Hablar de digestión, horarios y salud intestinal es adentrarse en un terreno complejo que afecta a millones de personas. Asun González, bióloga, asesora nutricional y especialista en microbiota, lleva años explicando por qué muchas molestias digestivas no son una casualidad, sino la consecuencia directa de cómo vivimos, comemos y organizamos nuestros días. Su diagnóstico es claro: el cuerpo humano no ha tenido tiempo de adaptarse al ritmo de vida moderno.
Para Asun González, uno de los grandes errores actuales es ignorar la dimensión biológica del reloj interno. “Somos un saco de bichos”, afirma con crudeza para explicar que convivimos con millones de microorganismos cuya estabilidad depende, en gran medida, de nuestros hábitos diarios. Cuando esos hábitos se alteran, la microbiota responde con señales que muchos ya consideran normales, pero que no lo son.
Gases, hinchazón y horarios desajustados
Uno de los problemas digestivos más frecuentes tiene que ver con la hinchazón abdominal y los gases. Según Asun González, estos síntomas no suelen ser una infección, sino una descompensación del ecosistema intestinal. El detonante, en muchos casos, está en los horarios irregulares y en comer a destiempo.
La especialista señala que la costumbre española de retrasar las comidas no ayuda a la microbiota. Desde su punto de vista, el cuerpo funciona mejor cuando la alimentación se adapta a los ciclos naturales. “Lo ideal sería desayunar a las nueve y cenar a las cuatro”, explica Asun González, subrayando que el intestino también tiene su propio reloj biológico.
Un problema evolutivo, no individual
Lejos de culpabilizar al individuo, Asun González habla de un problema colectivo. El ser humano, explica, ha cambiado su estilo de vida demasiado rápido. Dormimos menos, comemos más tarde y pasamos más tiempo expuestos a estímulos artificiales. El resultado es lo que define como un “déficit de vida evolutiva”.
Esta falta de adaptación provoca que muchas personas vivan con molestias digestivas constantes sin saber que no son normales. Para Asun González, el aumento de estos problemas refleja una descompensación global del organismo, especialmente del sistema digestivo.
Comer sencillo para cuidar la microbiota
Cuando se trata de alimentación, Asun González huye de las fórmulas complejas. No cree en dietas milagro ni en productos que prometen soluciones rápidas. Su recomendación pasa por simplificar: pescado, verduras y agua como base de la dieta diaria.
Esta alimentación de corte pesco-mediterráneo, explica Asun González, favorece un entorno intestinal más estable. El objetivo no es restringir sin sentido, sino facilitar que la microbiota funcione de manera eficiente, sin sobrecargas innecesarias.
Ayuno intermitente y ritmos solares
Uno de los pilares de su enfoque es el ayuno intermitente, pero con matices. Asun González insiste en que no cualquier ayuno sirve. Para que sea beneficioso, debe ajustarse a los ritmos circadianos y al ciclo solar. Comer cuando hay luz y dejar descansar al sistema digestivo cuando cae la noche es, según ella, una estrategia clave.

Este tipo de ayuno, integrado de forma natural en el día a día, permite que la microbiota se regenere y reduzca procesos inflamatorios. Para Asun González, no se trata de modas, sino de recuperar una lógica biológica que se ha perdido.
El SIBO, una experiencia personal
Parte de las recomendaciones de Asun González nacen de su propia experiencia. Ella misma ha padecido SIBO, un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado que provoca fermentaciones, gases y distensión abdominal. Lejos de abordarlo solo desde la teoría, su enfoque combina investigación y vivencia personal.
Combatir el SIBO, explica Asun González, no pasa únicamente por tratamientos puntuales, sino por revisar hábitos, horarios y alimentación. Es un proceso de reeducación del cuerpo, no una solución inmediata.
Escuchar al cuerpo antes de que grite
El mensaje final de Asun González es sencillo, pero contundente: el cuerpo avisa antes de enfermar. La hinchazón, los gases o la pesadez no deberían normalizarse. Ajustar horarios, simplificar la dieta y respetar los ritmos naturales puede marcar una diferencia profunda en la salud digestiva.
Para Asun González, cuidar la microbiota es, en realidad, una forma de volver a escucharnos.


