El accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) ha dejado en estado de shock a todo un país. La red de alta velocidad española se había convertido en un símbolo de prosperidad. La posibilidad de un defecto de fábrica en el carril, que no detectado en la vía, pueda ser el causante de la muerte de 45 personas es una losa para la ya deteriorada imagen de Adif. Es pronto para extraer conclusiones, aunque los indicios apuntan en esa dirección. Y de ahí surgen, además, algunas preguntas incómodas. ¿Cómo ha podido pasar? ¿Es seguro viajar en tren? ¿Cómo afectará a la imagen de España? ¿Frenará el turismo?
En ese supuesto, si un problema en la vía fue el desencadenante, el Ministerio de Transportes deberá “reflexionar” sobre si los controles actuales son suficientes. En esos términos se ha expresado ya el propio Óscar Puente. El daño a la imagen de España sería mayúsculo. Esa es la preocupación que ya circula por los pasillos de FITUR, que se celebra estos días en Madrid. La suerte ha querido que la crisis ferroviaria coincida en fechas con el gran salón turístico de España. La inquietud es palpable, sobre todo cuando la industria aporta el 12,6% del PIB nacional y espera para 2026 una cuota similar.
Reacción entre turistas
Pero no parece que esa inquietud se vaya a convertir en una preocupación real. Al menos por el momento. Mario Sorribas-Fierro, profesor de la OBS Business School, especialista en marketing y conocedor de la industria turística, llama a la prudencia. “Conocemos casos en el pasado que podrían ser comparables”, abunda el experto, citando el desastre de Angrois de 2013 o incluso la tragedia de Spanair en Barajas de 2008. “No se generó pánico a la hora de viajar a España”.
El profesor Sorribas, eso sí, hace referencia a los antecedentes. Pero también matiza que el escenario podría ser distinto si en los próximos meses se descubriera que los problemas en la red ferroviaria son “sistémicos”, y desencadene más siniestros.

España mantiene su espinita clavada: en 2025 tampoco logró superar los 100 millones de turistas internacionales. Las cifras oficiales del Ministerio de Industria y Turismo arrojaron un saldo de 97 millones de visitantes con un gasto total de 135.000 millones de euros, un 6,8% más que en 2024. El ministro Jordi Hereu aseguró que el país está “creciendo de la manera y al ritmo deseable”. Pero el sector empieza a entrar en ralentí y la crisis ferroviaria no es la mayor de sus preocupaciones. Por el momento.
El otro gran desafío
Según el INE, Reino Unido fue el principal mercado emisor de turistas para España, con 18,2 millones de visitantes en 2025. En la última semana, y con un margen de dos días, su Ministerio de Exteriores emitió dos avisos urgentes. El primero de ellos, relacionado con el accidente de Adamuz del domingo. “Se prevén importantes interrupciones en los servicios ferroviarios entre Madrid y Andalucía”. La segunda alerta, horas después, por Gelida. “Se prevén importantes interrupciones en todos los servicios de Cercanías”.
Otro país importante para el turismo español es EEUU. Washington mantiene desde hace meses por las protestas contra el turismo de masas en algunos puntos del país y por la amenaza terrorista, aunque tampoco desaconseja viajar. Pero es precisamente el inquilino del Despacho Oval el que podría provocar más distorsión en el sector nacional. Preguntado por los grandes desafíos de la industria -turismo masivo frente a sostenible, estacional frente a desestacionalizado-, Mario Sorribas-Fierro tira de símil futbolístico. “Es como decir al inicio que en una liga solo va a haber dos o tres posibles campeones”.
El académico introduce otra variable. Qué pasará con el dólar, que se devalúa frente al euro “probablemente de forma buscada por las autoridades estadounidenses”. “España recibe a muchos turistas de EEUU y muchos turistas que pagan en esta divisa”, recuerda el experto. Esa devaluación “dificultará que vengan muchos de ellos, procedentes de esos países que normalmente sí vendrían”.
El escrutinio de medios internacionales

Más allá de que el turismo español se enfrente a desafíos de otra magnitud, los incidentes ferroviarios de los últimos días están captando el interés de la prensa internacional. Medios británicos, como el prestigioso The Economist, han llamado la atención en que Renfe y Adif han sido históricamente “refugios para cargos políticos”. Otras cabeceras como The Independent han dedicado ríos de tinta a preguntarse si es seguro viajar en tren de alta velocidad. En los mismos términos se refiere The Washington Post: “Los múltiples accidentes ferroviarios de estos días en España han impulsado preguntas sobre la seguridad en la red del país”. También las cabeceras internacionales han tenido cierto protagonismo en la investigación, sobre todo con las exclusivas de Reuters o el bogie del que informó primero The New York Times.
Algunas empresarias españolas de prestigio, como Laura Urquizu o Elena Gómez Pozuelo, han confesado en redes haber cambiado sus trenes entre Madrid y Barcelona por vuelos. Antonio Martín Carrillo, asesor en la Unión Internacional de Ferrocarriles, se llegaba a preguntar días atrás en la tribuna de un diario nacional “qué está pasando con los trenes en España”. “Los estándares han colapsado”. Martín Carrillo fue jefe de Gabinete del secretario de Estado de Transportes Joaquín Abril Martorell, en el primer Gobierno de Aznar.
Si bien la inversión en infraestructura y mantenimiento ha crecido de forma sostenida en los últimos años (frente al desplome que sufrió durante la crisis y bajo el Gobierno de Rajoy), las quejas de usuarios sobre Adif y Renfe no han hecho más que crecer. Entre 2022 y 2025, la operadora pública se ha desplomado en el Merco, un ranking de reputación empresarial. Ha pasado del puesto 34 al 65. Ouigo figura en la posición 156, e Iryo ni aparece.
Daño reputacional
Que la red de alta velocidad española es un aliciente para muchos turistas extranjeros no ofrece discusión. Sí lo tiene que su efecto sea determinante en el sector. Una investigación de la Universidad de Barcelona de hace una década incidía en que el diseño de la red ferroviaria no arrojaba resultados “consistentemente positivos” al turismo. El análisis desgranaba cómo la red hacía que se perdiese el efecto predictor de la llegada de turistas que sí garantiza una aerolínea.

Por otro lado, el profesor de Economía Industrial de la Universidad Miguel Hernández, Carlos Gutiérrez Hita, remarcaba hace días que el servicio es “fundamental para el turismo” ya que 690 millones de personas usaron el tren en 2024, “un 9% más con respecto a cifras prepandemia”. “Ahora el objetivo debe ser fortalecer la confianza del usuario, evitando que la acumulación de incidencias provoque un trasvase hacia otros medios”.
Este reto no es únicamente local. También afecta a las exportaciones de empresas como Renfe o Adif, e incluso a la imagen de firmas privadas tanto españolas como europeas, véase Talgo o Alstom. Con 4.000 kilómetros, la española es la segunda red de alta velocidad más larga del mundo, lo que ha llevado a Renfe o a Adif a colaborar en el extranjero como proveedoras o consultoras. El vigente plan estratégico de Renfe contempla que para 2028 el 10% de sus ingresos provengan de mercados internacionales.
Por lo pronto, Óscar Puente ha cancelado toda su agenda institucional, y en ella se incluía un encuentro en Arabia Saudí para suscribir la prórroga en el mantenimiento de la línea de alta velocidad entre Medina y La Meca. La tragedia de Adamuz, a expensas de que concluya la investigación, no es una buena carta de presentación en el exterior.


