El bloqueo persiste: ni un periodista extranjero en suelo venezolano

La prensa internacional desiste de entrar en Venezuela y sus corresponsables empiezan a abandonar la frontera, que ha recuperado cierta normalidad

Familiares de presos políticos participan en una vigilia frente al centro penitenciario en el estado de Miranda (Venezuela). EFE/ Boris Vergara
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En la frontera entre Venezuela y Colombia el paradigma ha cambiado. La calma tensa está subsumida en la rutina. Sigue habiendo incertidumbre y expectación, pero la vida sigue y el paso fronterizo recupera la normalidad. Los tanques del Ejército enviados por el presidente colombiano Gustavo Petro ya no hacen guardia en la frontera. Por el momento, no ha habido ningún tipo de avalancha migratoria venezolana que haya que contener. Los venezolanos siguen tranquilos en el interior de sus casas expectantes de los próximos movimientos de su presidenta interina, Delcy Rodríguez, y de lo que decida la Casa Blanca.

La prensa internacional, frustrada por tener que contar los acontecimientos de la barrera, se ha ido replegando de la zona. El pequeño comerciante que vende café desde primera hora de la mañana en la frontera ya no tiene cola de corresponsales pidiendo “tintos” para aguantar las jornadas maratonianas.

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El Gobierno venezolano no ha concedido el visado de periodista a ninguno de los corresponsales. Tras muchas horas perdidas de burocracia en el consulado venezolano han desistido. Aunque siguen pendientes de poder entrar: “¿Alguna novedad con el visado?”, preguntan cada mañana en el chat creado para ir compartiendo las novedades de la cobertura.

Sin embargo, ya surgen dudas de si cruzar la frontera sería útil para contar lo que está pasando allí. Hay pocas probabilidades de que la prensa internacional pueda reportar lo que está ocurriendo en Caracas sin represalias de las fuerzas venezolanas. Más aún cuando los colectivos, grupos paramilitares armados, están saliendo a las calles de Caracas a controlar lo que tienen en los dispositivos móviles los ciudadanos de a pie.

Pendientes de los presos políticos

Así las cosas, los movimientos más relevantes dentro de Venezuela corresponden con esa etapa de reparación que anunció el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. 133 presos políticos han sido liberados en los últimos días. Seis de ellos españoles. Aún quedan cientos de presos políticos en las cárceles venezolanas, pero el gesto da esperanzas a las familias.

De hecho, en los últimos días, el movimiento más relevante en el paso de la frontera son las vigilias de los familiares de presos políticos venezolanos que esperanzados se acercan al puente fronterizo anhelando que en la siguiente tanda de liberaciones se encuentren sus familiares.

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Sin embargo, el Gobierno venezolano selecciona y mucho a quién liberar: “ Muchos de los presos están deteriorados, han aguantado mucho hambre. Están rehidratándolos para poder liberarlos”. Porque en estos momentos la simbología de la liberación de presos es crucial para el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez.

Mientras los familiares aún no saben nada de sus allegados: “Solo sabemos que no tienen comida. Están graves”, asegura el hijo de Javier Giraldo, un preso político de 70 años que lleva años en Rodeo III, una de las cárceles de Caracas: “Avisaron de que no hay para darles de comer, pero tampoco les dejan recibir comida del exterior. Pasaron una circular diciendo que no hay recursos ni presupuesto para la alimentación de los internos”.

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Algunos familiares tienen miedo de seguir reivindicando su liberación. Temen que el pronunciamiento mediático merme las posibilidades de que sus allegados vuelvan a casa: “Mi familia me pide que me quede quieto que no vaya a más, hay gente del ELN en la frontera vigilando lo que hacemos”, cuenta con temor un familiar, que apunta a que la guerrilla colombiana está compinchada con las autoridades venezolanas.

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