Testigo directo

Gabriela Rodríguez: “Pensé que venían a matarnos”

A 400 metros del Palacio de Miraflores, sede del Gobierno, una venezolana nos ofrece el testimonio de una jornada de gran tensión e incertidumbre. "No sabemos que va a pasar con nosotros", explica.

Cuando un ruido atronador despertó a Gabriela Rodríguez (Venezuela, Falcón, 1968) a las dos de la madrugada en el apartamento donde dormía en la Avenida de las Fuerzas Armadas a 400 metros de la Casa Presidencial de Miraflores, Caracas, pensó fue que era un “cohete de la Navidad, tan típicos de estas fechas”, pero pronto se dio cuenta de que se trataba de algo muy distinto, que describe como “una explosión muy fuerte“.

Ví que estaba pasando algo que no era normal. Las detonaciones duraron unas dos horas. Pensé que venían a matarnos, se oyen tantas cosas estos días que se te pasa todo por la cabeza” detalla para Artículo14.

“Cogí el móvil para comunicarme con mi hija que vive en Italia y que me dijese si sabía lo que estaba pasando”, relata de una situación en la que los medios de comunicación no informaban de lo que estaba ocurriendo. “Pronto vi un mensaje de un amigo que ponía “Serenidad y tranquilidad pueblo. Me explicaba que los bombardeos eran lejos de donde estaba yo, porque en medio de la noche no podíamos saber donde estaban cayendo”, explica.

En las primeras horas tras el bombardeo norteamericano, Gabriela nos comenta que “siente mucho dolor en los oídos y presión en la cabeza desde esta madrugada“, momento desde el que “no paro de orar”, es lo único que puedo hacer.

Avenidas militarizadas

Gabriela no es de Caracas, es enfermera, vive en la ciudad venezolana de Valencia y estos días había aprovechado las vacaciones para visitar a su familia en la capital. “Yo para este sábado tenía el plan de salir a pasear con mi nieta, pero desde la noche no salimos del apartamento, no hay casi nadie en las calles y lo que vemos por la venta son tanques militares pasando“, comenta de un domicilio que está a sólo 400 metros del Palacio de Miraflores, la sede del gobierno de Nicolás Maduro que ahora mismo se encuentra custodiada por las Fuerzas Armadas venezolanas.

A pesar de no tener mucho en la despensa, Gabriela en las primeras horas del sábado sintió miedo de salir “es que esto nos ha pillado desprevenidas”.

Eso sí, por la ventana del undécimo piso donde se encuentra ve a mucha haciendo cola a la espera de un supermercado que parece que va a abrir. “Todos los negocios han amanecido cerrados. Nadie sabe nada, hay mucho silencio, está todo en tensión“, relata mientras sigue asomada a la única conexión con lo que ocurre en su ciudad.

Con casi 60 años nos cuenta que está visitando a sus cuñadas, ambas de más de 70 y a su nieta de 14. “Yo aquí de todas soy la que tiene más fuerza”, nos cuenta de una situación de incertidumbre que viven.

Al llegar la tarde, se envalentonó para salir a ver si podía comprar algo de provisiones y sobre todo unas medicinas necesarias “pero es imposible comprar nada”. Unas calles donde poco a poco “han ido saliendo personas que han salido de manera pacífica a defender sus ideales, algunas a pedir que vuelva su presidente” . “No funciona el transporte público, todo está cerrado y donde hay algo abierto hay muchas colas”, nos explica de una situación en la que le ha llamado mucho la atención “la cantidad de policías y militares armados que hay por las calles custodiando que no haya saqueos ni disturbios”. 

El recuerdo de lo vivido

Lo que sí tiene claro es que esta situación ya la ha vivido anteriormente “esto a mi me recuerda mucho a cuando ocurrió lo de Hugo Chávez, cuando lo secuestraron y luego lo trajeron, es la misma situación, es el mismo silencio” recuerda de sus 57 años en los que ha visto muchas cosas en su país.

A pesar de que su hija y gran parte de su familia emigró a Italia, ella nunca se ha planteado dejar Venezuela. “Es que yo amo mi país, he estado de vacaciones en Europa pero yo no quiero irme sin mis hermanas. Ellas son mi ancla, somos un equipo de tres y no las dejaría. Yo me quedo aquí en mi país luchando y trabajando como he hecho siempre. No tengo las comodidades que me gustaría, pero lo de vivir fuera se lo dejo a los jóvenes”, nos explica Gabriela.

Cuando le preguntamos por la situación futura de su Venezuela, prefiere ser cauta. “Nos dicen que se llevaron al presidente y a su esposa pero no sabemos nada. Tampoco me quiero creer todo lo que dicen las redes sociales o los medios de comunicación, porque hay muchas mentiras. Hay tantas especulaciones que no se sabe lo que es verdad o mentira” reconoce.

Horas con “una incertidumbre muy preocupante” que esperan ante un futuro de momento incierto “no sabemos que va a pasar con nosotros”, mantiene. 

Los que no hablan

Desde Artículo14 hemos contactado con más de veinte personas que nos daban idénticas respuestas desde Venezuela. “No puedo hablar, siento miedo”. “No sabemos que va a pasar mañana, y llevamos así 30 años. Puede que todo vuelva atrás y si hablamos mañana desaparecemos. Sabemos que nos graban“, aseguraba contundente uno de los contactados.

 

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