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El grupo de WhatsApp del cole de las madres

Grupos de madres en los que se respira toxicidad, la felicidad de los hijos como termómetro e incluso la necesidad de que una madre sea ‘cool’ hacen ciertamente complicado dominar la maternidad en una sociedad que juzga más que ayuda

En la era de la sobreexposición en la que las redes sociales se convierten en terreno de revancha y en la que incluso las canciones son capaces de convertirse en dardos musicales, la actriz Ashley Tisdale ha ido más allá al acusar a un grupo de madres famosas de tóxico. Y lo ha hecho en el medio The Cut, donde ha publicado un ensayo ciertamente controvertido.

“Recuerdo que me dejaron fuera de un par de planes del grupo, y lo supe porque Instagram se encargó de mostrarme cada foto y cada story. En una de las cenas organizadas por una de las madres, me di cuenta del lugar que ocupaba para ella: sentada al final de la mesa, lejos del resto. Empecé a sentir que me estaban apartando del grupo, fijándome en todas las formas en las que parecía que me excluían. Al principio intenté no tomármelo como algo personal. Me repetía que todo estaba en mi cabeza y que no era para tanto”, escribe.

“Pero ya no estoy en el instituto. Soy madre. Y precisamente porque soy madre no podía quedarme callada. No dejaba de pensar: ¿No se supone que debemos enseñar a nuestros hijos a expresar lo que sienten cuando algo les duele? Así que eso fue exactamente lo que escribí al grupo por mensaje después de quedarme fuera de otro plan más: ‘Esto es demasiado de instituto para mí y no quiero seguir formando parte de ello”, dijo. Y ha considerado que es es mucho más maduro escribir al respecto en un medio conocido

El problema es que estas palabras vuelven a abrir el debate de qué es ser una buena madre e incluso una buena madre y amiga. Porque bien sabemos que las mujeres, a ojos de la sociedad, tenemos que ser todo. Grandes madres. Buenas amigas. Maravillosas amantes. Gentiles esposas…

No es una madre normal, es una madre guay

Lena Dunham ha publicado en su Substack un escrito llamado No es una madre normal: es una madre guay. Y aunque por supuesto es un texto emotivo en el que rinde homenaje a su progenitora, vuelve a hacernos sentir que una madre ahora también ha de ser cool y tener estilazo. Este giro aparentemente naíf se une a un interminable listado que ahoga a las madres.

La Asociación Yo No Renuncio del Club de Malasmadres ha presentado su nuevo informe El peso invisible de la maternidad, que revela que el 82% de las madres ha tenido que tomar decisiones laborales que afectaron a su carrera profesional, como reducir jornada, rechazar ascensos, cambiar de empleo o abandonar su trabajo. Por si fuera poco, un 54% de las madres reconoce haberse sentido juzgada en el entorno laboral tras ser madre.

Pero regresemos a la toxicidad de la que habla Tisdale cuando se refiere al grupo de madres compuesto por Hilary Duff, Meghan Trainor y Mandy Moore, porque a raíz de la publicación del polémico ensayo, no han sido pocas las madres que han asegurado sentirse como la actriz. La periodista Georgina Fuller confiesa en The Telegraph haber abandonado dos grupos de madres al tener la impresión de que en ellos se respiraba un ambiente digno de Chicas Malas.

“Al igual que Tisdale, la experiencia me hizo recordar todas las veces que me sentí excluida por algunas de las chicas malas de mi colegio. Aunque me considero una feminista de pura cepa, creo que los grupos de WhatsApp solo para mujeres (la mayoría de los padres, incluido mi marido, en ese colegio no se enteraban de ningún drama) pueden sacar lo peor de algunas personas”, asegura. “Basta con una abeja reina malvada para desestabilizar el nido y generar disidencia. Los grupos de WhatsApp y las redes sociales lo magnifican, alimentando la paranoia y la ambigüedad. Es muy fácil malinterpretar un comentario casual o asumir lo peor cuando tu comentario no se ha leído”, dice.

Las peleas entre madres que se autoproclaman ‘la madre del año’ llevan tiempo enamorando a la cultura pop y forman parte de la historia del cine y la televisión. Una de las películas más recientes es Mother ‘s Instinct (Vidas Perfectas), donde Jessica Chastain y Anne Hathaway interpretan a dos adineradas amas de casa armadas con la mística femenina de Betty Draper. Armarios perfectos y una estética impoluta que resulta complicada de mantener cuando hay niños de por medio funcionan como constante en una película en la que una vez más, la figura de la buena y la mala madre se hace con la pantalla.

Jessica Chastain y Anne Hathaway en ‘Vidas perfectas’

La maternidad está siempre en el punto de mira porque a estas alturas, bien sabemos que todo lo relacionado con las mujeres es examinado. Incluido el deseo de ser madre y especialmente el de no serlo son temas que diariamente son cuestionados para muchas. “No me animaba a decir en voz alta ‘las mujeres con hijos’ en vez de ‘la gente’. Pero sí, eran las mujeres con hijos, sobre todo, las que me parecían poco ambiciosas. Las que más riesgo tenían de perderlo todo. Y yo era una mujer ambiciosa: quería escribir, quería vivir de escribir, quería viajar, quería conocer las ciudades sobre las que había leído, quería experiencias y peripecias e historias para contar, quería dinero, quería mucho dinero, quería una casa donde todos los cuartos fueran míos, quería drogas y fiestas y noches que duraran hasta el amanecer, escuchar el latido de la ciudad sonando para mí, tirar abajo cualquier puerta que se interpusiera ante cualquier cosa que deseara”, escribe en Fantasticland Ana Wajszczuk.

Porque la forma en la que una mujer se enfrenta a la maternidad hace que sea mejor o peor mujer. Y por eso, el hecho de que ahora los grupos de madres se perfilen como espacios virtuales repletos de toxicidad vuelve a ser un tema delicado. Muchos miden la calidad de una madre analizando cuán feliz son sus hijos. Quizás haya llegado el momento de poner el foco en lo feliz que es o deja de serlo una madre. 

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