La tensión dentro del Ministerio de Asuntos Exteriores ha dejado de ser un asunto interno para escalar hasta Pedro Sánchez. La Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE), mayoritaria en la carrera, ha decidido volver a dirigirse directamente al presidente del Gobierno ante lo que considera un bloqueo persistente por parte del ministro José Manuel Albares y su equipo.
El malestar, lejos de diluirse, se ha convertido en un conflicto abierto que, según los diplomáticos, amenaza con cronificarse si Pedro Sánchez no interviene para desbloquear una situación que califican de “inmovilista” y “desconsiderada”.
Un respaldo interno sin fisuras frente a Albares
La asamblea general celebrada esta semana por la ADE evidenció que el descontento ya no es puntual. Los diplomáticos respaldaron de forma unánime la actuación de su junta directiva y asumieron como propias unas reivindicaciones que consideran esenciales para modernizar el departamento que dirige José Manuel Albares.
Según la asociación, las propuestas presentadas al ministerio son “sólidas y técnicamente impecables” y buscan reforzar la institucionalidad de Exteriores para mejorar el servicio público. Sin embargo, la ausencia de respuestas concretas ha llevado a los diplomáticos a volver a llamar a la puerta de Pedro Sánchez.
El reglamento franquista, epicentro del conflicto
El principal punto de fricción sigue siendo el reglamento que rige la carrera diplomática, una norma de 1955 heredada del franquismo. En diciembre, Moncloa llegó a instar a José Manuel Albares a avanzar en su derogación. Pero desde entonces no se han producido movimientos visibles.

La ADE considera especialmente grave que, pese a existir desde 2023 un dictamen favorable del Consejo de Estado, el ministerio mantenga paralizada la aprobación de un nuevo reglamento. Para los diplomáticos, este bloqueo contradice los compromisos trasladados por el entorno de Pedro Sánchez.
Reivindicaciones laborales y de transparencia
Más allá del reglamento, los diplomáticos reclaman mayor transparencia en la gestión de personal, seguridad jurídica en los procedimientos administrativos y garantías en cuestiones sensibles como la cobertura sanitaria de MUFACE, tanto en el exterior como en España.
La asamblea también insistió en la necesidad de respetar la conciliación familiar, abordando problemas recurrentes como las indemnizaciones educativas, la situación de los cónyuges destinados en el extranjero o el denominado billete de arraigo. Demandas que, según la ADE, siguen sin respuesta por parte del equipo de José Manuel Albares.
El choque tras la reunión de enero
El desencuentro se agravó tras la reunión del pasado 19 de enero con altos cargos del ministerio. En ese encuentro, el subsecretario descartó avanzar en el reglamento alegando que una futura Ley de Función Pública podría alterar su contenido. Un argumento que la ADE rechaza frontalmente.

Los diplomáticos sostienen que nada impide aprobar ahora un texto prácticamente cerrado y adaptarlo más adelante si fuera necesario. La negativa a facilitar siquiera el último borrador del reglamento fue interpretada como una nueva muestra de opacidad.
Más problemas sin resolver en Exteriores
El conflicto no se limita al marco normativo. En la misma reunión, Exteriores reconoció no tener información clara sobre la convocatoria del concurso para jefaturas de misión en 2026, conocido como “embabombo”, ni sobre su continuidad futura. También se rechazó ampliar la transparencia en comisiones de servicio y cursos de formación.
A ello se suma la negativa a ceder espacios del ministerio para la asamblea de la ADE y el rechazo a instaurar un acto institucional anual de reconocimiento a los diplomáticos jubilados, una práctica habitual en etapas anteriores.
Un aviso directo a Pedro Sánchez
Ante la acumulación de desencuentros, la ADE ha optado por un mensaje político poco habitual. Los diplomáticos advierten de que, tras meses de reuniones y cartas, no basta con gestos simbólicos y reclaman resultados tangibles.

Por segunda vez en pocos meses, la asociación mayoritaria apela a Pedro Sánchez para frenar lo que consideran una deriva preocupante bajo la gestión de José Manuel Albares. La presión interna y pública aumenta, y los diplomáticos dejan claro que no están dispuestos a resignarse a que una norma franquista siga marcando su carrera en pleno siglo XXI.
