El recuento de todas las papeletas ha confirmado el complicado escenario que dejaron las elecciones israelíes del pasado martes. El bloque del primer ministro Benjamin Netanyahu, integrado por el Likud y sus socios ultraortodoxos y de extrema derecha, obtiene 53 de los 120 escaños de la Knesset, ocho por debajo de la mayoría absoluta (61). La oposición liderada por el exmilitar centrista Gadi Eisenkot consigue 48 diputados, mientras que las dos formaciones árabes, Ra’am y la Lista Conjunta, suman 19 representantes.
El resultado supone un importante retroceso para Netanyahu, que pierde la mayoría parlamentaria que había sostenido a su Gobierno, pero no garantiza su salida del poder. La principal incógnita es si los partidos de la oposición estarán dispuestos a aceptar el apoyo de las formaciones árabes para construir una mayoría alternativa. Gadi Eisenkot ha defendido la necesidad de traducir el voto por el cambio en una nueva coalición, pero dirigentes de la oposición derechistas como Naftali Bennett y Avigdor Liberman han puesto límites a cualquier colaboración con los partidos árabes. Sobre la mesa también están la posibilidad de un Gobierno de unidad nacional o, si fracasan las negociaciones, la convocatoria de nuevas elecciones.

La incertidumbre llega después de una campaña en la que los sondeos y los primeros sondeos a pie de urna habían pronosticado un resultado más favorable al bloque opositor. La diferencia entre aquellas expectativas y el recuento definitivo ha enfriado las celebraciones iniciales de quienes confiaban en poner fin a la etapa de Netanyahu. En este escenario, Manuela Rotstein, militante del partido Hademokratim (Los Demócratas) y activista por la paz, considera en conversación con Artículo14 que Israel se encuentra ante una oportunidad histórica: superar el rechazo a la participación política de los ciudadanos árabes y reconstruir una democracia más inclusiva.
-¿Cómo ha vivido el resultado electoral? Los sondeos y los primeros sondeos a pie de urna apuntaban a un escenario mucho más favorable para el bloque del cambio.
-Fue un resultado diferente al que esperábamos. Todos los sondeos de opinión daban al bloque del cambio por encima del bloque de Netanyahu. También indicaban que con Eisenkot estábamos superando a Netanyahu como partido más grande. Eso mismo reflejaron los primeros sondeos a pie de urna, que deberían haber sido mucho más precisos.

En función de esas expectativas habíamos preparado nuestros planes y mucha gente salió a celebrar, yo también. Pero la mañana siguiente fue una mañana de darse cuenta de la realidad. Estamos algo desilusionados, no voy a decir que no. Es cierto que en Israel hay una parte de la sociedad muy convencida de su voto y de su camino, y no podemos hacerla desaparecer: tenemos que lidiar con esa realidad.
-El bloque contrario a Netanyahu suma más escaños si se tienen en cuenta las formaciones árabes, pero buena parte de los partidos judíos se resiste a aceptar su apoyo. ¿Cómo se explica esta contradicción?
-No es una situación inédita. Ya se ha producido en dos ocasiones. La primera fue durante el Gobierno de Isaac Rabin, que firmó la paz y contó con el apoyo de los diputados árabes, aunque estos no participaban directamente en el Ejecutivo. Su respaldo permitió sacar adelante el tratado con los palestinos. La segunda fue hace cuatro años, con el llamado “Gobierno del Cambio”, que incorporó a un partido árabe, el de Mansour Abbas (Ra’am).

Esta es la tercera vez que nos encontramos ante una situación así, pero ahora el contexto es diferente. Después del 7 de octubre, la sociedad israelí sufrió un ataque desde Gaza por parte de un grupo que niega la existencia de Israel y que asesinó a civiles. Netanyahu y su Gobierno de extrema derecha aprovecharon ese miedo durante estos últimos años para sembrar la idea de que todos los árabes son iguales, que todos los palestinos quieren destruirnos.
-¿Qué escenario te gustaría que se abriera ahora? ¿Es posible construir una coalición que incluya a los partidos árabes?
-La reacción de Yair Golan (líder de Demócratas) fue inmediata. Mientras otros partidos todavía guardaban silencio y trataban de acomodarse al resultado, él pidió claramente un Gobierno con los árabes y consideró que esta situación era una oportunidad. Desde nuestro punto de vista, una coalición con Mansour Abbas y el apoyo externo del resto de los partidos árabes nos permitiría reconstruir la democracia israelí de una manera basada en la participación y la fraternidad. Queremos que todos puedan participar en un Gobierno democrático.

Para nosotros está muy claro cuál ha sido el voto de la gente: la ciudadanía ha votado por el cambio y los ciudadanos árabes también han votado por el cambio. Ahora les toca a los políticos tener el valor de llevarlo a cabo. Eisenkot no ha dicho que no a esta posibilidad. Está evaluándola y esperamos que tenga el valor de dar ese paso.
-Israel llega a estas elecciones después de tres años de guerra en Gaza y de un deterioro de su imagen internacional. ¿Crees que un Gobierno alternativo podría revertir ese aislamiento?
-Creo que formar un gobierno con apoyo árabe sería lo primero que demostraría que estamos comprometidos con la democracia. Hay muchos gobiernos europeos que están esperando precisamente ese paso. Si conseguimos formar una coalición de este tipo, podrían revertirse muchas de las medidas que se están tomando actualmente y que, de continuar, pueden conducir a Israel hacia un aislamiento total, con consecuencias también para su economía.

El simple hecho de formar ese gobierno ya cambiaría la actitud hacia Israel. Pero también tenemos que investigar qué ocurrió el 7 de octubre y juzgar a los responsables. Se lo debemos a toda la sociedad israelí, que todavía no ha podido cerrar sus heridas porque no se ha creado una comisión investigadora.
-Los Demócratas han conseguido ocho escaños. ¿Cómo valoras el resultado del partido y qué perspectivas tiene la izquierda israelí después de estas elecciones?
-Somos optimistas por naturaleza y creemos que el optimismo es un valor que hay que cuidar y proteger, porque es lo que nos lleva a actuar. Por un lado, sabemos que estos ocho escaños representan el doble de los que teníamos en la Knesset anterior. Es un resultado importante para nosotros y para la izquierda judía israelí, teniendo en cuenta de dónde venimos. Pero, por otro lado, también sabemos que tenemos una gran oportunidad para seguir creciendo y vamos a hacerlo. Una de nuestras prioridades, junto con la formación de un nuevo gobierno, será precisamente continuar ampliando nuestro espacio político.

