Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno de coalición, no dará la batalla por liderar el nuevo Sumar. Nacida en Fene, A Coruña, el 6 de mayo de 1971 (54 años), es uno de los rostros más reconocibles a la izquierda del PSOE, y ha abanderado algunas de las medidas más relevantes del Gobierno de coalición, como la reforma laboral o el salario mínimo interprofesional.
Licenciada en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, Díaz completó su formación con cursos superiores y de postgrado en Relaciones Laborales, Recursos Humanos y Urbanismo, además de formación complementaria en Seguridad Social, contratación laboral y género. Ejerció como abogada laboralista antes de fundar su propio despacho en Ferrol.
Su salto a la política llegó de la mano de Izquierda Unida. Fue concejala en el Ayuntamiento de Ferrol y primera teniente de alcalde entre 2007 y 2008, además de diputada en el Parlamento de Galicia. En 2015 dio el salto al Congreso bajo la coalición En Marea, un experimento de reagrupación de la izquierda gallega que anticipó dinámicas posteriores en el ámbito estatal.

Su proyección nacional se consolidó dentro de Unidas Podemos, donde comenzó a destacar en áreas económicas e industriales. Tras las elecciones de 2019, defendió que el acuerdo con el PSOE debía implicar la entrada en el Gobierno, una posición compartida con Pablo Iglesias, quien la propuso como ministra de Trabajo en enero de 2020.
Más tarde, cuando Iglesias abandonó la política estatal, la designó como sucesora y candidata a las elecciones generales, situándola como vicepresidenta segunda. La relación entre ambos se fue deteriorando con el paso del tiempo, convirtiéndose en uno de los mayores quebraderos de cabeza de Díaz.
Impulsó la subida del SMI
Al frente del Ministerio de Trabajo, Díaz protagonizó algunos de los hitos más relevantes de la legislatura anterior. Entre ellos, la reforma laboral, que salió adelante por un error en la votación del exdiputado del PP Alberto Casero, y la gestión de los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) durante la pandemia. Pero si hay una medida que ha definido su gestión ha sido la subida sostenida del salario mínimo interprofesional (SMI).
La última revalorización, aprobada por el Consejo de Ministros, elevó el SMI un 3,1% hasta los 1.221 euros mensuales en 14 pagas, con efectos retroactivos desde el 1 de enero. Díaz ha defendido que estas subidas forman parte de “la historia de éxito del país” y ha criticado a quienes cuestionan su impacto en el empleo, asegurando que “no hay ninguna posición académica que lo pueda sostener”. De lejos, ha sido uno de sus mayores éxitos de los que ha podido sacar rédito.
Su defensa del salario mínimo ha ido acompañada de un mensaje claro a la patronal: “Hay margen para mejorar los salarios”. Y el enfrentamiento con Antonio Garamendi ha sido constante, con sonoros rifirrafes en los medios de comunicación. Para Díaz, la redistribución de los beneficios empresariales es una cuestión de justicia social.
Tensión interna
Su liderazgo político también ha atravesado momentos complejos. Tras impulsar la plataforma Sumar y lograr agrupar a una quincena de formaciones bajo esa marca en las elecciones del 23 de julio, el proyecto comenzó a erosionarse en el ciclo electoral de 2024, especialmente tras los resultados en las elecciones europeas y precedidos de su pésimo porcentaje en Galicia y País Vasco.
Las discrepancias internas y la salida de Podemos del grupo parlamentario evidenciaron el cisma dentro del espacio que ahora busca liderazgo, de nuevo, tan solo cuatro años después de haberlo fiado todo a la dirigente gallega. Las encuestas tampoco no le acompañaron, augurando un desastre en las elecciones si ella era cabeza de cartel.
La despedida
Finalmente, Díaz anunció en redes sociales que no será candidata a las elecciones generales de 2027. Definió su decisión como “muy meditada” y explicó que la había comunicado a sus seres queridos, al presidente del Gobierno y a su espacio político. Reconoció que siempre tuvo “muchas reticencias” ante la idea de ser candidata, aunque aseguró no arrepentirse del paso dado . “Voy a seguir haciéndolo”, afirmó en referencia a su compromiso con las trabajadoras y trabajadores.
Ahora, al apartarse de la carrera electoral, inicia una nueva etapa en la que seguirá en el Gobierno, pero sin aspirar a liderar la próxima contienda general.
