En la vida, como en el deporte, hay figuras que son leyendas y que se convierten en un ejemplo a seguir para todas las generaciones venideras. En el tenis, un deporte con tanta historia, no se vive una excepción. Podrían ser muchos los nombres que ocupasen ese lugar de referencia. Pero hay uno que emerge por encima del resto: el de Althea Gibson.
Para muchas personas enfocadas en el presente puede ser una persona totalmente desconocida. Su lucha, la de una mujer tratando de sobrevivir a la discriminación racial en Estados Unidos, se ha ido empujando hacia los márgenes. Así, el reconocimiento que debería de tener no lo tiene y muchas pelean ahora porque se le atribuya lo que le pertenece.
En Artículo 14 sumamos nuestro granito de arena en ese movimiento activo. Y, coincidiendo con el 75 aniversario de un hito histórico, explicamos los motivos que hacen de Althea Gibson una de las figuras más importantes en la historia del tenis. Su historia es de película y reúne aspectos que conforman una vida cargada de retos que culminó en un legado único.
Thank you Althea, for 75 years of change. 💙
During the 2025 US Open, we're honoring the 75th anniversary of Althea Gibson breaking the color barrier in tennis. pic.twitter.com/Pid2cLNJ6y
— US Open Tennis (@usopen) August 25, 2025
La lucha de clases, presente desde la infancia
Althea Gibson nació el 25 de agosto de 1927 en Silver, Carolina del Sur (Estados Unidos). Sin embargo, sus padres decidieron mudarse pronto a un lugar que se convirtió, a la postre, en el epicentro de la historia de su hija: el barrio de Harlem en Nueva York. Allí Gibson dio sus primeros pasos en el mundo del deporte e inició una batalla que cambiaría para siempre el tenis.
Comenzó a practicar deporte porque el destino así estaba escrito. Enfrente de su casa había un área de juego que le ayudó a desarrollar una condición atlética que no tardó en llamar la atención. Fue entonces, con 12 años, cuando conoció el tenis en el primer gran choque cultural que afrontó a lo largo de su vida.
Gracias al músico de jazz Buddy Walker comenzó a entrenar en el Cosmopolitan Tennis Club de la mano de Fred Johnson, su primer entrenador. Un escenario común para la clase negra adinerada, pero totalmente contrario a la dureza que vivía Gibson en las calles de Harlem.
Sin embargo, no fue un impedimento para que Althea adquiriera las habilidades que años más tarde maravillaron al público. De hecho, su ascenso en la Asociación Estadounidense de Tenis (ATA), la organización deportiva negra más antigua de Estados Unidos, fue imparable. Un crecimiento que le abrió más puertas para seguir creciendo como persona y como tenista.
Un gesto decisivo en la carrera de Althea
En la primera mitad del siglo XX, el tenis era un deporte estrictamente reservado para la población blanca con dinero. Tanto es así que, ante el auge de deportistas de raza negra, se crearon dos circuitos independientes para que las razas no se mezclasen en los torneos. Una distinción social y una lucha racial que cambiaría en 1950 con Althea Gibson como protagonista.
Para entonces, la tenista estadounidense ya ganaba torneos y desplegaba su magia en las pistas. Esto derivó en una oportunidad única en el año 1949 con la participación de Gibson en el Campeonato Nacional de pista cubierta. Ahí se convirtió en la primera mujer negra de la historia en competir en un evento organizado por la USLTA. Pero no todo eran noticias positivas, porque al mismo tiempo se le prohibió competir en lo que hoy se conoce como el US Open.
Esa discriminación tuvo réplica, pero no por parte de Gibson. Alice Marble, cuatro veces campeona de los Nacionales de Estados Unidos, pidió por escrito que dejaran participar a Althea, en lo que fue un desafío total a la cultura de exclusividad que tenía la USLTA. Pero la reprimenda de la campeona surgió efecto y en 1950 Althea Gibson participó en los Nacionales.
“La pusieron a jugar en una cancha muy alejada a la que era difícil llegar y que tenía un área de visión diminuta para la gente. Cambiaron las reglas y enviaron a fotógrafos para tomar fotos de su partido, algo que no se permitía con el resto”, relata Sally Jacobs, autora de un relato biográfico sobre Gibson.
Un trato vejatorio
El hito de ser aceptada en aquellos nacionales no supuso el final de los acontecimientos discriminatorios contra Althea Gibson y el resto de deportistas de raza negra. En su carrera posterior, Althea vivió en sus carnes tratos crueles por su color de piel. En algunos torneos no le permitían acceder a los vestuarios del club, ni a determinadas zonas e incluso tenía que dormir en su coche porque no permitían que se alojara en los hoteles.
Una degradación que le llevó a encontrar a su alma gemela sobre la pista: Angela Buxton. La tenista británica era judía, por lo que vivía episodios de discriminación similares a los de Althea. En la pista formaron un binomio exitoso que les llevó a ganar títulos como el Abierto de Francia o Wimbledon.
Pero no fue en la modalidad de dobles la única en la que consiguió grandes proezas la protagonista de esta historia. En 1956 se convirtió en la primera mujer negra de la historia en ganar un título individual de Grand Slam al conquistar Roland Garros. Y un año después repitió gesta en Wimbledon, dejando una imagen para la historia.
La reina Isabel II le entregó la corona del Grand Slam británico y, a su vuelta a Estados Unidos, fue recibida por más de 100.000 personas en un desfile triunfal por las calles de Nueva York. Ella, una joven que había cambiado las reglas del juego en el tenis y en la discriminación racial, estaba en la cúspide. Pero no todo era felicidad…
El dinero, otro revés para Gibson
Pese a que los títulos no dejaban de llegar y Althea Gibson era la mejor tenista del planeta, era inviable que la estadounidense siguiera dedicando su vida al tenis. En aquellos tiempos, a diferencia de ahora, los tenistas no recibían premios en metálico por su rendimiento en las pistas.
Por ello, llegó un momento en el que Althea tuvo que decir basta y buscar otras alternativas para poder vivir. El mundo del entretenimiento, el golf (se convirtió en 1964 en la primera mujer negra miembro de la Ladies Professional Golf Association) y clínics de tenis.
Todo para sobrevivir, pero dejando atrás la gloria y el éxito de los campeonatos. Eso sí, su adiós fue el inicio de un legado que siguieron después otras figuras que viven hoy en los libros de historia del deporte y, más concretamente, del tenis. Su historia es de pura inspiración y en ella recaen todas esas puertas que se derribaron en la pelea por acabar la discriminación entre razas.
Serena Williams, una de las tenistas más laureadas de la historia, es una de las personas que agradece y reconoce el camino que abrió al resto Althea Gibson. “Para mí fue la pionera más importante en la historia del tenis. Era negra, se parecía a mí y su lucha me abrió muchas puertas”, comentaba Serena.
Un reconocimiento tardío
Los episodios que Althea afrontó a lo largo de su vida derivaron en un final triste, alejada de los focos y sin contar con el reconocimiento que debe de tener una figura como la suya. En el año 2003, a los 76 años, Althea Gibson se marchó de un mundo que ahora, en tiempos recientes, reconoce por fin todas sus metas y logros conquistados.
En este US Open su imagen inunda el Centro Nacional de Tenis USTA Billie Jean King. No es para menos, este 2025 se cumplen 75 años desde que rompiera la gran barrera racial, la que le convirtió en la primera tenista negra en disputar un Grand Slam.
This year’s US Open artwork draws from the many layers of Althea Gibson’s story, creating something truly powerful! 🎨 pic.twitter.com/udy426aJUa
— US Open Tennis (@usopen) August 25, 2025
¿Demasiado tarde? Puede ser, pero mejor ahora que nunca. Althea Gibson fue pionera en el mundo del tenis y hoy este deporte es de la forma en la que todos lo apreciamos por figuras como la suya. Su recuerdo vive hoy más presente que nunca y su legado sigue dejando huella en nuevas generaciones. Simplemente, la historia de Althea Gibson.