Opinión

Presunto agresor, yo sí te creo

Actualizado: h
FacebookXLinkedInWhatsApp

A menudo se critica a las mujeres que entonan el “hermana, yo sí te creo” cuando salen a la luz denuncias de agresión sexual machista. Llevan su parte de razón: no todos los casos tienen por qué ser ciertos, ni todos acaban siendo reconocidos como un delito ante la justicia. Sin embargo, no ponemos el mismo foco de atención con las voces que salen a defender a quienes se acusa. Ninguna de las dos posturas cuenta con toda la información, pero en el que caso de las mujeres que defienden a las víctimas, existe una identificación por reconocer que han vivido situaciones similares. En el caso de aquellos que defienden, sin titubear, a los acusados, ¿también se sienten retratados? ¿Es porque han ejercido o ejercen ese tipo de comportamiento y no lo reconocen como abuso? ¿O quizás hay una identificación social y de estatus?

Ante las recientes denuncias en eldiario.es de dos de las empleadas de Julio Iglesias, a quien acusan de agresiones sexuales, vejaciones e insultos, varias figuras políticas y celebridades han salido a defender al cantante, sin tener ninguna prueba de su inocencia. Argumentan que, cuando estaban con él, no vieron ninguno de esos comportamientos. No hay que ser ningún lumbreras, para saber que los delincuentes no operan a la luz del día ni con testigos, por muy amigos que sean. Isabel Ayuso, Ana Obregón, José Manuel Soto o el integrante del Dúo Dinámico, Ramón Arcusa, son algunos de los famosos que han salido a respaldar a Iglesias, a los que se suman miles de trols con caretas de ficción en las redes sociales.

EFE/ Juanjo Martín

Los símbolos del poder y la cultura

En España, tanto Julio Iglesias como otros famosos relacionados con la cultura y el deporte (directores de cine, cantantes, pintores, futbolistas…) han recibido este tipo de acusaciones y también han contado un el respaldo de gran parte de la sociedad española. Cuesta creer que alguien a quien admiras y respetas sea un delincuente. O quizás no lo queremos ver, porque forma parte de los que somos: de nuestra identidad y nuestra historia. Para algunos incluso representan el esplendor de la marca España, la cultura es otra forma de conquistar otras partes del mundo.

La presidenta del Partido Popular de Madrid, Isabel Ayuso, ha declarado que “Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda. La Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio de los artistas y menos, al del cantante más universal de todos: Julio Iglesias” Nos aconseja apartar la mirada de nuestros propios fallos para ponerlos en los de más allá. ¿Cómo vamos a cuestionar a uno de los últimos conquistadores que quedan?

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso
EFE/ Kiko Huesca

Triple abuso: poder, sexo y raza

Julio Iglesias era el empleador y jefe de esas mujeres, es decir, su sueldo y su trabajo dependían de él. Cualquier coacción o condicionamiento para obtener favores sexuales por parte de empleadas es un abuso de poder. Lo que diferencia una propuesta sexual de un abuso de poder es la situación de desigualdad o dependencia entre las partes.

No es ninguna novedad que Julio Iglesias ha considerado a las mujeres cosas. Seres que no sienten ni padecen, ni tienen voluntad propia. Por ejemplo, en la forma de relacionarse con las periodistas: invadiendo su espacio íntimo, dándoles besos en la boca que no han pedido o haciendo insinuaciones sobre su aspecto físico. También en la forma de nombrarlas. Su famoso verso “me gustan las mujeres, me gusta el vino” sitúa en el mismo plano a los seres humanos y al producto. Pero esta cosificación no una práctica exclusiva del artista. En 2020, el periódico El Correo titulaba “Julio Iglesias camina con mulatas” haciendo una burda comparación entre mujeres y objetos. Con la normalización del machismo y el racismo en nuestra cultura y el periodismo, no es de extrañar que estos comportamientos no se perciban como algo reprobable.

Denunciantes del caso Julio Iglesias - Cultura
Una fotografía de espaldas de una de las denunciantes
Univisión Noticias

El propio sistema machista posiciona a los hombres en una situación de poder frente a las mujeres. Y todas las empleadas de Julio Iglesias son, casualmente, mujeres racializadas, que están en una situación mucho más vulnerable y precaria que un hombre blanco y multimillonario.

Muchas voces argumentan que Julio Iglesias “ha sido así siempre” como si delinquir con frecuencia eximiera de toda responsabilidad. Por esa regla de tres, no habría que robar solo una vez, habría que hacerlo todos los días para evitar la condena. Quienes entonan el “presunto agresor, yo si te creo” deberían reflexionar sobre sus motivos. Más allá de la presunción de inocencia, que es un concepto exclusivamente jurídico, en el debate social solemos posicionarnos al lado de aquellos a quien más nos parecemos.

TAGS DE ESTA NOTICIA