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La fealdad como resistencia

En una sociedad obsesionada con la belleza, ¿quien se opone a los cánones estéticos está siendo revolucionario? ¿Por qué nos cuesta tanto hablar de la fealdad?

Inmersos en una era en la que los procedimientos cosméticos son imperceptibles pero ofrecen resultados impresionantes, pudiera parecer que quien se oponga a someterse a ciertos tratamientos y procedimientos está poniendo en marcha un movimiento revolucionario. La escritora y artista Moshtari Hilal -el primer comentario con el que se topó en un vídeo que subió a YouTube fue ‘Cara-caballo’- reflexiona sobre el tabú de la fealdad en Ugliness, un libro en el que asegura que los juicios estéticos personales, lejos de ser personales ni estéticos, indican que nuestras percepciones de la belleza humana (o su ausencia) derivan de la política y están determinados por factores internacionales de amplio alcance, como la guerra, el imperialismo, la conquista colonial, las jerarquías de poder y la economía. “Participo plenamente en los estándares de belleza. Pero también puedo optar por no hacerlo. No creo que mi autoestima esté vinculada a estas cosas. Pero tampoco creo estar completamente al margen. En un mal día, siento todas las inseguridades, veo todos los videos y pienso en todos los masajes faciales y el retinol… Pero lo interesante no es convertirlo en una responsabilidad individual, sino ser conscientes de que es un problema estructural y que debemos encontrar respuestas estructurales”, explica a The New York Times.

Mia Mingus publicó su discurso, Moving Toward the Ugly: A Politic Beyond Desirability, en su blog. Pronto sus palabras se viralizaron. “Todos huimos de lo feo. Y cuanto más huimos, más lo estigmatizamos y más poder le damos a la belleza. Nuestras comunidades están obsesionadas con ser bellas, hermosas y atractivas. ¿Qué significaría si fuéramos feas? ¿Qué significaría si no huyéramos de nuestra propia fealdad ni de la de los demás? ¿Cómo le quitamos el dolor a la fealdad? ¿Qué significaría reconocer nuestra fealdad por todo lo que nos ha dado, cómo ha moldeado nuestra brillantez y nos ha enseñado que nunca queremos hacer sentir a los demás? ¿Qué haría falta para que pudiéramos arriesgarnos a ser feas, sea lo que sea que eso signifique para nosotros? ¿Qué pasaría si dejáramos de disculparnos por nuestra fealdad, de avergonzarnos de ella? ¿Qué pasaría si dejáramos de ser bellas, de perseguir lo bonito, de encogernos y de gastar enormes cantidades de dinero y tiempo en cosas que no nos hacen magníficas?”, se pregunta. Señala que ser feo sin disculparse es difícil porque supone una amenaza a la supervivencia. “Reconozco la brillantez de nuestro instinto para avanzar hacia la belleza y el atractivo. Y lleva tiempo, y para algunos puede ser imposible. Sé que es complicado. …Y también sé que, aunque sea una forma de sobrevivir, no será una manera de prosperar, de crear el tipo de género y mundo que necesitamos. Y no es alcanzable para todos, ni siquiera para quienes lo desean”, escribe.

Cortesía: Pinterest

Umberto Eco aseguró que el motivo por el que la belleza “es aburrida” es que sigue determinadas normas mientras que la fealdad ofrece “un abanico infinito de posibilidades”. “La belleza es finita. La fealdad es infinita, como Dios”, dijo el italiano. Hoy, tener la denominada cara de Instagram sin intervenciones es imposible y lo cierto es que subir una foto a las redes sin filtros de por medio  infinidad de poses de prueba se antoja complicado. La duda es por qué nos cuesta tanto hablar de la fealdad y por qué tenemos tanto pavor a er feos. De hecho, en alemán fealdad se dice Hässlichkeit, siendoHass odio.

Cristina de Tena reflexiona acerca de ello en Nadie hablará de nosotras. “La primera pregunta es si existen las personas feas/monstruosas/horribles. ¿Existen personas que objetivamente son tan feas como para que nadie las desee?”, se pregunta. “Al hablar de otras cosas no aludimos tanto a ‘lo universal’ y somos más capaces de ver lo subjetivo pero con lo bello, cada vez que alguien habla de la belleza, se dice que es subjetiva”, asegura. Su compañera en el podcast, Lara Gil, dice que la belleza es un capital que posee una importancia brutal. “La belleza es un bien material que necesitamos y que si no tienes, te va a generar problemas. La belleza es una forma de demostrar tus condiciones materiales. Si no tienes dinero no te cuidas, dejas de tener dientes, tienes arrugas, se te cae el pelo, no te vistes bien… Las performances para ser bella lo son para decir que tienes dinero. La belleza nos obsesiona porque es súper necesaria”, asegura.

Cuando la escritora y dibujante Liv Strömquist presentó hace cuatro años en Madrid La sala de los espejos, aseguró que nos hallamos inmersos en “una época donde prima la obsesión por la belleza, que está relacionada con el paso del tiempo y al miedo que tenemos todos a morir. De ahí que nos cuidemos como nunca se había hecho. Todos tenemos que morir, pero ahora lo haremos mucho más guapos”.

Vivimos en una era de belleza un tanto distópica en la que se imponen estándares de belleza a las personas y se asocian con su clase económica. Es aquí donde Dana Omari, que en sus redes sociales analiza a qué procedimientos se han sometido las celebridades, quiere dejar claro que el dinero siempre tiene un papel esencial en cuestiones estéticas.  “La gente parece creer que se puede obtener resultados quirúrgicos haciendo ejercicio, dieta o bajando de peso. Son completamente diferentes; hay muy poca coincidencia entre lo que se puede lograr con la cirugía y lo que se puede lograr en el gimnasio. Para obtener los mejores resultados, se necesitan ambos”, advierte.

En definitiva, la belleza nos obsesiona porque somos bombardeados cada día con infinidad de imágenes de personas increíblemente bellas y porque es imposible no relacionar la belleza con el éxito. Y si nos da miedo ser feos es porque la fealdad se asocia con el fracaso, pero no caigamos en la trampa de creer que existe una meritocracia estética. Hay ciertos físicos que son fruto del dinero, del sacrificio y de los privilegios. Ser feo hoy no es revolucionario, sino serlo sin que importe. Pero para eso, se han de tener ciertos privilegios. Al preguntar al espejito quién es la más bella del mundo, cuando la respuesta no sea que eres tú, hay que tener una fuerza especial para aguantar semejante bofetada.

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