Hay personas que necesitan ir al baño constantemente, hasta el punto que se despiertan un par de veces por la noche, e incluso necesitan tener un aseo cerca en cualquier salida por miedo a no llegar a tiempo.
A este fenómeno se le conoce como vejiga hiperactiva, y limita la autonomía de muchas mujeres. Desde la perspectiva médica y psicológica, este inconveniente puede revertirse, retomando el control siguiendo las claves adecuadas.
Qué es y cómo se gestiona la vejiga hiperactiva

Una mujer trata de aguantarse las ganas de ir al servicio
La urgencia urinaria es la clave de la vejiga hiperactiva. Este sentimiento emergente suele ir acompañado de una alta frecuencia de evacuación y de varios despertares nocturnos para ir al baño.
Socialmente, se cree que se debe a una vejiga de tamaño pequeño. No obstante, el doctor Banu Teja señala que, en realidad, suele ser “una contracción involuntaria del músculo detrusor”. Es decir, se produce “un error de comunicación” entre el cerebro y el sistema urinario.
Más allá del impacto físico, estas señales involuntarias suelen traducirse también en problemas emocionales. Puede terminar provocando problemas como ansiedad, depresión y aislamiento social. Y al revés, el propio estrés puede terminar causando la falta de control de las ganas de ir al baño.
El psicólogo Phil Lane indica que, al ser la vejiga un músculo, “el sistema muscular se ve directamente afectado por la ansiedad”. El estrés y la ansiedad ejercen tal presión sobre la vejiga que “a puede causar necesidad de orinar, falta de vaciado completo de la vejiga al orinar y, en casos graves, pérdida del control de la vejiga e incontinencia.”
A menudo, la solución a la vejiga hiperactiva pasa por la ingesta de fármacos potentes e incluso cirugías. No obstante, los expertos señalan que existen otras maneras de reducir sus síntomas con algunos cambios en el estilo de vida.
Reeducando la vejiga

Por ejemplo, realizando ejercicios para fortalecer el suelo pélvico. También, “entrenando” la vejiga, aguantando las ganas de ir al baño unos minutos gradualmente para reeducar al músculo. Asimismo, evitar irritantes como el picante, el alcohol o el café resulta efectivo en igual medida.
Si estos ejercicios no son suficientes, entonces hay alternativas eficientes como los fármacos, la neuromodulación a través de un pequeño dispositivo o las inyecciones (como la de toxina botulínica) para “calmar” los espasmos del músculo detrusor.
Asimismo, puede ayudar llevar un registro de las micciones (para ser consciente de hasta dónde llega el problema), y buscar el apoyo emocional de tus seres queridos en el proceso.
Eso sí, no te olvides de seguir bebiendo agua, aunque sea de manera moderada. La orina muy concentrada puede irritar el revestimiento de tu vejiga y emeporar las cosas.
En definitiva, este tipo de hiperactividad se puede tratar. Si crees que te sobrepasa, no dudes en hablar con un profesional de la salud para que estudie tu caso y te proporcione la solución más adecuada para tu situación.
Retoma el control de tu vejiga sin vergüenza. Es más común de lo que crees.


