La guerra de Trump contra la Reserva Federal: por qué Jerome Powell se ha convertido en su mayor enemigo

Si la Reserva Federal cede, el equilibrio entre política y economía en Estados Unidos habrá cambiado para siempre

La batalla entre Donald Trump y Jerome Powell.
KiloyCuarto

Durante décadas, la Reserva Federal ha sido uno de los pocos espacios de poder real en Estados Unidos que permanecían razonablemente a salvo de la batalla partidista. Un banco central diseñado para tomar decisiones técnicas —impopulares cuando hace falta— y guiadas por datos económicos, no por el ciclo electoral. Esa muralla, sin embargo, se ha agrietado. Y en el centro de esa grieta está hoy un nombre propio: Jerome Powell.

El choque entre Donald Trump y la Reserva Federal no es una anécdota ni una disputa de egos. Es una guerra política, institucional y económica por el control del dinero, por el precio del crédito, por quién decide cuándo la economía se acelera o se frena. Y en ese tablero, Powell se ha convertido en el último dique que separa a la política del botón que controla el dólar.

El origen: cuando Trump descubrió que no manda sobre la Reserva Federal

La ironía es que Jerome Powell fue nombrado por el propio Trump en 2017. En aquel momento, el presidente buscaba una figura respetada por los mercados, con perfil técnico y sin una identidad ideológica clara. La Reserva Federal debía transmitir estabilidad mientras Trump prometía una economía en expansión permanente.

El problema apareció cuando la economía real empezó a imponer límites. Powell y el comité de la Reserva Federal se negaron a bajar los tipos de interés al ritmo que Trump exigía. Para la Casa Blanca, unos tipos más bajos eran gasolina electoral: crédito barato, consumo alto, bolsas en máximos. Para la Fed, en cambio, existía un riesgo claro de alimentar inflación, burbujas y desequilibrios.

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Donald Trump.
EFE

Ahí empezó el divorcio. Trump pasó de presumir de su presidente de la Reserva Federal a atacarlo públicamente, acusándolo de frenar el crecimiento, de no entender la economía real y de actuar contra los intereses del país.

Dos visiones irreconciliables

Lo que separa a Trump de Jerome Powell no es solo una cuestión personal. Es un choque entre dos filosofías de poder.

Trump entiende la economía como una extensión de la política. Para él, la Reserva Federal debería actuar como una palanca más del Ejecutivo: bajar tipos cuando la Casa Blanca lo necesita, subirlos cuando conviene, estimular el mercado cuando hay elecciones y enfriarlo cuando ya se han ganado.

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Jerome Powell.
EFE/EPA/SHAWN THEW

Powell, en cambio, representa la visión clásica del banco central independiente. La Reserva Federal no está para ganar elecciones ni para servir a un presidente, sino para estabilizar precios, controlar la inflación y proteger el sistema financiero a largo plazo, incluso cuando eso genera enfado político a corto.

Ese choque de modelos convierte a Powell en un obstáculo. Y en la lógica de Trump, los obstáculos se eliminan.

La escalada: de las críticas al castigo

Durante años, Trump usó el megáfono de las redes y las entrevistas para atacar a la Reserva Federal y a su presidente. Pero en su nuevo mandato la estrategia ha cambiado. Ya no basta con desacreditar, ahora se trata de intimidar.

La investigación penal abierta contra Jerome Powell marca un punto de no retorno. Formalmente, el caso gira en torno a su testimonio ante el Senado sobre las obras de renovación de los edificios históricos de la Fed en Washington. Un proyecto técnico, con retirada de amianto y plomo, convertido de repente en un arma política.

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El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos.
Federal Reserve

Trump acusa a la Reserva Federal de haber disparado el coste del proyecto. Powell sostiene que se trata de trabajos de seguridad y modernización inevitables. Pero el fondo del asunto no es un presupuesto. Es el mensaje: si desafías a la Casa Blanca, el aparato del Estado puede ir a por ti.

Por qué la Reserva Federal es el verdadero premio

La razón de esta guerra es simple: quien controla la Reserva Federal controla el pulso de la economía.

Los tipos de interés determinan cuánto cuesta una hipoteca, un crédito al consumo o la deuda del propio Estado. Deciden si las empresas invierten o se congelan. Influyen en el dólar, en la inflación, en el empleo. Pocas palancas de poder son tan potentes.

Trump quiere una Reserva Federal dócil, alineada con su estrategia política y económica. Powell encarna justo lo contrario: una institución que se resiste a obedecer órdenes.

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Una fotografía de Lisa Cook durante una comparecencia pública.
Archivo

Por eso la presión no es solo personal. Trump ha intentado también apartar a otros miembros del consejo de la Reserva Federal, como Lisa Cook. El objetivo es claro: vaciar el banco central de figuras independientes y reemplazarlas por perfiles leales. Y parece que el presidente no cesará hasta lograrlo.

El temor real: que se rompa una línea histórica

Desde la Gran Depresión, Estados Unidos ha protegido la independencia de la Reserva Federal como un principio casi sagrado. La idea es sencilla: si los políticos pueden manipular el dinero para ganar elecciones, el resultado siempre acaba siendo inflación, crisis y colapsos financieros.

Lo que está en juego con el caso Powell no es solo el futuro de un hombre, sino si la Reserva Federal seguirá siendo un contrapeso al poder político o se convertirá en una oficina más de la Casa Blanca.

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Jerome Powell y Janet Yellen.
Kiloycuarto

Por eso incluso senadores del propio partido de Trump han alzado la voz. Y por eso los mercados han reaccionado con nerviosismo. El oro y la plata se han disparado cada vez que la estabilidad institucional de la Fed ha parecido en peligro.

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