Cine

‘La chica zurda’, tres generaciones de mujeres a merced de una mano endemoniada

'La chica zurda' desarrolla drama en varios planos diferentes, y Tsou alterna perspectivas con elegancia y nutriendo todos los hilos argumentales de dinamismo.

Entre las luces de neón del mercado nocturno de Taipéi, Shu-Fen abre un puesto callejero de venta de fideos en un intento por reunir el dinero suficiente para pagar sus deudas; la madre soltera ha abandonado su hogar en el Taiwán rural junto a su familia para regresar a la bulliciosa capital del país, y se encuentra a sí misma en una situación más complicada de la que esperaba a causa de las acciones de sus dos hijas, la rebelde veinteañera I-Ann y la mocosa de cinco años I-Jing. Estas tres mujeres pertenecientes a tres generaciones sucesivas de taiwanesas, que comparten tanto y permanecen unidas tanto por los lazos sanguíneos y la dependencia mutua como por los anhelos y las exigencias derivadas del capitalismo, son las protagonistas de esta comedia coral cuidadosamente construida y en gran parte cautivadora, primer largometraje dirigido en solitario por Shih-Ching Tsou. Y aunque sobre el papel el personaje idóneo para impulsar la historia es I-Ann, cuya búsqueda de algún tipo de independencia va acompañada de dosis problemáticas de irresponsabilidad e insolencia, en la práctica es la angelical I-Jing quien encarna el alma de la película.

La niña está obsesionada por una creencia perturbadora: que el diablo ha poseído su mano izquierda y la utiliza para hacer el mal; el culpable de ello es su abuelo, un hombre conservador y supersticioso incapaz de pensar -la inconsciencia masculina y sus efectos son un tema recurrente en la película- en las consecuencias de sus bromas. Ello sume a la pequeña en una angustia existencial profunda, y su reacción ante ella es una maraña de destrucción. Actuando bajo lo que cree que es el poder de Satanás, I-Jing empieza a cometer robos cada vez más descarados, utilizando su creciente habilidad como ladrona de tiendas para contrarrestar los sentimientos de culpa. Pero, cuando su mano endemoniada interviene accidentalmente en una tragedia -una tragedia cómica, eso sí-, queda destrozada al verse con sangre en los dedos.

La chica zurda desarrolla drama en varios planos diferentes, y Tsou alterna perspectivas con elegancia y nutriendo todos los hilos argumentales de dinamismo. La energía narrativa se debe en parte a la participación en la película de Sean Baker, que coescribió el guion y se encargó del montaje. Baker y Tsou son colaboradores desde hace años -ella produjo Anora (2024) y varias de las películas anteriores del estadounidense-, y es evidente que comparten sensibilidad artística.

También es cierto, por otro lado, que los diferentes conflictos alojados en la familia han sido convenientemente diseñados para converger hacia un mismo núcleo. Y, a medida que la película avanza, el naturalismo y la finura observadora del relato se ven sometidos por la maquinaria de la trama y la búsqueda de un final emocionalmente catártico. Problemas financieros, actitudes sexuales promiscuas y un complot para fabricar y distribuir pasaportes falsos colisionan en un una escena climática en la que las emociones se desbordan por encima de las capacidades de Tsou para contenerlas.

Ese artificioso final, en cualquier caso, no logra echar por tierra el poder cautivador acumulado por La chica zurda hasta entonces, en buena medida gracias a su capacidad extraordinaria para crear atmósferas. Tsou la rodó exclusivamente con un iPhone -igual que Baker hizo con Tangerine (2015)-, y gracias a ello pudo moverse por los espacios con una ligereza que nos permite experimentar lo mismo que la pequeña I-Jing al descubrirlos por primera vez. Taipéi se revela como un paisaje siempre vibrante, y en movimiento permanente al compás de un caos controlado, y la película va devorando las vistas nocturnas con fruición hasta convertirlas en una historia en sí misma. Por momentos consigue que las imágenes de un ciclomotor que circula por las calles desmedidamente iluminadas, aunque hayan sido creadas por la cámara de un teléfono, sean pura épica cinematográfica.

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