Athina tenía que ir al colegio. Pero no fue. Abby lo supo al mirar la aplicación escolar y ver una palabra que todavía le duele: ausencia. Llamó al centro. Nadie sabía nada. Llamó al padre. No contestó. En menos de 24 horas, Abby estaba denunciando la sustracción de su hija.
Era el 9 de noviembre. Ese mismo día, horas antes, un juzgado había dictado una resolución histórica en su caso: custodia exclusiva para la madre, orden de alejamiento de 500 metros durante dos años y suspensión total del régimen de visitas al padre, tras valorar amenazas, audios y pruebas documentales. La protección llegó. Pero llegó tarde.
Las últimas imágenes sitúan a Athina en una estación de tren. Desde entonces, nadie ha vuelto a verla. Han pasado casi tres meses. Abby sigue sin saber dónde está su hija.

La policía le dice que “se están haciendo gestiones”. Abby aporta pistas, datos, hipótesis. Cree que el padre pudo salir del país por carretera, sin controles. Sospecha que parte de su entorno familiar sabe dónde están. Nadie le pregunta por Athina. Nadie parece buscarla con la misma urgencia con la que ella la espera cada día.
Para entender cómo se ha llegado hasta aquí, hay que retroceder varios años.
Abby denunció, pero no la creyeron
Abby nació en Filipinas y lleva más de quince años viviendo en España. Durante siete años mantuvo una relación con el padre de su hija, marcada por el maltrato psicológico y físico. Golpes, humillaciones, control. “Me decía que no tenía a nadie, que mis padres no eran buenos ejemplos, que no tenía amigos. Yo le escuchaba. Me anuló”.
Se separó en julio de 2023, cuando ya no pudo aguantar más. Tras la ruptura, denunció la violencia. Sin embargo, el proceso judicial no la protegió: no había partes médicos, aunque sí fotografías. Él fue absuelto. No se dictó orden de alejamiento.
Aun así, siguió adelante. Se centró en su hija. Pagó el colegio, los gastos, todo. El padre aparecía cuando quería. A veces solo aceptaba verla “dos horas porque estaba con su nueva pareja”. No pagaba manutención. No asumía responsabilidades. Abby tampoco conocía sus derechos y que podía reclamarlos: acababa de salir de una relación de violencia, desorientada, intentando recomponerse psicológicamente.
“Lo que más me dolía era pensar que mi hija creería que la había abandonado”
En abril de 2025, pese a los informes que acreditaban que Abby se encontraba en proceso de recuperación por violencia machista, un juzgado dictó una custodia compartida al 50 %. Al día siguiente, el padre la denunció por sarna.
Durante seis o siete meses, Abby no pudo ver a su hija. Aportó informes médicos: ella no tenía sarna, su unidad familiar tampoco. Todo era negativo. Pero el sistema fue lento. Mientras tanto, ella se hundía. “Lo que más me dolía era pensar que mi hija creería que la había abandonado”.

Fue entonces cuando empezaron las amenazas. Audios, mensajes, presiones para que firmara un documento cediendo la custodia exclusiva. Abby se negó.
Trabaja 40 horas de camarera mientras busca a su hija
El 4 de noviembre recibió una amenaza explícita a través de un chat cifrado: una imagen de una agresión acompañada de un mensaje claro: “Así terminó por alguien que contacté. Así terminará tu familia si no llegamos a un acuerdo”. Abby grabó la pantalla con su tablet. No quería que desapareciera la prueba.
Hoy, Abby trabaja 40 horas semanales como camarera. Va a terapia. Sobrevive. “Hay días que no puedo ni salir a la calle”, confiesa. “Me sostengo pensando que la voy a encontrar”. Abby no pide compasión. Pide justicia. Y algo todavía más básico: que su hija vuelva a casa.
Porque Athina no desapareció sola. Athina desapareció después de años de violencia y de un sistema que no llegó a tiempo.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.
