And just like that… Sarah Jessica Parker volvió a convertir un momento institucional en una declaración de estilo. La actriz, productora y eterna referencia de moda recibió este domingo el título de doctora honoris causa en Arte por la Northwestern University durante la ceremonia de graduación de la promoción de 2026, celebrada en el United Center de Chicago. Y, fiel a esa habilidad tan suya para llevar la moda al terreno narrativo, lo hizo con un estilismo que parecía caminar entre dos mundos: el protocolo académico y la fantasía romántica de Carrie Bradshaw.
Parker, que fue elegida además para pronunciar el discurso de graduación ante los estudiantes, apareció con la toga negra y morada de la universidad, pero debajo escondía el verdadero titular para todas las amantes de la moda: un vestido blanco de Dôen, de inspiración vintage, con encaje, transparencias sutiles y detalles lenceros. Una pieza delicada, muy femenina y con ese aire de reliquia actual que tantas veces ha definido su vestidor fuera y dentro de la ficción.

El diseño, en tono crema, jugaba con mangas vaporosas, bordados y una caída ligera que suavizaba la solemnidad del acto. No era un look de graduación al uso, sino una versión adulta, sofisticada y profundamente Sarah Jessica Parker del uniforme académico.
El toque más Bradshaw llegó con los zapatos. La actriz completó el conjunto con unos salones de satén violeta eléctrico, un guiño evidente al color institucional de Northwestern y, al mismo tiempo, una de esas decisiones de estilo que Carrie habría aprobado sin dudar. Porque si hay algo que ha demostrado durante décadas es que un zapato nunca es solo un zapato… puede ser una declaración de intenciones o, como en este caso, un pequeño homenaje cromático. También hubo un detalle inesperado en la cabeza. En lugar del birrete clásico, Parker llevó una boina académica negra que aportaba un aire más chic y menos previsible al estilismo.
La elección de Dôen tampoco parece un detalle que dejase al azar. La firma californiana se ha convertido en una de las marcas favoritas de quienes buscan vestidos de décadas anteriores, con transparencias delicadas y una feminidad que mira al pasado sin parecer disfrazada. En ella, ese lenguaje encaja totalmente con su estilo… y es que lleva años explorando la frontera entre lo vintage, lo excéntrico y lo romántico, exactamente el territorio en el que Carrie Bradshaw se convirtió en icono.
En su discurso, animó a los graduados a preservar la curiosidad, defender la creatividad y confiar en aquello que no siempre parece encajar en un plan perfecto. Una idea que, de alguna manera, también estaba escrita en su look: un vestido romántico bajo una toga, unos zapatos violetas como signo de pertenencia, una boina en lugar de un birrete y la certeza de que la moda puede contar una historia antes incluso de que empiece el discurso.

A los 61 años, Sarah Jessica Parker no ha necesitado recrear a Carrie Bradshaw para evocarla. Le ha bastado con elegir un vestido con memoria y presencia, unos salones imposibles de ignorar y una silueta que confirmaba lo que la prensa de moda lleva años subrayando: su estilo no mira al pasado, lo reinterpreta con absoluta vigencia.

