“Te levantas pegado a las noticias, cada día es una cosa”, afirma una joven venezolana que vive en Caracas. Trabaja para una empresa estadounidense y, una semana después de la caída de Nicolás Maduro, no puede seguir con su rutina como si nada pasara.
“Estamos viviendo una realidad alterna y paralela donde tenemos que seguir trabajando”, relata, en conversación con este periódico. Pasa tiempo en casa por el teletrabajo pero ahora ni si quiera puede salir a divertirse al exterior porque tiene “miedo de salir a la calle”.
“Tratar de llevar una vida normal como ir al médico o hacer ejercicio en la calle es más difícil porque te pueden parar y pedirte cualquier tipo de información. Te revisan el carro y tu teléfono, cosa que es ilegal según la Constitución de nuestro país, por si tienes algún meme que vaya en contra del régimen y algo que denote que estas apoyando la caída de Maduro”, cuenta.

La presencia de la Policía Nacional Bolivariana ha aumentado estos días en la calle, y hay temor a que detengan a la gente y los lleven al Helicoide, una cárcel que para los venezolanos es un auténtico centro de torturas. Y no es la única preocupación en Caracas actualmente: “Si sacan a la calle a los colectivos que son paramilitares agreden a los ciudadanos para amedrentar”.
Pese a todo, reconoce cierto optimismo con la caída de Maduro. No tiene miedo al control indefinido de Estados Unidos. Al menos es un cambio: “Era necesario que hubiese una fuerza mayor no hay preferencia por que fuera Estados Unidos o España. Nos daba igual. Necesitábamos ese apoyo para lograr que un dictador saliera del país”.
Eso sí, pronostica que la transición hacia una democracia plena no va a ser una cuestión que se haga de la noche a la mañana: “Va a ser una transición larga. Hay muchas personas que siguen siendo fieles al madurismo, no lo vamos a poder cambiar de la noche a la mañana”, asegura.
Otra joven de la capital consultada telefónicamente, pues la prensa extranjera sigue sin poder acceder al país, describe cómo está siendo la reconfiguración de su nueva realidad: “Empiezan a abrir más locales y empresas. A muchas personas que trabajan en oficina les han dado permiso de irse más temprano o trabajar desde casa, ya que el mayor miedo es a las represalias”.

Al igual que la primera chica, relata el temor en las calles de Caracas: “La policía no es de confiar, ver un punto de control, una alcabala de cualquier ente policial es un susto de si te paran, si revisan el celular. Si llegan a encontrar algo te llevan preso, podría ser casi que un secuestro porque lo que hacen es pedir dinero, miles de $. No hay nada que te de seguridad de que ni te llevarán, así tengas el teléfono vacío, ya que depende de lo que a ellos les provoque”, cuenta.
“Lo que hacen mis amigos es borrar apps, chats u ocultarlos para estar en la calle, y están saliendo a las cinco del trabajo para poder llegar con el sol a sus casas”, explica.
Describe la sensación de alegría contenida por la caída de Maduro: “Es una alegría hacia adentro ya que no se puede hacer una gran celebración o demostración de esto porque puede llevar a una consecuencia mayor”, subraya.
Como todos los venezolanos preguntados estos días, ya fuera en la frontera en Cúcuta o vía telefónica, estas dos chicas reconocen la incertidumbre con la que viven. “No se sabe qué pasará, pero en general si hay un rayito de esperanza que se había perdido”.
