843 días después, el contador de la “Plaza de los Rehenes” de Tel Aviv dejó de contar días, horas, minutos y segundos. Tras el anuncio de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), en que aseguraron haber encontrado el cadáver de Ran Gvili, agente de policía abatido durante la matanza de Hamás del 7 de octubre de 2023, ningún rehén israelí quedó en la Franja de Gaza.
El hallazgo, anunciado el pasado 25 de enero, da una oportunidad al estado judío para empezar a cicatrizar las heridas abiertas por la masacre islamista, en que 1.200 israelíes fueron asesinados y 251 secuestrados. Bajo el reloj digital de la plaza, familiares y amigos de los cautivos mantuvieron la esperanza durante interminables jornadas para volver a ver a sus seres queridos. El hallazgo del cadáver de Gvili allana el terreno para proseguir a la fase 2 del acuerdo de paz para Gaza, pero en Israel parte de la sociedad insiste en que es urgente depurar antes responsabilidades por la peor matanza en la historia del país.
En la “Plaza de los Rehenes” se apilaron las sillas amarillas desplegadas alrededor de una mesa, que recordaban a los 251 compatriotas ausentes. Miles de israelíes guardaron los lazos amarillos en sus solapas, el símbolo que exigía la liberación de los cautivos. “Ran está con nosotros. No en la manera que esperamos, pero podemos detener el reloj y empezar a respirar, a cicatrizar y a honrar. Prometimos no parar hasta el último rehén”, dijo Shira Gvili, hermana de Ran, rodeada de cientos de asistentes en la simbólica plaza.

“Dijimos constantemente que, sin traer de vuelta a todos los rehenes, Israel no podrá recuperarse. Ahora podemos cerrar el capítulo y espero que comience la rehabilitación”, agregó Hagai Levin, quien dirigió el equipo médico del Foro de Familias de rehenes. Detener el reloj en la plaza simboliza “el fin de una era y un tiempo de transición”. Pero quedan muchos retos por delante. Y el fantasma de la guerra no se disipa: Israel está en máxima alerta ante una posible represalia de Irán en caso de que Estados Unidos golpee al régimen de los ayatolás.
Merav Zvirsky es hija de Rafi y Urit Zvirsky, asesinados por terroristas de Hamás en el kibutz Be’eri. Su hermano Itay fue secuestrado durante 99 días, y acabó siendo asesinado por su guardián. “Terminó una primera parte, la parte importante de devolver a todos. Pero no como dijo Netanyahu, que aseguró haberlos devuelto a todos. 46, entre ellos Itay, no volvieron. 46 secuestrados vivos volvieron muertos, esto no es una victoria”, alegó la mujer en una entrevista al podcast Hashavua del periódico Ha’aretz.
Tras el retorno de Ran Gvili, el primer ministro Benjamin Netanyahu celebró que “hemos finalizado la misión”. Pero supervivientes de la matanza y sus familiares discrepan del mantra de “victoria total” que prometió el premier durante la guerra. “Hay que seguir la protesta hasta investigar la verdad y cambiar al gobierno, que debe asumir la responsabilidad”, agregó Merav Zvirsky.

Pese a que desde el Foro de Familias se reivindica el espíritu de unidad que mantuvo viva la protesta hasta el retorno del último rehén, muchos recuerdan que al inicio de la guerra la devolución de los cautivos no fue la prioridad. “No puede enorgullecerse de devolverlo (a Ran) y no asumir culpas. Durante meses, el gobierno rechazó acuerdos (de tregua) porque no eran cómodos políticamente”, apunta el analista militar Amos Harel en Ha’aretz.
Las familias acusaron a Netanyahu de priorizar su supervivencia política, ya que sus aliados de extrema derecha amenazaron frecuentemente con disolver el gobierno si se firmaba una tregua, que conllevaría la liberación de miles de presos palestinos y renunciar a fundar asentamientos judíos en Gaza.
“Cuando sabes que un familiar tuyo está muerto, hay una gran prioridad para que vuelva. Aunque no esté vivo, el estómago no lo asume”, prosiguió Zvirsky. Y cree que ella cargaba con “la gran responsabilidad”. Por ello, “el derecho al entierro permite ponerle fin a la agonía”. Y cargó contra Netanyahu: “asume el triunfo, pero no el fracaso del 7 de octubre. Ahora, Turquía y Qatar, los principales financiadores de Hamás, deciden el futuro de Gaza”. Bajo orden de la administración Trump, ambos países asumen un rol central en la futura reconstrucción y gobernabilidad del enclave palestino.

Itay, el hermano de Meirav, fue abatido por un terrorista, instantes después de que cazas del ejército israelí bombardearan un edificio cercano. Se encontraba con otros dos rehenes, entre ellos Noa Argamani, que fue liberada en una operación de rescate seis meses después. “No es una victoria. Aquel día (7 de octubre) las FDI fueron un ejército de cartón, y aquel fracaso no se puede borrar, aunque se maten líderes de Hamás o bombardeando Irán”, agrega Harel.
Lee Seigel, hermano de Keith Seigel, quien fue liberado en un acuerdo de alto el fuego de enero de 2025, dijo a la CNN que “todo ha tardado demasiado, ha habido demasiada politiquería. No era necesario asesinar rehenes, no era necesario que murieran tantos soldados y civiles en Gaza por esto. La guerra tenía que ocurrir porque Hamás invadió nuestro país, pero tardó demasiado en dar marcha atrás”.
Cientos de personas se congregaron el viernes por la tarde en la Plaza de los Rehenes para el último servicio de Shabat, que “marca el fin de más de dos años de vigilia y lucha pública”. El evento fue declarado el último acto público en la plaza de Tel Aviv, tras el regreso del último rehén Ran Gvili.
El mismo día se anunció que Israel reabrirá el domingo el cruce fronterizo de Rafah para que la gente pueda viajar entre Gaza y Egipto, la primera apertura de la única ruta de entrada o salida del territorio palestino desde mayo de 2024. Tras la creación del Board of Peace impulsado por Donald Trump y la devolución del último rehén, Estados Unidos presiona a Israel y Hamás para avanzar a la segunda fase del plan de paz. Pero se prevén nuevos baches en el camino.
