Profesiones imposibles

Belén Rodríguez: “Ser carnicera no es solo atender al cliente, también es ser gestora y empresaria”

Belén Rodríguez Jiménez es la cara visible de un negocio que es mucho más que un punto de venta: es la continuidad de una historia familiar y el desarrollo de un oficio que requiere de múltiples habilidades

En el interior del Mercado de Santa María de la Cabeza, en Madrid, hay un puesto donde el ritmo de trabajo no se detiene. Detrás del mostrador, al frente de la Carnicería La Alacena, está Belén Rodríguez Jiménez. Ella es la cara visible de un negocio que es mucho más que un punto de venta: es la continuidad de una historia familiar y el desarrollo de un oficio que requiere de múltiples habilidades.

En su caso, la carnicería no fue una evolución natural de lo que veía en casa. “Ya mi abuelo tenía un puesto en el mercado de Ventas, y mi padre también se dedicó al sector cárnico, cuando dejé los estudios empecé a trabajar en una carnicería de mi padre, donde conocí a mi marido que entró de aprendiz y ese mismo año nos independizamos y montamos nuestro negocio hasta hoy”. Su trayectoria está atravesada por esa continuidad generacional, pero también por la construcción de un proyecto propio.

El día a día

Su día a día empieza temprano, mucho antes de levantar la persiana. La rutina no es solo abrir la tienda sino organizar todo lo que ocurre antes. Es un trabajo intenso que su clientela no ve cuando acude a comprar. “El día empieza pronto, en mi caso antes de ir a la tienda organizo los pedidos, temas de facturación y bancos, antes de abrir hay que preparar el género para colocar mostradores, preparar pedidos y hacer nuestros elaborados”. El oficio no es solo cortar carne, hay que hacer las veces de gestora y empresaria, es mucho más que atender al cliente. Y es muy exigente. “Es mover peso y el ritmo cuando hay mucho volumen de pedidos, pero quizás lo más exigente es la acumulación de horas y el ritmo continuo durante toda la jornada”. Son horas de pie, atención constante y un ritmo mucho más amplio que el horario comercial.

Belén Rodríguez, carnicera

Quizás por tenerlo tan presente en casa, Belén no ha tenido que adaptarse al contacto con la carne, al olor a sangre, a los cuchillos afilados. “Siempre he estado en contacto con el sector cárnico, ha formado parte de mi día a día desde pequeña. Al final, cuando conoces el producto y trabajas con él con profesionalidad, lo ves de otra manera”. Esa familiaridad convierte su oficio en algo cotidiano, casi natural.

Pero detrás del mostrador no hay solo rutina, sino conocimiento técnico acumulado durante años. “He aprendido de manera muy práctica, viendo trabajar a mi padre primero y luego a los profesionales con los que he trabajado. La experiencia diaria junto a mi marido, la observación y mucha práctica, es importante preguntar, fijarte en los detalles… no es solo cortar, es conocer el producto y saber qué necesita cada cliente”. Hay que entender el producto, recomendar y ajustar cada pieza a quien la compra.

Belén Rodríguez, carnicera

El riesgo de posibles cortes mientras trabaja también forma parte de su jornada laboral. “Nuestra herramienta principal son los cuchillos, hay que tenerles respeto, y cuando tienes que trabajar más deprisa tienes que estar atento y tomar precauciones”.

Tradicionalmente, espacio masculinizado

La carnicería ha sido tradicionalmente un espacio masculinizado, pero la realidad está cambiando. “Los clientes valoran cómo trabajas, el trato y la calidad del producto, hoy en día ya sorprende cada vez menos, está bastante normalizado y en mi experiencia nunca he tenido problemas por ser mujer. En nuestro negocio cada uno tiene sus funciones, trabajamos en equipo con total normalidad”.

Sin embargo, el reconocimiento del oficio sigue siendo una asignatura pendiente. “Es un oficio que no está lo suficientemente valorado. Detrás hay mucho conocimiento, mucha experiencia y mucho trabajo diario que no siempre se ve. No es solo vender carne, es asesorar, preparar elaborados para innovar, adaptarse a cada cliente y mantener una calidad constante. Es un trabajo muy completo y que requiere mucha dedicación”.

En un momento en el que muchos oficios tradicionales luchan por mantenerse, historias como la de Belén Rodríguez muestran la entrega que requiere ser la carnicera del barrio. Jornadas infinitas detrás de un mostrador, atendiendo con buena disposición, con el mejor género, para que el cliente vuelva la semana siguiente.