De país periférico a socio central: 40 años de España en la Unión Europea

La adhesión a la UE multiplicó por cuatro la renta per cápita, duplicó las exportaciones y convirtió al país en una de las democracias más avanzadas del continente

Felipe González, Presidente español; Fernando Morán, ministro de Exteriores; y Manuel Marín, secretario de Estado, participaron en la firma del Tratado de Adhesión de España y Portugal.
Comisión Europea

España cumple hoy cuarenta años dentro de la Unión Europea. Cuatro décadas después de firmar su adhesión a las entonces Comunidades Europeas, el país ya no es aquel socio rezagado que llamaba a la puerta tras décadas de aislamiento, sino un actor plenamente integrado en el proyecto europeo. El aniversario invita tanto a la celebración como al contexto: de dónde venía España en 1986 y qué ha supuesto, en términos reales, formar parte de Europa.

La entrada no fue un gesto automático ni una consecuencia inevitable de la Transición. Fue, ante todo, una decisión política. España llegaba a Europa con una joven democracia que había salido hacía menos de 10 años de una dictadura que había apostado por la autarquía, la autosuficiencia y la desconfianza hacia el exterior. Económicamente atrasada, con fuertes déficits sociales y con un peso internacional muy limitado, el país era entonces el “raro” de la clase comunitaria.

La firma del Tratado de Adhesión en 1985, aunque con entrada efectiva el 1 de enero de 1986 y junto a nuestro vecino Portugal– marcó un punto de llegada, pero también uno de salida. España culminaba su democratización, pero asumía al mismo tiempo el compromiso de liberalizar su economía, abrirse al mercado único y homologar sus estándares políticos, sociales y productivos a los europeos.

40 años después de la firma, las felicitaciones llegan desde la presidencia del Parlamento Europeo. La propia Roberta Metsola ha asegurado que la presencia de España en la UE “es la historia de un gran éxito para los españoles y para todos los europeos. En estos cuarenta años, España ha hecho que nuestra Unión sea más fuerte, próspera y solidaria“, ha asegurado la presidenta.

España tras la UE, en números

Los números ayudan a entender la magnitud del cambio. Según datos recogidos por el Real Instituto Elcano, en 1985, la renta per cápita apenas superaba los 7.000 euros, las exportaciones representaban el 15% del PIB y la esperanza de vida rondaba los 76 años. Hoy, la renta per cápita se sitúa en torno a los 31.000 euros, las exportaciones alcanzan el 34% del PIB y la esperanza de vida supera los 84 años. La población ha pasado de 38 a casi 49 millones de habitantes, a pesar del envejecimiento y la pérdida demográfica, cada vez más común en Europa.

La transformación no fue solo económica. El gasto público en educación y sanidad aumentó de forma sostenida, el número de universitarios se triplicó, la mujer se incorporó masivamente al mercado laboral y la sociedad española se secularizó a un ritmo desconocido hasta entonces. Según los principales rankings internacionales, la democracia española se sitúa hoy entre las veinte más avanzadas del mundo.

La inyección europea

Europa fue también un motor financiero. En estas cuatro décadas, España ha recibido más de 185.000 millones de euros en fondos comunitarios destinados a infraestructuras, cohesión territorial, empleo, innovación y desarrollo regional. Programas como el Erasmus han ampliado oportunidades laborales y educativas para varias generaciones. La Política Agrícola Común modernizó el campo y las políticas europeas empujaron la transición ecológica y la conectividad.

La integración fue progresiva, pero profunda. España firmó el Acuerdo de Schengen en 1991, eliminando controles fronterizos, y el Tratado de Maastricht en 1992, que abrió el camino al euro, en circulación desde 2002. Desde entonces, el país ha asumido un papel activo en la UE: ha presidido cinco veces el Consejo, ha liderado la cooperación euromediterránea y ha reforzado los vínculos con América Latina. Además, acoge agencias e instituciones europeas y cuenta hoy con 61 eurodiputados.

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La percepción social también ha cambiado. En 1990, apenas la mitad de los españoles consideraba beneficiosa la pertenencia a Europa. En 2025, ese porcentaje alcanza el 73%. La UE forma parte del día a día político: más de la mitad de las leyes aprobadas en el Congreso entre 2019 y 2024 derivan de directivas o decisiones europeas.

Cuatro décadas después, España no sólo se ha normalizado dentro de Europa; en algunos ámbitos, se ha situado a la vanguardia. El país lidera rankings internacionales como uno de los mejores lugares para vivir siendo mujer o persona LGTBI. En representación femenina, España destaca tanto a nivel nacional como europeo: el 44,7% de los escaños parlamentarios están ocupados por mujeres, una de las cifras más altas de la UE, y el 50% de la delegación española en el Parlamento Europeo es femenina.

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Nada de esto borra las asignaturas pendientes. Es cierto que sgiuen existiendo brechas sociales, problemas de productividad, desequilibrios territoriales y retos demográficos, pero el balance de estos cuarenta años es claro: la pertenencia a Europa no fue solo una política exterior, sino un cambio estructural.

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