Cuando la gente piensa en un buque de la Armada, piensa en el frenetismo de la acción. Pero para que todos los aparatos y buena parte de la embarcación funcionen, hay una persona que se encarga del mantenimiento, reparación y revisión del correcto funcionamiento de la electricidad. Y ese destino es el del oficial de electricidad.
En este caso, una oficial. La alférez de navío Andrea Encinar cuenta su experiencia en este puesto. Se trata de una labor muy reconfortante, pero también dura por las largas temporadas lejos de casa.
Del interior de Castilla y León, hacia alta mar

Andrea Encinar Montero es una joven de 26 años, nacida en Ávila.
Aunque su origen es de una ciudad de interior, a Andrea siempre le ha gustado el ambiente cercano al mar. Quería vivir en la costa, y aportar su granito de arena en alguna de las múltiples costas de España. Al fin y al cabo, nuestro país está rodeado de agua.
Le llamó la atención la posibilidad de acceder en la Armada porque ella siempre ha querido aportar algo al país. Para ella, tener una profesión donde puede estar activa, y poder ayudar a los demás, era lo más importante.
Y en este ejército de las Fuerzas Armadas, encontró la unión perfecta entre vocación altruista y pasión marítima.
Así pues, tras superar la oposición, Encinar consiguió su deseado ingreso. Fue parte de la “promoción COVID” de Elcano, el buque escuela de la Armada. Mientras el mundo estaba estaba confinado, el A-71 surcaba los mares.
Cuando se detenía en algún puerto, Andrea y sus compañeros no podían abandonar el buque para evitar riesgos de contagio. Fue difícil por esta parte, pero la joven hizo muy buenos amigos a bordo que espera que duren para toda la vida.
Se convirtió en alférez de navío, y acabó destinada en el buque de asalto anfibio Castilla (L-52) de la Armada. Este buque tiene su base naval en Rota, Cádiz.
Cómo es ser oficial de electricidad en un buque de asalto de la Armada

La especialidad de la alférez es Electricidad, por lo que trabaja en la sección de máquinas del mencionado buque de la Armada. Y su destino específico es el de oficial de electricidad.
Según contó el año pasado en una entrevista concedida a COPE Ávila, tiene la responsabilidad sobre la electricidad del Castilla. Desde los aparatos eléctricos hasta los mayores componentes que dependan de esta energía. Su deber es asegurarse de que todo funcione correctamente y que el L-52 pueda llevar a cabo sus operaciones en perfectas condiciones.
Junto al mantenimiento, las labores de reparación también están a la orden del día. Y más allá de las tareas a bordo, los oficiales electricistas también tienen las capacidades de trabajar en las instalaciones de tierra relacionadas con las operaciones marítimas.
La abulense tiene claro lo que más disfruta de su profesión: navegar. Es cierto que tiene que pasar mucho tiempo lejos de casa y de su familia, y el debes les lleva a menudo muy lejos de España.
Pero gracias al apoyo de los compañeros y compañeras, se crean vínculos que acaban convirtiéndose “en una segunda familia”, según lo describe. “Nunca te llegas a sentir sola”, afirma rotundamente.
Curiosamente, la alférez trabaja en un buque con una gran presencia femenina. Cerca del 40% de las personas a bordo del Castilla son mujeres, y para Encinas es una muestra del avance de la integración en las Fuerzas Armadas españolas.
Ella es muy feliz en su profesión, al margen de los días duros y de las largas temporadas lejos del hogar. A las mujeres que sienten que podrían encontrar una salida en la Armada, la alférez de navío Encinar les dice: “Si alguien tiene la vocación, le animo a que siga adelante y lo intente, porque no hay ningún tipo de barrera para nadie“.
