Queralt Castellet afronta Milán-Cortina con la calma de quien ha aprendido a convivir con la presión y con la ambición intacta de seguir haciendo historia. A sus 36 años, la snowboarder catalana se convertirá en la primera española en competir en seis Juegos Olímpicos de Invierno, un logro que va mucho más allá de las medallas. Plata olímpica en el halfpipe de Pekín 2022, Castellet llega a esta nueva cita convencida de que aún es posible subir de nuevo al podio. Pero detrás de esa seguridad hay un camino largo, duro y lleno de renuncias que rara vez se ve.
“Me encuentro muy bien anímica y físicamente. Con muchísimas ganas e ilusión”, asegura antes de viajar a Italia. Una frase sencilla que esconde años de sacrificio extremo, de entrenamientos lejos de casa y de una lucha constante por mantenerse en la élite de un deporte tan exigente como el snowboard.
Una vida marcada por la renuncia
El éxito de Queralt Castellet no se entiende sin su temprana apuesta por el snowboard. Desde muy joven tuvo claro que, para competir con las mejores del mundo, debía salir de España. Eso implicó mudarse durante largas temporadas a lugares como la Cerdanya, Nueva Zelanda o Estados Unidos, donde las condiciones de entrenamiento son óptimas, pero el coste personal es alto. Lejos de su familia y amigos, aprendió pronto a convivir con la soledad y la disciplina.
Ese aislamiento forma parte del sacrificio silencioso que acompaña a muchos deportistas de invierno españoles. Sin una gran estructura detrás y con recursos limitados, Castellet ha tenido que construir su carrera con paciencia, perseverancia y una enorme capacidad de adaptación, tanto dentro como fuera de la nieve.
Lesiones, golpes y resiliencia
El camino no ha estado exento de obstáculos físicos. A lo largo de su trayectoria, Queralt ha sufrido caídas durísimas y lesiones que habrían frenado a muchas deportistas. Algunas de ellas la obligaron a parar durante meses, a empezar de cero y a enfrentarse al miedo de volver a lanzarse por un halfpipe de varios metros de altura.
Uno de los momentos más delicados llegó tras una aparatosa caída que le provocó lesiones graves y la dejó fuera de competición durante buena parte de una temporada. El proceso de recuperación fue lento y exigente, tanto física como mentalmente. Volver a confiar en su cuerpo y en su técnica fue casi tan difícil como sanar las heridas. Pero Castellet regresó, una vez más, demostrando una resiliencia admirable.
El peso de lo invisible
Más allá del físico, el mayor reto ha sido mental. El snowboard de élite exige tomar decisiones en décimas de segundo, asumir riesgos constantes y gestionar el miedo como parte del proceso. Queralt ha reconocido en más de una ocasión que aprender a convivir con ese miedo ha sido clave para alargar su carrera.
A ello se suman los golpes emocionales. La pérdida de personas importantes en su vida marcó un antes y un después en su forma de competir y de entender el deporte. Lejos de rendirse, transformó el dolor en motivación, encontrando en la tabla una vía de expresión y una razón para seguir adelante cuando todo parecía cuesta arriba.
Prepararse para seguir soñando
La preparación para Milán-Cortina ha sido tan meticulosa como discreta. Castellet ha trabajado en perfeccionar detalles técnicos, pero también en cuidar su cuerpo y su mente, consciente de que a estas alturas la diferencia está en la gestión global del rendimiento. No se trata solo de hacer los mejores trucos, sino de llegar en equilibrio.
El halfpipe de Livigno, donde competirá el próximo día 12, será un escenario exigente. Rivales más jóvenes y con menos desgaste físico se medirán a una deportista que aporta algo distinto: experiencia, temple y una enorme capacidad para competir bajo presión.
Un legado que va más allá de las medallas
Competir en seis Juegos Olímpicos no es solo un récord, es la confirmación de una carrera construida desde la constancia y el amor por el snowboard. Pase lo que pase en Italia, Queralt Castellet ya ha ganado algo que no se mide en resultados: el respeto del circuito internacional y el reconocimiento como una pionera del deporte español.
Su “calvario” no ha sido en vano. Cada caída, cada renuncia y cada día lejos de casa han cimentado una trayectoria que demuestra que el éxito eterno no se logra solo con talento, sino con una determinación inquebrantable. Y Queralt Castellet, una vez más, está lista para demostrarlo.
