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Pensar el deseo sin pedir permiso: Sara Torres y la política íntima del erotismo

En 'El pensamiento erótico', la autora propone una reflexión literaria y filosófica sobre el deseo como espacio de conocimiento, desmontando las lógicas patriarcales que han regulado el cuerpo y el placer femenino

Pensar el deseo sin pedir permiso: Sara Torres y la política íntima del erotismo
Pensar el deseo sin pedir permiso: Sara Torres y la política íntima del erotismo. Montaje; kiloycuarto
Montaje: kiloycuarto

En El pensamiento erótico, Sara Torres desplaza el erotismo del territorio del estímulo hacia el del pensamiento. No escribe un ensayo sobre el sexo entendido como práctica ni una teoría académica del deseo en sentido clásico. Lo que propone es una indagación sobre el modo en que el deseo configura identidad, lenguaje y poder. El erotismo deja de ser un adorno o un tema y se convierte en método: una forma de conocer.

La autora parte de una premisa clara: el deseo no es un impulso desordenado que deba domesticarse, sino una estructura cognitiva. A través de una prosa que combina reflexión filosófica, memoria personal (grandes dosis de autobiografía que sus lectoras ansían y agradecen) y análisis cultural, Torres examina cómo el cuerpo —especialmente el cuerpo femenino y lesbiano— ha sido históricamente regulado, narrado y vigilado. Frente a esa tradición, su escritura reclama el derecho a “una subjetividad erótica no subordinada”.

La escritora y poeta Sara Torres, fotografiada por Alba Ricart
La escritora y poeta Sara Torres, fotografiada por Alba Ricart
Alba Ricart

El libro dialoga con el feminismo contemporáneo, con la teoría queer y con pensadoras que han situado el deseo en el centro del pensamiento político. Sin embargo, Sara Torres evita el tono doctrinal. La argumentación avanza mediante asociaciones, escenas, preguntas que no siempre buscan una respuesta cerrada. El erotismo aparece como un espacio donde lo racional y lo afectivo no se oponen, sino que se contaminan.

Uno de los ejes más potentes del texto es la crítica a la pedagogía patriarcal del deseo. Torres analiza cómo muchas mujeres han aprendido a desear desde la mirada ajena, desde una narrativa que prioriza la complacencia, la disponibilidad o la autoobservación constante. El cuerpo femenino, expone, ha sido educado para verse a sí mismo desde fuera. El pensamiento erótico que ella propone implica desactivar esa vigilancia interiorizada.

En ese sentido, el libro no es solo teórico, sino político. Pensar el deseo supone revisar las estructuras que lo condicionan: la pareja, la monogamia normativa, la idea de romanticismo como destino, la jerarquía entre prácticas sexuales. Torres no prescribe modelos alternativos cerrados, pero sí cuestiona la naturalización de los existentes. El erotismo se presenta como una herramienta crítica capaz de desestabilizar lo que parecía incuestionable.

La dimensión lesbiana de su reflexión no funciona como etiqueta identitaria, sino como punto de fuga. Desde esa posición situada, Torres explora cómo el deseo entre mujeres ha sido históricamente invisibilizado o fetichizado. Al recuperar esa experiencia desde dentro, desplaza el centro del relato. El placer deja de estar mediado por la expectativa masculina y se convierte en territorio de exploración propia.

Formalmente, El pensamiento erótico rehúye la linealidad. El texto avanza en espiral, retomando conceptos y reformulándolos desde ángulos distintos. Esa estructura responde al propio planteamiento del libro: el deseo no es progresivo ni acumulativo, sino circular, reiterativo, a veces contradictorio. La escritura adopta esa lógica y la convierte en forma.

Torres también introduce una reflexión sobre el lenguaje. El erotismo no es solo experiencia corporal, sino narración. ¿Qué palabras utilizamos para nombrar el placer? ¿Qué metáforas heredamos? ¿Qué silencios reproducimos? La autora señala que la pobreza o violencia del vocabulario disponible condiciona la imaginación erótica. Ampliar el lenguaje es ampliar la posibilidad de vivir el deseo de otro modo.

En varios pasajes, el libro se detiene en la fragilidad y la vulnerabilidad como componentes del erotismo. Frente a una cultura que asocia el poder sexual con el dominio o la conquista, Torres subraya la dimensión de exposición que implica desear. El deseo no solo afirma, también desarma. En esa tensión encuentra una potencia política que desborda el ámbito íntimo.

La apuesta de El pensamiento erótico se inscribe en una tradición literaria que entiende la experiencia femenina como materia legítima de pensamiento. La intimidad deja de ser anecdótica para convertirse en categoría crítica. El cuerpo no es objeto de estudio externo, sino sujeto que produce teoría.

El libro se mueve entre la claridad argumentativa y la densidad conceptual. No simplifica debates ni evita zonas incómodas. Interroga la relación entre placer y culpa, entre deseo y violencia, entre libertad y responsabilidad afectiva. El erotismo aparece así como un campo atravesado por tensiones históricas que no pueden ignorarse.

Lejos de ofrecer recetas o consignas, Sara Torres propone una práctica: detenerse a pensar qué significa desear y desde dónde se desea. Esa invitación, formulada desde una escritura que combina rigor y sensibilidad, sitúa el erotismo como una cuestión central en el debate feminista contemporáneo.

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