En democracia, el desacuerdo forma parte del juego político. Las críticas, incluso las duras, son parte del debate público. Pero cuando quien ocupa el cargo es una mujer, la discusión se convierte en ataque y este adopta con frecuencia un tono que poco tiene que ver con la política y mucho con el género.
En los últimos años, varias mujeres que ocupan cargos públicos en España han denunciado una misma dinámica: la crítica política acaba degenerado en insultos de carácter sexual, comentarios sobre el físico o insinuaciones sobre cómo han llegado al poder. Se trata de un fenómeno que atraviesa partidos e ideologías y que se repite con regularidad.
De la polémica política al insulto sexual
Uno de los ejemplos más recientes es el de la ministra de Educación y portavoz del Gobierno, Pilar Alegría. En abril de 2025 denunció públicamente una avalancha de insultos que empezaron a circular en redes sociales tras una polémica relacionada con una supuesta fiesta ocurrida años antes en el Parador de Teruel, cuando ella era delegada del Gobierno en Aragón.
La discusión política duró poco. En cuestión de horas, los mensajes empezaron a derivar hacia ataques personales de carácter sexual. La propia Alegría relató que había recibido insultos como “puta”, “zorra” o “comepollas”, además de mensajes que preguntaban con quién dormía o insinuaban que su carrera política tenía una explicación íntima.
La ministra calificó la situación como “machismo repugnante e intolerable” y llegó a plantearse emprender acciones legales contra algunos de los mensajes más graves.
A esta dinámica se ha sumado recientemente otro episodio protagonizado por la portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital, Rita Maestre, que esta semana denunció ante la Policía haber sido acosada en su domicilio después de que su dirección se difundiera en internet a través de anuncios falsos de servicios sexuales. La edil lo hizo público a través de un vídeo en redes sociales, donde denunció que este tipo de prácticas buscan intimidar a las mujeres que participan en la vida política. “Es una forma de decir: sé dónde vives y puedo acosarte”, afirmó.

El patrón que se repite en redes
La experiencia de Alegría y Maestre no es excepcional. Durante años, Irene Montero, exministra de Igualdad, ha sido una de las políticas más atacadas en redes sociales en España.
Durante el debate de la ley del “solo sí es sí”, su nombre se convirtió con frecuencia en tendencia en redes acompañado de miles de comentarios ofensivos. Uno de los más difundidos fue el mensaje publicado por una concejala de Ciudadanos que afirmaba que Montero estaba donde estaba porque “la ha fecundado un macho alfa”, en referencia a su relación con el exvicepresidente Pablo Iglesias.
El comentario se viralizó rápidamente y fue ampliamente denunciado como un ejemplo de descalificación sexista. Pero no fue un caso aislado. En los mensajes dirigidos a la exministra aparecen con frecuencia expresiones que se repiten contra muchas mujeres en política: “vete a la cocina” o “calladita estás más guapa”.
En 2024 varias parlamentarias del Partido Popular recibieron cartas anónimas con insultos machistas y amenazas. Las diputadas Ana Vázquez y Noelia Núñez, las senadoras Alicia García y Eva Ortiz, y la eurodiputada Alma Ezcurra publicaron en sus cuentas de X los escritos que les hicieron llegar, sin remitente, y en los que les dirigían calificativos misóginos por sus intervenciones en las Cortes. “Poligonera”, “furcia”, “mamona”, “loca” o “asquerosa” eran algunos de los insultos.
Cuando el insulto se convierte en amenaza
En algunos casos, la violencia verbal se convierte en amenazas directas. En 2024 la líder de Podemos Ione Belarra recibió un mensaje en Instagram que decía: “Te voy a matar… ojalá te tuviera delante para reventarte la cara”. Su autor acabó detenido.
Aunque este tipo de mensajes también afectan a hombres en política, los estudios sobre violencia digital coinciden en que, cuando la víctima es una mujer, el ataque suele incorporar elementos sexuales o comentarios sobre su cuerpo.
El machismo también aparece en las instituciones
Los ataques no se producen solo en internet. A veces ocurren en el propio ámbito institucional. En noviembre de 2025, durante un pleno municipal en Manzanares el Real (Madrid), el concejal del Partido Popular Damián Guijarro interrumpió a la concejala de Más Madrid Patricia Ibáñez con una frase que rápidamente se viralizó en redes: “A callar, que estás más guapa”.
El comentario fue grabado y difundido en redes sociales, generando críticas desde distintos partidos políticos.
El peso del insulto en el espacio público
Durante su etapa como alcaldesa de Barcelona, Ada Colau denunció en varias ocasiones campañas de insultos en redes sociales. Muchos de los mensajes no cuestionaban sus políticas municipales, sino que recurrían a insultos como “bruja” o “furcia”.
Un fenómeno que atraviesa ideologías
La diferencia hoy es la velocidad con la que esos mensajes se amplifican. Las redes sociales permiten que un comentario ofensivo se reproduzca miles de veces en cuestión de minutos.
Otra de las características más llamativas de este fenómeno es que no distingue partidos ni ideologías. En los últimos años han denunciado ataques machistas mujeres pertenecientes a formaciones políticas muy distintas: desde ministras socialistas como Pilar Alegría hasta dirigentes de Podemos como Irene Montero o Ione Belarra, pasando por alcaldesas como Ada Colau o concejalas de partidos locales.
Lo que cambia es el nombre de la política que recibe el ataque. El tipo de insulto, en cambio, suele ser el mismo.
Los estudios sobre violencia política de género señalan tres patrones recurrentes: la sexualización, los comentarios sobre el cuerpo o la apariencia y los mensajes destinados a silenciar a la mujer que participa en el debate público.
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