Una frase puede complicar una campaña electoral, especialmente cuando apenas quedan unos días para acudir a las urnas. Lula da Silva ha desatado de nuevo polémica al recurrir a las tareas domésticas para justificar la reducción de la jornada laboral en Brasil. El presidente pretendía defender una de sus propuestas sociales, pero sus palabras han provocado acusaciones de machismo y han ofrecido al bolsonarismo una oportunidad para cuestionar su compromiso con las mujeres. Todo ello cuando el mandatario se prepara para enfrentarse el próximo domingo a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, en una segunda vuelta que se presenta especialmente ajustada.
La polémica comenzó durante una entrevista con la cadena brasileña SBT, en la que Lula defendió la eliminación del modelo laboral conocido como 6×1, que establece seis jornadas de trabajo por una de descanso. Para explicar las dificultades que plantea este sistema, el presidente recurrió a la situación de las trabajadoras. “En el caso de las mujeres, el día que tienen libre en casa es, en realidad, cuando más trabajan, porque tienen que limpiar todo lo acumulado durante la semana”, afirmó.
Aunque su argumento buscaba denunciar la doble carga laboral que soportan muchas brasileñas, la formulación ha generado críticas por presentar las responsabilidades domésticas como una obligación exclusivamente femenina. El problema no ha sido tanto la propuesta de reducir la jornada como la ausencia de cualquier referencia a la corresponsabilidad de los hombres en el hogar.

Una oportunidad para el bolsonarismo
La controversia llega en un momento delicado para Lula. Los últimos sondeos apuntan a una competición muy reñida entre el presidente y Flávio Bolsonaro, cuya candidatura representa la continuidad del proyecto político de su padre.
En semejante escenario, el voto femenino puede resultar determinante para inclinar la balanza electoral. Las declaraciones de Lula proporcionan a sus adversarios un argumento para cuestionar la distancia entre el discurso progresista del Partido de los Trabajadores (PT) y las palabras de su principal representante.
La polémica ha trascendido incluso las fronteras brasileñas. El presidente argentino, Javier Milei, aprovechó las declaraciones para calificar a Lula de “progre machirulo” y denunciar lo que considera una contradicción de quienes acusan habitualmente a sus adversarios políticos de misoginia.
LOS PROGRES MACHIRULOS…
Después andan acusan de misóginos a todos sus oponentes… se les está cayendo la careta a estos delincuentes…
Espero que su último truco de campaña sucia no incluya robarse la elección… zurdo ladrón.
VLLC! https://t.co/DdeaMv3mxb— Javier Milei (@JMilei) October 20, 2026
Sin embargo, el entorno de Bolsonaro tampoco está exento de polémicas relacionadas con los derechos de las mujeres. La periodista brasileña Carol Pires ha recuperado recientemente unas votaciones de Flávio Bolsonaro en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro, donde se opuso a medidas destinadas a impedir la comercialización de postales que sexualizaban la imagen femenina y contribuían a promocionar el turismo sexual. Durante aquellos debates, el ahora candidato presidencial llegó a presentar la belleza de las brasileñas como parte del atractivo turístico del país.
De hecho, parte de la campaña electoral de Lula se ha apoyado precisamente en la defensa de los derechos de las mujeres, con mensajes como “Con Flávio Bolsonaro, las mujeres pierden. Brasil pierde”.
Com Flávio Bolsonaro, as mulheres perdem.
O Brasil perde. pic.twitter.com/MzPEpDR1BB
— Lula (@LulaOficial) October 20, 2026
A pocos días de la votación definitiva, Lula se enfrenta así al riesgo de que una declaración destinada a defender los derechos laborales termine perjudicando su relación con parte del electorado femenino. El bolsonarismo encuentra un nuevo motivo para atacar al presidente, aunque todavía está por ver si la controversia tendrá consecuencias reales en las urnas.

