MATERNIDAD

Agitación por amamantamiento: por qué sientes rechazo al dar el pecho

Sentir rechazo o irritabilidad al amamantar no tiene nada que ver con ser una "mala madre": está relacionado con la dopamina

Una mujer con su bebé
Freepik

A veces, la maternidad se idealiza socialmente de tal manera que se invisibilizan sus dificultades fisiológicas y psicológicas. A la hora de dar el pecho, hay mujeres que pueden experimentar rechazo, y sentir una respuesta fisiológica conocida como agitación por amamantamiento.

La madre puede llegar a sentir irritabilidad extrema e interrumpir el amamantamiento al poco de comenzar la toma. Adicionalmente, el sentimiento se ve ampliado por el estigma impuesto de no poder reaccionar con “rechazo” hacia el propio bebé.

Pero la ciencia es clara, y especifica que es una respuesta neurobiológica completa y no una falta de instinto o de amor maternal.

Por qué sucede la agitación por amamantamiento

Madre amamantando a su bebé
CSIC

El rechazo que puede sentir una madre al amamantar se siente prácticamente de la cabeza a los pies.

No es por cómo es esta, ni una decisión tomada a conciencia. Tampoco es la clave que define cómo es una mujer como madre. Los expertos lo definen como una respuesta del sistema nervioso, ante una de las experiencias más peculiares que puede afrontar alguien por primera vez en su vida.

Por ello, es un sentimiento que debe ser validado. El aislamiento y el autocastigo psicológico no sirven de nada, ni cambiarán la situación: sólo pueden empeorarla, llegando incluso a provocar depresión posparto.

¿Y quién se encuentra detrás de este rechazo? Por supuesto, es el propio cerebro. Pero no lo hace a voluntad, tal y como explican los expertos de lactancia en LactApp.

El cuerpo produce oxitocina, conocida como la hormona del amor. Para que los niveles de oxitocina suban y pueda expulsarse la leche materna, la dopamina debe bajar temporalmente. Y hay mujeres a las que estas caídas de dopamina les suceden de forma profunda o abrupta, provocando consecuentemente la ansiedad y el rechazo.

Al ser la hormona que regula el bienestar y el placer, cuando sus niveles bajan drásticamente, el cerebro interpreta el estímulo del bebé mamando como un dolor o una amenaza. De ahí que el sentimiento sea de rechazo o de huida en la madre.

La sobreestimulación y cómo gestionar el rechazo sin culparse

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Una mujer amamanta a su bebé
Leonid Iastremskyi

Además de la química cerebral, hay factores ambientales y físicos que también juegan un papen en la agitación por amamantamiento.

Un cerebro agotado tiene dificultades para regular sus funciones, y uno de los principales causantes del cansancio es la falta crónica del sueño. Algo que, siendo madre de un bebé, es habitual durante unos cuantos meses.

Durante la maternidad, una mujer se expone a una larga cadena de estímulos, al estar en contacto físico constante con su hijo o hija. Entonces, el amamantamiento es sólo la parte final de la sobreestimulación, favoreciendo el rechazo por parte del cuerpo como medida de protección.

Para poner remedio a este rechazo que lleva al destete casi inmediato, existen diferentes estrategias recomendadas por los profesionales. La mayoría pasan por una revisión con un especialista.

Junto a los profesionales, es posible revisar la nutrición y la suplementación, que pueden ayudar con la síntesis de la dopamina. También pueden ayudar a identificar los desencadenantes del rechazo, ya que puede provenir de la deshidratación, de la ovulación y otras.

En esa línea, la madre debe priorizar el descanso y el autocuidado, con el fin de afrontar mejor las situaciones de amamantamiento.

Incluso puede establecer unos límites flexibles. Si el bebé es algo mayor, se puede limitar el tiempo de las tomas, o incluso usar técnicas de distracción para reducir la intensidad del estímulo. Un collar de lactancia puede ser un gran aliado.

Ante cualquier problema en mayor medida, es recomendable una visita al especialista para poner freno a las molestias físicas y psicológicas.

Adicionalmente, se debe tener presente que sentir el rechazo es natural, y que debería poder expresarse sin la necesidad de juzgar a las madres que lo padecen.

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