El 42% de los abogados de empresa participa activamente en la estrategia empresarial, el 26% pertenece al comité de dirección y el 23% ejerce como secretario del consejo. Así lo ha señalado Roberta Poza, diputada de la Junta de Gobierno del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) y presidenta del Consejo editor de Otrosí, en la clausura del III Encuentro Abogacía de Empresa ICAM-ICAB.
Los datos presentados por el ICAM durante la clausura muestran que la evolución de la Abogacía in-house tiene ya una traducción concreta en las estructuras corporativas. El estudio, elaborado a partir de 893 entrevistas, dibuja además un perfil profesional consolidado. Siete de cada diez abogados de empresa proceden de despachos y sus responsabilidades se han extendido hacia áreas como el cumplimiento normativo, la protección de datos, la gestión de riesgos o la propia estrategia corporativa. La ciberseguridad figuraba ya entre las principales preocupaciones del colectivo cuando se realizó el trabajo de campo en 2025.
Su creciente relevancia dentro de las organizaciones se refleja también en una participación cada vez más activa en decisiones estratégicas de alto nivel, con un 30% de los abogados de empresa implicados directamente en la definición de la estrategia corporativa.
Brecha de género
En este sentido, el 78% de la abogacía de empresa ocupa posiciones de alta responsabilidad: el 39% como director jurídico y el 39% como abogado sénior. Sin embargo, a nivel de género, el informe apunta a una brecha en los cargos de dirección: aunque las mujeres representan el 42% de los abogados sénior, solo el 35% lidera el departamento jurídico, frente al 44% en el caso de los hombres.
El estudio, el primero que mide a la abogacía de empresa, se presentó en abril de 2025, y el ICAM prevé realizar uno cada cuatro años aproximadamente, según trasladan fuentes del Colegio.
Los resultados de este análisis inédito revelan un perfil profesional consolidado, con alta cualificación y gran implicación estratégica en las compañías. Una figura imprescindible para entender el entramado legal, ético y digital del tejido empresarial actual.
Un perfil experimentado en sectores clave
El abogado/a de empresa en Madrid presenta una edad media de 46,9 años y cuenta con una larga trayectoria: un 60% tiene más de 11 años en esta posición. En su mayoría (7 de cada 10), proceden de despachos, lo que revela un recorrido híbrido entre la abogacía tradicional y el entorno corporativo.
Ocho de cada 10 trabaja exclusivamente como in-house, y el 68% lo hace en grandes empresas, con especial presencia en sectores como el financiero, tecnológico, energético y de infraestructuras. Además, el 82% del colectivo de abogados de empresa en Madrid está colegiado en el ICAM como ejerciente.
En cuanto a la configuración de los departamentos jurídicos, el 34% trabaja en equipos amplios, con más de diez personas, mientras que un 16% desarrolla su labor en solitario, lo que pone de relieve la diversidad de estructuras y la versatilidad que exige el rol.
Del reconocimiento estratégico a la influencia
La clausura del congreso ha permitido contrastar esos datos con la evolución que observan actualmente empresas y profesionales. Para Cristina Vallejo, decana del Colegio de la Abogacía de Barcelona, el reconocimiento del valor estratégico de la abogacía in-house debe traducirse también en una mayor presencia allí donde se adoptan las principales decisiones de la compañía.
“La abogacía de empresa sois estrategia y os lo tenéis que creer”, ha afirmado Vallejo, que ha defendido la presencia de estos profesionales en los comités de dirección. “La abogacía de empresa es una ventaja competitiva para su organización”, ha añadido.
La cuestión, por tanto, ya no se limita a estar presente en la dirección, sino a qué aporta el profesional una vez integrado en ella. Vallejo ha señalado que las decisiones jurídicas contribuyen también a generar valor para las compañías y ha llamado a superar una visión de la asesoría legal centrada exclusivamente en el coste o en la prevención de contingencias.
Desde la perspectiva empresarial, Valentín Pich Rosell ha incidido en esa misma evolución. El presidente de la Comisión Legal de CEOE ha contrapuesto el perfil tradicional, más especializado y estático, con las necesidades actuales de compañías sometidas a cambios continuos en su estructura, su actividad y su marco normativo.
A su juicio, el abogado de empresa necesita hoy “un carácter pluridisciplinar”, conocer en profundidad el negocio y entender qué persiguen tanto la dirección como la propiedad para poder orientar sus decisiones. “Esto ya no puede ser aquel papel pasivo”, ha resumido.
Esa capacidad para integrar Derecho y negocio adquiere especial importancia en un contexto regulatorio cada vez más difícil de interpretar. Pich ha apuntado a la fragmentación normativa y política como uno de los factores que obligan al profesional jurídico a discriminar qué cambios tienen un impacto real sobre la empresa y dónde debe concentrarse la atención.

