para separar lo íntimo de lo institucional.

Haakon y Mette-Marit de Noruega. Fotografía: EFE

La postura del heredero

Según la cobertura de la prensa noruega, la detención previa se produjo por sospechas de agresión, amenazas con cuchillo y quebrantamiento de una orden de alejamiento; y un tribunal de Oslo acordó prisión preventiva durante cuatro semanas, hasta el 2 de marzo, por riesgo de reiteración delictiva.

La lectura que hacen muchos analistas en Noruega no es la de un respaldo a los presuntos hechos, sino la de un “cordón familiar” desplegado en un momento límite. El mensaje que se desprende de esa visita (silenciosa, sin comunicado y sin posado) convive con otra idea igualmente clara tras el arranque del juicio: la institución no se moverá un milímetro del carril judicial. Ni el Palacio ni la policía quisieron comentar el episodio, reforzando esa línea de contención.

Esa estrategia no nace ahora. Desde hace meses, la postura del heredero ha sido la de reconocer la dureza personal de la situación sin mezclarla con su papel constitucional. Lo que se ve estos días es la aplicación práctica de esa línea. Es decir, acompañamiento en el ámbito privado, máxima distancia en el institucional, más aún ahora que el proceso ya está en marcha y el acusado ha comenzado a defenderse formalmente ante el tribunal.

La dimensión pública del caso, sin embargo, es imposible de encapsular. La detención del fin de semana se sumó a un sumario ya de por sí explosivo y coincidió con el arranque de un juicio por decenas de cargos que ha atraído a medios de todo el mundo. En ese marco, la visita al hospital funciona casi como el único “acto” visible de la familia: el lugar donde se permite ser familia, mientras la Corona se niega a convertirse en altavoz o escudo.

Que el heredero acudiera físicamente al hospital tiene un peso simbólico particular en una monarquía que basa buena parte de su legitimidad en la sobriedad y en la distancia con el privilegio. Noruega no espera una defensa pública ni gestos grandilocuentes, y menos ahora que el juicio ya ha comenzado; espera que el Estado de derecho haga su trabajo. Por eso el movimiento de Haakon se interpreta como un gesto personal en un momento crítico, no como una toma de posición sobre el fondo del caso.

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