La imagen de María Corina Machado cruzando las puertas de la Casa Blanca para reunirse con Donald Trump marca un hito político para la oposición venezolana. La cita llega tras meses de tensiones y expectativas. Machado busca recomponer una relación clave para el futuro de Venezuela y lo hace arropada por su círculo más estrecho, la llamada “mesa chica”, integrada por Magalli Meda, Pedro Urruchurtu y la periodista Claudia Macedo. Entre ellos, Meda destaca no solo por su rol político, sino por la historia personal que la ha convertido en una figura emblemática de la lealtad y el sacrificio dentro del movimiento opositor.
La reunión con Trump se produce en un contexto difícil. El mandatario estadounidense ha recuperado un papel central en la política internacional y su influencia se extiende de forma directa sobre el tablero venezolano, en el que por el momento Delcy Rodríguez continúa como presidenta. Machado llega a Washington con el objetivo de ajustar planes, recomponer confianzas y demostrar que ella puede ofrecer una salida política real al país.
El asedio
Pero, más allá de la estrategia, en el Despacho Oval destaca la figura de Magalli Meda, la mano derecha de María Corina desde hace años. Meda fue jefa de campaña de Machado y una de las personas que permaneció más de un año asilada en la embajada de Argentina en Caracas, desde marzo de 2024 hasta mayo de 2025. Perseguida por cargos de “traición y conspiración”, vivió un encierro marcado por el asedio constante del régimen. Cortes de agua, electricidad, restricciones de alimentos y vigilancia permanente formaron parte de una rutina que ella misma definió para Artículo14: “Somos rehenes del régimen frente a los países que hacen vida en Venezuela”. No se trataba, insistía, de un asilo normal, sino de una situación límite en la que, según sus palabras, “todo está bloqueado, nada entra ni sale sin pasar por las manos del régimen”.

Ese encierro no quebró su vínculo con Machado. Ella fue una de las que recibió a Machado en Oslo, y en vísperas del Premio Nobel de la Paz otorgado a la líder opositora, Meda desmintió cualquier idea de exilio definitivo y lo hizo con una frase que se volvió referencia: “Cómo vamos a pensar que María Corina no va a regresar. Eso es como decirle a una madre que va a dejar de querer a sus hijos”.
Tras una arriesgada operación de rescate que le permitió salir de Venezuela rumbo a Estados Unidos, Meda continuó su labor desde el exterior. Hoy coordina la comunicación internacional de Vente Venezuela y articula redes de apoyo para los perseguidos políticos. Su experiencia personal se convirtió en un argumento político. Durante el asedio, denunció reiteradamente la violación de los convenios internacionales y la pasividad de la comunidad diplomática. “Hemos perdido todo: acceso a agua, luz, comida, y lo más grave, nuestra protección diplomática”, llegó a afirmar.

Peso político
Incluso después de su salida del país, el hostigamiento no cesó. Meda denunció el allanamiento de su vivienda en Caracas con un mensaje contundente: “Alerta Mundial… mientras [Diosdado] Cabello miente sobre supuestas negociaciones para nuestra salida, su brazo represor violenta nuestro hogar en Caracas”. En ese mismo mensaje recordó que en su casa había “cientos de libros, cientos de historias, cientos de recuerdos familiares”, frente a funcionarios que entraron “cargados de maletines”.
Hoy, su presencia en la Casa Blanca junto a Machado tiene un valor que va más allá del protocolo. Meda representa la memoria viva de una campaña ganada y arrebatada, de un largo encierro y de una oposición que insiste en no rendirse. Ella es la persona más indicada para acompañarla en una cita vital para el futuro del país.
Mientras Machado intenta convencer a Trump de que puede liderar una transición sin violencia y con autoridad, Meda encarna el coste humano de esa lucha y la coherencia de un equipo que se mantuvo unido incluso en las peores circunstancias.


