Hay un Óscar Puente convencido de que las redes sociales es un campo donde hay que dar la batalla, por muchas sensibilidades que pueda herir y por inapropiado que resulte escuchar según qué a un Excentísimo Señor Ministro. Y hay un Óscar Puente que se autodefine en “modo crisis” que aparca su personaje trash talker y se centra en lo suyo.
Al Puente más institucional pudimos verlo durante las dos semanas siguientes al trágico accidente ferroviario de Adamuz (46 muertos). Dos semanas en las que Moncloa dio la instrucción de encapsular la crisis en torno al titular de Transportes y en las que se entregó en solitario a una gira en los medios de comunicación, empeñado en demostrar que era más importante dar la cara que concretar por qué se rompió una vía de la alta velocidad en Córdoba.
Aquel ministro que asumió sobre sus espaldas todo el peso de la crisis ferroviaria sin hallar el menor auxilio ni del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ni de ningún otro colega del Gabinete confesó en círculos privados sentirse “dolido” por el abandono al que fue sometido. Sánchez le guardaba un premio, el de un “reconocimiento” oficial por sus continuas apariciones ante la opinión pública.
Ganar tiempo como en el apagón
El titular de Transportes tenía el cometido de replicar la estrategia que trazó Moncloa a continuación del apagón del 28 de abril de 2025, es decir, repetir que la investigación sobre lo ocurrido llevaría “tiempo”, subrayar que la Administración y los investigadores se enfrentaban a una gran complejidad técnica de los hechos y “no descartar ninguna hipótesis”.

Entretanto, las explicaciones se deshojarían confusamente mezclando, según el día, “el peso del tren Iryo”, “la fabricación” (¿defectuosa?) del carril y la inescrutable aproximación sobre si la rotura de la vía era la causa o la consecuencia del descarrilamiento, todo ello manteniendo siempre una premisa: “Ni ha sido un problema de mantenimiento, ni de obsolescencia, ni de falta de inversión”.
Mismo guion
Por el camino, el ministro presentó las roturas de carril como algo muy extraño, aunque, días después, corrigió y dijo que en realidad hay miles cada año en toda Europa. Descartó que las vibraciones en el trayecto fueran un mal presagio y, en todo caso, prometió: “Tenemos que hacer todo lo posible para que no se vuelva a repetir“. Y una promesa más, en este caso del propio Sánchez, trece días después del accidente: “Vamos a llegar hasta el final, con mejoras en todo lo que tengamos que mejorar “.
Las palabras del presidente siguieron exactamente el mismo guion que las que pronunció tras el apagón de abril de 2025: “Vamos a descubrir qué ha pasado y adoptar las medidas necesarias para que no vuelva a pasar“.
Vuelve la batalla en las redes
Lo que ha pasado es un mes. Tiempo suficiente para que se haya restablecido el corredor de alta velocidad entre Madrid y Andalucía y para que Puente haya retomado al trash talker que lleva dentro para difundir en las redes sociales sus comentarios corrosivos sobre Cristóbal Montoro, José María Aznar, Alfonso Fernández Mañueco o Alberto Núñez Feijóo.
Y ya, el culmen del bulero es decir “informe de hace 7 años” y mostrar un folio con tu propio discurso. https://t.co/309CbE8cFy pic.twitter.com/5vlijZLtm1
— Óscar Puente (@oscar_puente_) February 12, 2026
La estrategia de ganar tiempo ha surgido efecto. Quienes alentaban su destitución, en particular desde el PSC, han ido rebajando el tono. La causa de la rotura de la soldadura sigue bajo la investigación de los expertos y el primer plano de la actualidad mediática lo ocupan otros asuntos.
La vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, presentó ante el Consejo de Ministros el informe sobre el apagón dos meses después del cero eléctrico. El documento aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional concluyó que el incidente tuvo un origen multifactorial e incluyó una batería de recomendaciones.
Hay quien sospecha que un desenlace parecido seguirá el accidente de Adamuz.
