Venezuela

La crueldad final del chavismo contra Carmen Teresa Navas

La familia de la madre de 82 años que buscó a su hijo desesperadamente antes de morir se enfrenta a interrogatorios del régimen y denuncia trabas incluso para despedirla. El calvario no ha terminado

Carmen Teresa Navas murió sin recibir una respuesta digna del Estado venezolano. Murió después de buscar durante 16 meses a su hijo, Víctor Hugo Quero Navas, detenido en enero de 2025 y presentado por el chavismo como acusado de traición a la patria, conspiración y terrorismo. Murió diez días después de enterarse, oficialmente, de que su hijo había fallecido bajo custodia estatal el 24 de julio de 2025. Y ahora, incluso después de su muerte, su familia vuelve a enfrentar el peso de unas instituciones que no parecen conocer el límite de la crueldad.

La periodista venezolana Maryorin Méndez informó este lunes que todavía no se había definido el lugar ni la hora del acto velatorio de Carmen Teresa Navas, porque la familia seguía en trámites y decisiones. También señaló que el CICPC mantiene el cuerpo en la Morgue de Bello Monte y realiza interrogatorios. Ese dato, por sí solo, resume la dimensión moral del caso: una madre que pasó más de un año tocando puertas para saber dónde estaba su hijo no encuentra descanso ni siquiera en la muerte; sus familiares, en vez de iniciar el duelo en paz, deben atravesar nuevas gestiones ante organismos del Estado.

Fotografía que muestra una imagen de Carmén Teresa Navas durante una vigilia convocada por familiares de presos políticos en honor al fallecido Víctor Hugo Quero, en Caracas (Venezuela). EFE/ Ronald Peña R
Fotografía que muestra una imagen de Carmén Teresa Navas este viernes, durante una vigilia convocada por familiares de presos políticos en honor al fallecido Víctor Hugo Quero, en Caracas (Venezuela). EFE/ Ronald Peña R

La historia de Carmen Teresa Navas no necesita adornos. Cualquier exageración la empequeñecería. Durante meses, según denuncias públicas de familiares, activistas y organizaciones de derechos humanos, buscó a Víctor Hugo Quero Navas en cárceles e instituciones. El Estado, de acuerdo con esas denuncias, negó conocer su paradero o no ofreció una respuesta clara. Solo el 7 de mayo de 2026 el Ministerio del Servicio Penitenciario informó que Quero había muerto en julio de 2025, casi diez meses antes de que la noticia fuera comunicada públicamente.

Muerto bajo custodia estatal

La versión oficial señaló que Quero estuvo recluido en El Rodeo I desde el 3 de enero de 2025, que fue trasladado a un hospital militar el 15 de julio tras presentar problemas de salud y que murió el 24 de julio por “insuficiencia respiratoria aguda secundaria a tromboembolismo pulmonar”, después de una hemorragia digestiva. La pregunta sigue siendo por qué su madre tuvo que buscarlo durante 16 meses si el Estado ya sabía —o debía saber— que estaba muerto bajo su custodia, si es que acaso es cierto que murió exclusivamente por ese motivo.

En esa pregunta cabe toda la tragedia venezolana. No se trata solo de una muerte, ni siquiera de dos. Se trata de una forma de poder que administra la información como castigo, que convierte la incertidumbre en una extensión de la prisión y que obliga a los familiares a vivir en una espera diseñada para quebrarlos. Carmen Teresa Navas no fue una dirigente política ni una figura pública por vocación. Se volvió símbolo porque le arrebataron el derecho a saber dónde estaba su hijo.

Tras conocerse su fallecimiento, dirigentes opositores y periodistas lamentaron la muerte de Navas. Juan Pablo Guanipa expresó sus condolencias y afirmó que durante años se burlaron del dolor de una madre que buscaba a su hijo en las cárceles del régimen. Richard Blanco sostuvo que ella transformó su dolor en una lucha persistente. Vente Venezuela, el partido liderado por María Corina Machado, la describió como víctima de la “crueldad más pura del régimen” y exigió justicia por ella, por su hijo y por las familias marcadas por casos similares.

Pero el mejor homenaje a Carmen Teresa Navas no está en las frases solemnes, sino en no permitir que su caso sea borrado. Si se espera una verdadera transición democrática se debe esclarecer qué ocurrió con Víctor Hugo Quero Navas, por qué su familia no fue informada a tiempo, quiénes respondieron con evasivas y quién asume las responsabilidades.

Un in memoriam, en este caso, no puede ser solo una despedida. Debe ser una acusación moral. Carmen Teresa Navas murió después de haber cargado una pregunta insoportable: dónde estaba su hijo. Cuando por fin recibió una respuesta, esa respuesta llegó tarde, rota y envuelta en sospechas. Ahora, con su cuerpo aún bajo control de las autoridades según lo informado por Méndez, el régimen chavista añade una escena más a una historia que ya parecía no admitir mayor desamparo.

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