A Aryna Sabalenka todavía le queda una bala para evitar que 2026 termine dejando un sabor agridulce. La bielorrusa llega a la recta final del curso con la sensación de haber dejado asuntos pendientes en una temporada que prometía mucho más. Sigue siendo una de las grandes figuras del tenis mundial, aunque su año ha tenido más sombras de las habituales. Mientras su nombre no deja de ganar peso lejos de las pistas, la última gran cita del calendario aparece como el escenario perfecto para reivindicarse y recuperar parte del terreno perdido.
Un año que perdió fuelle
El calendario de Aryna Sabalenka ha tenido momentos de brillo, pero no el desenlace que esperaba una tenista acostumbrada a marcar el ritmo del circuito. La bielorrusa levantó tres trofeos en 2026: Brisbane, Indian Wells y Miami. Especialmente significativo fue su paso por Estados Unidos, donde encadenó los dos WTA 1000 y completó el Sunshine Double, una hazaña que únicamente habían conseguido otras cuatro jugadoras en la historia del tenis femenino. Un comienzo de temporada que invitaba a pensar en otro año de dominio.
Sin embargo, los títulos no han terminado de compensar la ausencia de grandes conquistas. Sabalenka se ha quedado sin levantar ningún Grand Slam, pese a alcanzar las finales del Open de Australia y el US Open, y tampoco ha podido conservar el número uno mundial que ocupaba desde octubre de 2024. Elena Rybakina tomó el relevo tras el torneo neoyorquino y puso fin a un reinado de 99 semanas consecutivas de la bielorrusa. Un balance que, sin ser pobre en resultados, queda por debajo de lo que se esperaba de una jugadora de su dimensión.

La confianza bajo mínimos
El cambio de rumbo llegó después de conquistar Indian Wells y Miami. Sabalenka había firmado un arranque casi impecable, con 26 victorias en sus primeros 27 encuentros, pero la primavera terminó convirtiéndose en un terreno incómodo. La tierra batida sacó a relucir sus dificultades para mantener la regularidad y Roland Garros dejó una de las imágenes más duras de su temporada. En los cuartos de final, la bielorrusa desperdició una ventaja de 6-3 y 4-1 ante Diana Shnaider y acabó perdiendo el encuentro después de encajar diez juegos consecutivos. La frustración fue tal que llegó a reconocer que quería dejar el tenis en aquel momento y que había caído en un “agujero oscuro“.
La herida tampoco se cerró en Wimbledon, donde Naomi Osaka la apartó en octavos de final, su eliminación más temprana en un Grand Slam desde 2022. La acumulación de tropiezos empezó a pasarle factura también en el plano anímico, aunque Nueva York supuso un punto de inflexión. Pese a volver a quedarse sin el título, Sabalenka reconoció que allí había recuperado sensaciones: se encontraba más fuerte físicamente, volvía a disfrutar compitiendo y había reencontrado parte de la mentalidad que la había llevado a lo más alto. Una recuperación que necesita confirmar en el último desafío del calendario.

El otro triunfo de Sabalenka
Mientras los resultados no terminan de acompañarla sobre la pista, Aryna Sabalenka sí encuentra motivos para celebrar lejos de ella. El pasado mes de marzo, la bielorrusa recibió una de las noticias más especiales de su vida: Georgios Frangulis, su pareja desde 2024, le pidió matrimonio. Un capítulo personal que añade otro motivo de celebración a un año en el que, al menos fuera de la competición, las alegrías no han faltado.
Su dimensión como figura pública también ha dado un salto importante. SportsPro la ha situado en lo más alto de su clasificación de los 50 deportistas más comercializables del mundo en 2026, con 80,95 puntos sobre 100. Aryna ha escalado desde el puesto 27 que ocupaba el pasado año para superar a nombres como Cristiano Ronaldo, decimocuarto, y Leo Messi, vigesimoséptimo. Por delante de todos ellos aparece ahora la tenista, que encabeza una lista en la que también figuran Eileen Gu, Giannis Antetokounmpo y Erling Haaland.
Su atractivo para las marcas no es casualidad. Nike y Wilson son dos de sus principales socios comerciales, a los que se suman acuerdos con firmas de prestigio como Gucci, Emirates, Audemars Piguet y Whoop. Una imagen que ha sabido construir más allá de sus resultados y que explica por qué su influencia no deja de crecer. Mientras busca recuperar el trono dentro de la pista, Aryna ya ocupa el número uno en otro terreno.

La última corona en juego
Las WTA Finals echarán el cierre a la temporada del 8 al 15 de noviembre en el Indian Wells Tennis Garden, en California. Las ocho protagonistas ya están confirmadas: Elena Rybakina, Aryna Sabalenka, Mirra Andreeva, Jessica Pegula, Coco Gauff, Elina Svitolina, Karolina Muchova y Linda Noskova. El torneo se disputará en el Stadium 2, que se convertirá en el escenario exclusivo de los encuentros durante una semana en la que las mejores del circuito pelearán por levantar el último gran trofeo del año.
La elección de Indian Wells supone un cambio de planes. La cita tenía previsto continuar en Riad, donde se celebró las dos últimas ediciones, pero la WTA y la Federación Saudí de Tenis acordaron poner fin a su contrato un año antes de lo previsto. La ruptura dejó libre la sede de 2026 y el torneo encontró acomodo en uno de los escenarios más reconocidos del tenis mundial.
La vigente campeona es Rybakina, que derrotó precisamente a Sabalenka en la final de 2025. La bielorrusa buscará su primer título en este torneo, después de haber perdido también la final de 2022 ante Caroline Garcia. Eso sí, Indian Wells le trae recuerdos mucho más amables: allí conquistó en marzo el primero de los dos títulos que le permitieron completar el Sunshine Double, después de imponerse a la propia Rybakina en la final y salvar una bola de partido. El desierto californiano ya fue el escenario de uno de sus grandes momentos del año; ahora puede convertirse en el lugar donde Sabalenka le dé la vuelta a una temporada que todavía tiene una última página por escribir.

