La nueva versión de Cumbres borrascosas llega esta semana a los cines españoles rodeada de una expectación poco habitual para una adaptación literaria del siglo XIX. Buena parte de esa atención se debe a la presencia de sus protagonistas en redes sociales y a la química que proyectan en cada aparición pública. Cuando el actor australiano Jacob Elordi afirma que la película retrata “todas las cosas que no deberías hacer en la vida real”, la frase funciona al mismo tiempo como advertencia y como declaración de intenciones. Más allá del dramatismo del argumento, el tipo de amor que propone la película, como ya hacía la novela, desborda los límites de lo razonable.
Dirigida por Emerald Fennell y protagonizada por Elordi y Margot Robbie, la adaptación se estrena el 13 de febrero y aspira a acercar el universo de Emily Brontë a una nueva generación. La novela de 1847, única publicación de la autora antes de su muerte a los 30 años, despliega una estructura compleja, con narradores encadenados y saltos temporales que desafían cualquier esquema clásico. Adaptarla siempre ha implicado elegir entre simplificar o reinterpretar la historia.

Las versiones de 1939, con Laurence Olivier y Merle Oberon, y la de 1992, con Ralph Fiennes y Juliette Binoche, optaron por suavizar aristas y concentrarse en el romance central. Fennell no pretende competir con la literalidad del texto. “No puedo adaptar el libro tal como es, pero puedo aproximarme a cómo me hizo sentir cuando lo leí a los 14 años”, explicó recientemente ante la prensa. Su punto de partida se suspende entre la fidelidad narrativa y la memoria emocional.
Esa distancia deliberada se percibe en el planteamiento del proyecto. Margot Robbie, que además produce la película con su compañía LuckyChap Entertainment, ha insistido en que no se trata de una traslación fiel de la obra de la autora. “Es una interpretación personal. Algunas películas están diseñadas para hacerte pensar y otras para hacerte sentir. Esta es puro sentimiento”, señaló. La actriz pidió interpretar a Catherine Earnshaw después de leer el guion, antes incluso de que Fennell se lo propusiera. La directora admitió que dudó en ofrecérselo por la relación profesional que ya las une. Robbie ha producido también Promising Young Woman y Saltburn, pero fue la actriz quien dio el primer paso.

El énfasis en la emoción define el tono de una cinta que se estrena en vísperas de San Valentín, una fecha que subraya su dimensión romántica, aunque aquí el romanticismo esté lejos de lo complaciente. Si la gira promocional sirve como anticipo, la película no rehúye el exceso. Robbie ha aparecido en alfombras rojas con estilismos inspirados en el imaginario gótico de Brontë. Desde encajes oscuros, a siluetas dramáticas, pasando por referencias victorianas reinterpretadas por firmas como Alexander McQueen o Chanel. La estética deja de ser un simple envoltorio para ser parte de un concepto que convierte la historia en experiencia sensorial.
Fennell, cuya filmografía explora los límites morales y el deseo llevado al extremo, traslada esa lógica a los páramos del norte de Inglaterra. La banda sonora incorpora sonidos contemporáneos, como la música de Charli XCX, en una apuesta explícita por romper con el clasicismo. La cámara insiste con primeros planos de corsés que se ajustan hasta cortar la respiración, en cuerpos que se rozan, en mostrar el barro y el viento hasta convertirse en materia emocional.
En ese proceso, la relación entre Robbie y Elordi ha sido central. Ambos describen a sus personajes como dos fuerzas que se modelan mutuamente. “Se necesitan y se crean el uno al otro”, afirmó Robbie. La actriz ha contado que ninguna preparación sustituye a la reacción inmediata ante las decisiones del compañero en escena. “Lo que Jacob hacía informaba mi interpretación. Si hago algo bien en esta película, es porque él se entregó de esa manera”, explicó. Elordi coincide en esa idea de diálogo constante. Incluso observar a Robbie mientras rodaba escenas con otros actores modificaba su aproximación a Heathcliff.

El dolor, sostienen, es parte esencial de ese lenguaje. “Forma parte de su manera de comunicarse”, apunta él. Robbie va más allá y define la relación como “la más sadomasoquista que uno pueda imaginar”. En manos de Fennell, esa dimensión extrema no se atenúa. Elordi entiende la obsesión de Heathcliff como una forma de permiso para encarnar impulsos que en la vida real se reprimen. “El espera bajo una ventana en mitad de la noche, permanece a la intemperie tratando de aferrarse a alguien que no está disponible. Es todo lo que no deberías hacer cuando amas a alguien”, resume.
El actor ha señalado que la emoción dominante durante el rodaje fue el arrepentimiento. Robbie subraya la imprudencia de Catherine, su tendencia a hablar sin pensar y a precipitar el desastre. “Me atraía interpretar a un personaje que es agente directo de su propio destino, aunque las consecuencias sean devastadoras”, afirma.

La interpretación de Heathcliff conecta, además, con reflexiones que Elordi ha compartido en otros proyectos recientes, como su participación en Frankenstein, dirigida por Guillermo del Toro. Allí hablaba de personajes que se preguntan constantemente “por qué” y de la experiencia de habitar cuerpos construidos a partir de fragmentos. Esa idea de identidad compuesta resuena también en Cumbres borrascosas donde Catherine y Heathcliff existen en la medida en que el otro los reconoce. “Su sangre es la misma sangre”, llegó a afirmar el actor sobre la intensidad del vínculo.
Cuando nos encontramos en un hotel de Los Ángeles, Elordi escucha con una sonrisa mi observación sobre el aire vasco en sus rasgos; el corte de pelo, la altura, la mandíbula marcada. “Solo los españoles reconocen mis orígenes vascos”, comenta con una sonrisa. Su abuelo y su padre son españoles, aunque él no hable el idioma. “Entiendo bastante bien el español, pero no lo hablo. Me gustaría rodar en España. Este año mi película favorita es la española Sirat”, añade. Más allá de la anécdota, esa conversación vuelve sobre la idea de pertenencia e identidad, tan central en la historia que interpreta.
Algunos lectores de Brontë han expresado reservas ante los cambios formales y la libertad interpretativa. Fennell asume el riesgo. La novela original fue recibida con desconcierto por su violencia emocional. Fennell confía en que quienes aman la obra reconozcan esa esencia. “Lo que sentí de Cathy al leer la novela es lo que encontré en el guion. Solo tenía que honrar ese espíritu”, afirma. La película dialoga con la fuerza indómita que convirtió Cumbres borrascosas en una obra intemporal y propone, una vez más, un amor que no aspira a ser ejemplar, sino inevitable.
