Atlanta Dream está cada vez más cerca de conquistar el primer anillo de su historia. La franquicia de Georgia ha tomado ventaja en las finales de la WNBA ante las Golden State Valkyries tras imponerse esta madrugada por 97-71 en el tercer encuentro, un paso más en una temporada que puede marcar un antes y un después. Desde su nacimiento en 2008, Atlanta ha perseguido una gloria que se le ha escapado en tres finales anteriores. Ahora, con una nueva generación al frente y un proyecto que ha crecido dentro y fuera de la pista, el sueño vuelve a estar al alcance.
Un anillo que se resiste
Fundadas en 2008, las Atlanta Dream encontraron muy pronto su sitio entre los equipos competitivos de la WNBA. Apenas dos años después de su nacimiento, la franquicia alcanzó sus primeras finales, liderada por Angel McCoughtry y Erika de Souza. Sin embargo, el estreno en la lucha por el título terminó con una derrota por 3-0 ante las Seattle Storm. Lejos de quedarse ahí, Atlanta volvió a disputar el campeonato en 2011 y 2013, aunque el desenlace fue idéntico en ambas ocasiones, esta vez frente a las Minnesota Lynx.
Tres finales y ninguna recompensa para un equipo que llegó a conquistar el título de la Conferencia Este en aquellas tres temporadas, pero que nunca logró dar el último paso. Después de su última aparición, en 2013, las Dream tuvieron que esperar trece años para regresar al escenario más importante de la competición, atravesando diferentes etapas deportivas sin conseguir recuperar aquella regularidad.
Ahora, Atlanta vuelve a tener ante sí la oportunidad de saldar una deuda histórica. La franquicia afronta sus cuartas finales sin ningún campeonato en sus vitrinas, una asignatura pendiente que acompaña al equipo desde sus primeros años y que convierte esta temporada en una ocasión para cambiar el rumbo de su historia.

El faro de Atlanta
El regreso de Atlanta a la élite tiene nombre propio: Angel Reese. La ala-pívot llegó en abril desde Chicago Sky y ha convertido su capacidad para dominar el rebote en una de las grandes armas de las Dream. En su primera temporada con la franquicia ha promediado 16,4 puntos y 12,1 rebotes, firmó 32 dobles-dobles y estableció un récord de la WNBA con 521 capturas. Su impacto también se reflejó en defensa, hasta el punto de convertirse en la primera jugadora de Atlanta en ganar el premio a mejor defensora de la competición. Pero reducir el salto de las Dream a una sola figura sería quedarse a medias.
El equipo cerró la fase regular con 30 victorias y 14 derrotas, igualando el mejor balance de su historia, y terminó tercero en anotación, con 91,3 puntos por encuentro. Buena parte del mérito corresponde a un trío que ha acompañado a Reese durante toda la temporada: Rhyne Howard, segunda máxima anotadora del equipo con 17,7 puntos por partido, Allisha Gray, que lideró al conjunto con 19, y Jordin Canada, encargada de dirigir el juego y generar pérdidas rivales. Las tres, junto a Reese, han dado forma a un equipo capaz de hacer daño en ataque y de asfixiar a sus rivales desde la defensa.
La identidad de Atlanta se entiende precisamente en ese equilibrio. Howard, Canada y Reese terminaron entre las tres mejores de la liga en robos por partido, mientras que el equipo lideró la competición en puntos generados tras pérdidas rivales. Bajo la dirección de Karl Smesko, las Dream pasaron de firmar una buena temporada regular a eliminar a Washington y barrer a las New York Liberty en finales de conferencia. Un recorrido que demuestra qué no solo tienen una estrella, sino un bloque con fórmula propia para competir.

Mas que una franquicia
Atlanta quiere que su crecimiento no se mida únicamente en victorias, sino también en todo lo que sucede alrededor de ellas. La franquicia ha convertido su vínculo con la ciudad en una de sus señas de identidad, con iniciativas que buscan acercar el baloncesto a las más jóvenes y abrir nuevas oportunidades para las mujeres. También ha impulsado proyectos para apoyar a pequeños negocios locales, especialmente aquellos dirigidos por mujeres y emprendedores de comunidades con menos oportunidades. La intención es que las Dream no sean solo un equipo al que acudir una noche, sino una parte reconocible de la vida de la ciudad.
Esa conexión también se traduce en acciones que van más allá del deporte. En 2025, la franquicia se alió con Cash App y ForgiveCo para cancelar diez millones de dólares en deudas de 3.500 habitantes de Atlanta. Una iniciativa que refleja la dimensión social que el club quiere dar a su proyecto y que acompaña a su apuesta por el baloncesto femenino como herramienta para generar oportunidades. No se trata únicamente de atraer seguidores, sino de construir una comunidad que se sienta representada por el equipo.
Y la respuesta del público demuestra que algo está cambiando. Las Atlanta Dream encadenaron 50 partidos consecutivos con entradas agotadas y han tenido que ampliar su presencia en el State Farm Arena para responder a la demanda. Desde 2027, jugarán allí todos sus encuentros como locales, en un recinto con mucha más capacidad que su anterior pabellón y con más opciones para recibir a nuevos aficionados. Esta franquicia todavía persigue su primer anillo, pero ya ha conseguido algo importante: que su sueño empiece a ser compartido por toda una ciudad.

