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Ángela, española en Hungría: “Todo el mundo encuentra trabajo fácil”

Ángela, una joven española que ahora reside en Budapest, confiesa a Artículo14 que ha aprendido a bajar el volumen: los españoles “hablamos muy alto”

Española en Hungría
Ángela, una joven española, trabaja y vive ahora en Budapest
KiloyCuarto

Ángela tiene 29 años y vive en Budapest desde hace cuatro años. Llegó en marzo, después de la pandemia. Antes de Hungría, había pasado dos años en la República Checa, uno de Erasmus y otro trabajando. Esa primera experiencia fue decisiva. “Me gustó mucho mi experiencia en Praga, también me gustó mucho el trabajo de guía turístico en un país donde el idioma es diferente”, explica. Para ella, ser guía “es fundamental para acercar un poco la cultura, la gente o los locales a los visitantes”.

Tras formarse como guía en Madrid, la pandemia frenó durante un tiempo su regreso a Europa. Pero cuando pudo volver a marcharse, Budapest apareció como la opción lógica. No quería “borrar los recuerdos” de Praga repitiendo destino, así que buscó una ciudad similar, con un nivel de vida parecido. “Budapest me gustó porque era una ciudad un poquito más grande que Praga y ofrecía muchas oportunidades para trabajar como guía porque tiene mucha historia”. Además, pesó mucho el componente cultural: museos, teatro y pueblos cercanos. Venía de Madrid y lo tenía claro: “Meterte en una ciudad chiquitita que no tiene tantas opciones culturales o gastronómicas no me gusta”.

“Todo el mundo encuentra trabajo fácil”

Encontrar trabajo no fue difícil. Según cuenta, Hungría es un país donde “todo el mundo encuentra trabajo fácil”, algo que le han confirmado amistades que viven allí. En el sector turístico, Budapest es “un foco brutal” y hay una demanda constante de guías. “Siempre hay vacantes”, explica, también porque es un trabajo muy móvil. En su caso, además, influyó una red de contactos previa: ya conocía a la empresa con la que trabaja porque habían colaborado antes. “Fue un cúmulo de casualidades que coinciden en el momento específico, momento y lugar exacto”.

El idioma, sin embargo, es uno de los grandes muros. El húngaro es un rollo”, dice sin rodeos. Lo describe como un idioma al que hay que dedicarle “mucho tiempo y mucho amor”, y además “muy poco útil” fuera del país. En Budapest, al menos, el inglés es suficiente. “Todo el mundo habla inglés prácticamente”, y muchas personas también hablan español o italiano. En el ámbito laboral, asegura que “priorizan el hecho de que hables idiomas antes que la formación incluso”, especialmente en multinacionales.

La imagen de Hungría como país barato ya no se sostiene. “Ahora mismo ya está al nivel de otras capitales europeas”, afirma. Los sueldos, en cambio, siguen siendo bajos. “Si un alquiler en Budapest te cuesta mínimo 600 o 650 euros, pues es difícil”. La inflación ha modificado completamente el panorama y, aunque comparada con Viena sigue pareciendo más barata, Ángela es clara: “Yo no me atrevería a decir que ahora hay un nivel de vida muy alto”.

La vivienda es otro punto delicado. Los precios suben y la demanda es alta. Ella tuvo suerte y vive en un barrio húngaro, tranquilo y bien conectado. “No me costó encontrar vivienda, pero advierte que hay que buscar con muy poca antelación, porque “saben que la pueden alquilar enseguida”.

Ángela, española en Budapest

“Les gusta mucho España”

En cuanto a las relaciones sociales, el choque cultural es evidente. “De primeras, no”, responde cuando se le pregunta si los húngaros son gente fácil. Los describe como callados, poco acogedores y sin esa calidez inicial que muchos esperan. Lo relaciona con su historia reciente y con el peso del comunismo, que dejó una herencia de desconfianza. “Esa desconfianza aún se sigue transmitiendo un poquito”. Aun así, insiste en que “no quita que luego sea gente generosa y muy buena”, aunque para llegar ahí “hay que poner mucho de tu parte”.

@angelabajounparaguas

Menudo fail de museo 🫠🫠 Pero que pueblecito más mono✨ #budapest #hungria #szentendre #viaje #navidad

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Como española, ha aprendido a bajar el volumen. “Hablamos muy alto”, reconoce, y cuenta que incluso le han chistado en el autobús. También recuerda una anécdota en una tienda, cuando una conversación amable fue malinterpretada y acabó generando tensión. “Ahí hubo cisma. El chico se agobió, se estresó”.

Sobre la imagen de España, la reacción suele ser positiva. “Les gusta mucho”, dice, y destaca que muchos húngaros viajan ahora a Valencia, Canarias o Málaga. En los vuelos entre España y Budapest nota ese cambio: “Todo el avión estaba lleno de húngaros”.

“Me siento muy segura” en Hungría

El contexto político y social también se percibe. Ángela reconoce actitudes conservadoras, especialmente en temas LGTB y de género. Cuenta casos cercanos de personas que no pueden vivir abiertamente su relación en Hungría. Aunque en Budapest se siente una realidad distinta, “más internacional”, la falta de diversidad cultural sigue llamándole la atención.

Como mujer extranjera, su experiencia personal es positiva. “Me siento muy segura”, afirma, y vuelve sola a casa sin miedo. Reconoce comportamientos machistas cotidianos: “Siguen ofreciendo la cuenta al hombre” o dirigiéndose a su pareja antes que a ella. “Son tonterías al final, pero sí que es verdad que están ahí”.

¿Verse allí para siempre? No. La barrera del idioma, la falta de luz en invierno y una forma de relacionarse más fría pesan mucho. “No termino de sentirme en casa”, admite. Aunque reconoce que laboralmente es una privilegiada, lo tiene claro: “Si tengo que elegir, me vengo a España, vamos, 5.000 veces”.

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