La Conselleria de Educación de la Generalitat Valenciana ha puesto sobre la mesa una propuesta para modificar los criterios generales con los que se fija el calendario escolar. La clave, según el propio departamento, es “mejorar” la organización del curso y permitir que se ajuste mejor a la realidad social de cada municipio. Pero el anuncio ya ha abierto un debate que afecta de lleno a la conciliación: qué días serán lectivos, qué margen real tendrán los ayuntamientos y cómo se gestionarán los cambios sin convertir el curso en un puzle imposible para las familias.
En la práctica, el nuevo calendario escolar de la Comunidad Valenciana se plantea como una actualización de unas reglas que estaban vigentes desde 1998. Ese dato, por sí solo, explica parte del movimiento: no se trata únicamente de mover un par de fechas, sino de revisar el marco con el que se diseña cada curso.
Navidad con un mínimo obligatorio: del 24 de diciembre al 6 de enero
Uno de los puntos más concretos del nuevo calendario escolar de la Comunidad Valenciana está en las vacaciones de Navidad. La propuesta establece que ese periodo deberá abarcar, al menos, “desde el día 24 de diciembre hasta el 6 de enero, los dos incluidos”. Es una horquilla mínima, planteada como criterio general.
Para las familias, esta definición tiene un doble efecto. Por un lado, aporta una referencia estable para planificar viajes, visitas familiares o cuidados en un tramo del año muy sensible. Por otro, deja claro que el debate no estará tanto en el corazón de la Navidad, sino en lo que ocurre alrededor: los días inmediatamente anteriores o posteriores, donde se suele jugar la conciliación real.
Más margen municipal: intercambiar bloques de hasta cuatro días lectivos
La Generalitat sostiene que el nuevo calendario escolar de la Comunidad Valenciana permitiría a los ayuntamientos adaptar “de forma puntual” la organización del curso a circunstancias locales. La fórmula concreta es el intercambio de bloques: se podrían permutar hasta cuatro días consecutivos lectivos por otro bloque de la misma duración.

Ese bloque alternativo, según la propuesta, tendría que coincidir con días inmediatamente anteriores o posteriores a festividades locales o tradiciones de cada municipio, siempre que dichas celebraciones se realicen fuera de los periodos vacacionales ya establecidos. Dicho de otro modo: se abre una ventana para encajar el calendario escolar con la vida real del municipio, pero con límites para que el curso no se desfigure.
Para muchas familias, el atractivo de esta idea es evidente: si un pueblo o ciudad tiene fiestas con fuerte impacto social, se reduce el choque entre escuela y entorno. La otra cara es la incertidumbre: cuanto más flexible es el sistema, más importante se vuelve saber con antelación qué decisiones se toman y cuándo.
Lo que cambia en la vida diaria: conciliación, previsión y coordinación
El nuevo calendario escolar de la Comunidad Valenciana puede influir en algo tan básico como la organización doméstica. Si un municipio decide mover un bloque de días lectivos, las familias tendrán que reajustar horarios de trabajo, apoyos familiares, campamentos o permisos. Y eso solo funciona si el cambio se comunica pronto y se coordina bien.
También aparece un efecto menos visible: la coordinación entre hermanos o centros distintos. Cuando el calendario se vuelve más “local”, cobra importancia que el ajuste se haga con criterios compartidos, o al menos con un calendario municipal claro. Si no, el riesgo es que las familias vivan con la sensación de que cada curso será distinto y difícil de anticipar.
Aun así, la propuesta parte de un argumento que conecta con una demanda recurrente: no todos los municipios viven igual sus fiestas, ni todas las tradiciones tienen el mismo peso. El nuevo calendario escolar de la Comunidad Valenciana pretende que esa diferencia no se gestione a base de parches.
La crítica del sindicato STEPV: “Enfrentará innecesariamente al profesorado y las familias”
La propuesta no ha tardado en encontrar oposición. El sindicato STEPV ha denunciado que el planteamiento de la Conselleria, tal y como lo interpreta, “propone que Navidad y Pascua sean lectivos” y que se negociará en la Mesa Sectorial. En su opinión, el resultado puede ser un choque evitable entre profesorado y familias.
STEPV añade otro elemento: además de mantener los tres días no lectivos que cada Consejo Escolar Municipal determina, la propuesta contemplaría ampliar “de forma excepcional” entre dos y cuatro días más, recuperables en días laborables no lectivos. Y subraya un límite que, sobre el papel, pretende contener el cambio: que no suponga ampliar la duración del curso escolar.

Esta discusión es relevante para las familias por un motivo simple: si entran en juego “recuperaciones” y días laborables no lectivos, la conciliación vuelve a ser el centro del tablero. No tanto por el número de días, sino por cómo se colocan y cómo se explican.
Qué deben mirar ahora las familias: plazos y letra pequeña
En este momento, la Conselleria ya ha trasladado la propuesta a las asociaciones de madres y padres de la Comunitat Valenciana. Esa interlocución es clave, porque el nuevo calendario escolar de la Comunidad Valenciana no se entiende solo en términos administrativos: se entiende en el comedor de casa, en el horario de trabajo y en la logística del cuidado.
A corto plazo, lo decisivo será conocer cómo se concreta la propuesta y qué margen real de adaptación municipal se activa. También será importante observar si el debate se centra en ajustar el calendario a tradiciones locales o si deriva hacia una discusión sobre periodos tradicionalmente sensibles como Pascua.
De fondo, hay una idea que atraviesa todo el asunto: si el calendario se flexibiliza, la previsibilidad tiene que reforzarse. Y eso, para las familias, significa información clara, decisiones con tiempo y un marco común que evite que el curso se convierta en una carrera de cambios de última hora.
