Opinión

El postureo del café de especialidad

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En España ya estaban los Starbucks, esos sitios en los que te sableaban una millonada por un café en vaso cool con tu nombre. Ahora, por obra y gracia de los influencers y el capitalismo, tenemos en cada esquina un cuchitril muy chic con apenas dos mesitas en el que se preparan cafés de especialidad. Todos tienen nombres súper chulos, estéticas minimalistas y unos precios salvajes que por lo visto los amantes del buen gusto están dispuestos a pagar. Es el precio por sentirte moderno o especial o yo qué sé. Es la reinvención del café, dicen. El elevarlo a una experiencia gourmet, donde el conocimiento y el origen del grano molido te llevan a levitar. Y además es súper posteable. Queda de rechupete la foto en tu sitio de confianza con el coffe y el muffin después de una sesión de yoga o de un paseíto bohemio. Una pijada convertida en timo como otra cualquiera. Una moda que sirve para significarse ante el algoritmo y sus espectadores. Una nueva variante del postureo trendy. Cómo hacer caro lo que antes era barato.

Esta semana hemos visto como el tiktoker de moda que ronca en el poder ha convertido La Moncloa en uno de estos locales que proliferan por nuestro país para recibir a Oriol Junqueras, ese tipo al que él mismo indultó para conseguir convivencia y una reconciliación que todavía parece que no han cuajado, pues seguimos en la misma dinámica chantajista con la salvedad de que ahora los extorsionadores, además de ser rehabilitados y legitimados, tienen más fácil colgarse medallas ante su público.

El presidente, convertido en camarero de los nacionalistas, se pone ahora a tomarles la comanda. Ya no lucha por buenas valoraciones en Google Maps, solo por poder seguir con el tinglado abierto. Cada vez son más difíciles los equilibrios con el mandil, pero ahí sigue luchando por mantener la estética, por vender victorias donde solo hay derrotas, por mostrarse de pie cuando realmente está arrodillado. Si lo analizamos, era el peor momento para este nuevo capítulo de cesiones, pero la extrema debilidad que define a su Ejecutivo en descomposición le obligaba a este nuevo acto teatral. Con las Comunidades Autónomas abriendo de nuevo las urnas no era la mejor idea volver a reabrir la filfa de la discriminación en favor de los catalanes, pero no había otra salida que otra sorna propagandística que intente insuflar algo de oxígeno en el ámbito central y que hunda un poco más a los peones autonómicos que han ido a morir por la causa sanchista.

Descentralización fiscal en España
Kiloycuarto

Tanto Pedro como Oriol saben que lo que hicieron el pasado jueves es un brindis al sol. Un ejercicio de postureo que, pese a tener mucha carga significativa comunicativamente hablando, no tiene visos de prosperar en el plano legislativo. Era más otra estación del vía crucis que el líder de los socialistas decidió emprender el 23 de julio. Ese caminito hacia un calvario en el que la mayoría del progreso personal le atizan en la espalda y saquean el país mientras él inventa parábolas. Convierte el agua en vino, multiplica los panes y los peces y nos cuenta que todos ganamos con las victorias de los que quieren que todos perdamos, que nuestro proyecto de nación fracase. Así es este mesías nuestro que le abre las puertas del templo a todos los que quieran esquilmarlo siempre que le dejen seguir sentado en el trono.

Así es nuestro barista, que hace malabares con su cazo entre prófugos y herederos de asesinos, que condena a los apóstoles a los que ha mandado a predicar su palabra al ridículo más espantoso, que persigue y tacha de Judas a los barones como Emiliano García Page, que reniegan de las monedas de plata y se limitan a señalar las tablas de piedra sobre las que descansaban los mandamientos del socialismo, de la izquierda de verdad, esa que ya no existe, la que creía en algo más que en el poder por el poder.

Sánchez y Junqueras en el Palacio de la Moncloa
EFE

No hay ni cafés para todos ni solidaridad ni cuentos chinos. La realidad es que el Gobierno que no tiene presupuestos ha decidido volver a mover los cubiletes del trilerismo por pura supervivencia. Ya sabemos que no hay convicción ninguna en toda esta farsa. Solo una nueva patada hacia delante al balón. Un rebranding para estafar al personal y cobrarles más caro lo que ayer pagaban más barato. Dónde está la pelotita. Hoy aquí, mañana allí. Hoy una cosa, mañana la contraria. Como ese Trump que un día va a acabar con la narcodictadura, al siguiente unge a la duquesa del crimen y al siguiente anuncia una reunión con María Corina. Ahora la historia es que ganamos todos, pero sobre todo gana Cataluña, que además desbloquea los presupuestos de Illa, y gana Andalucía, que es beneficiada por los rizos de caoba de María Jesús Montero.

Y ustedes se lo tienen que creer. Ya no vale el café Catunambú. Han estado engañados toda la vida tomándoselo en vaso de caña. Ahora lo que mola es el café de especialidad, en concreto el que sirve él desde La Moncloa. Un café que en vez de despertar duerme a todos los que lo tomen. El café de la avaricia, el de los saqueadores, el de los que no tienen más opción que rendir sus convicciones para continuar desguazando los pilares del Estado. Qué ordinaria esta ordinalidad. Pero tranquilos, que estamos avanzando, que el gran Pedro, el que puso a Súper Santos a reunirse bajo la urna del 1º, colocó una bandera de España en el despacho. Vamos, estoy hasta por dejarle propina.