Guerra

La misión (casi) imposible de lograr un alto el fuego en Irán

Las conversaciones extraoficiales, los cambios de postura de Trump y los esfuerzos de mediación desde Pakistán apuntan a una pequeña oportunidad

La guerra en Irán se ha desarrollado con consecuencias devastadoras sobre el terreno y con repercusiones cada vez mayores en la economía mundial. Desde los primeros compases de la guerra, con la eliminación del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, hasta hoy, ya han muerto más de 1.400 personas en Irán y otro millar en Líbano. Zonas urbanas enteras han sido destruidas, las infraestructuras críticas han sido atacadas no sólo en suelo iraní, también en Qatar, y el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz -un punto estratégico por el que pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial- se ha ralentizado hasta quedar prácticamente paralizado. El resultado ha sido una crisis que ya no tiene un alcance regional, sino global.

Sin embargo, tras casi un mes de escalada impulsada por Estados Unidos e Israel, por primera vez está empezando a tomar forma un esfuerzo diplomático por contener el conflicto.

Daños ocasionados en edificios en Tel Aviv
EFE/Magda Gibelli

En busca de una salida viable

Varios países intentan llevar la iniciativa. Pakistán, Turquía, Egipto, varios países del Golfo así como intermediarios europeos, trabajan para diseñar una “vía de salida viable” de un conflicto tan difícil de controlar.

Pakistán, que horas antes del histórico ataque contra el cuartel general de Jamenei, bombardeó Afganistán, ha asumido un papel inesperadamente destacado. Sus mandos militares tratan activamente de mediar en las conversaciones entre Washington y Teherán. La CNN ha confirmado una llamada entre el jefe del Ejército, Asim Munir, y Donald Trump. Según fuentes diplomáticas, Islamabad podría acoger las negociaciones ya esta semana, aunque no se ha alcanzado ningún acuerdo formal y el lugar de celebración sigue sin confirmarse.

Según dos funcionarios al corriente de las negociaciones informaron a The New York Times, Estados Unidos (a través de Pakistán) ha enviado a Irán un plan de 15 puntos para poner fin a la guerra, lo que refleja el deseo de la Administración Trump de encontrar una salida a un conflicto.

El papel de Vance como negociador

Por parte estadounidense, según avanza The Guardian, se está considerando que sea el vicepresidente JD Vance el negociador principal si las conversaciones siguen adelante, una señal que se interpreta por el elevado nivel y la importancia de la que querría dotar Washington a estas negociaciones. diplomáticas. También se espera que el enviado especial Steve Witkoff viaje a Islamabad, aunque no hay confirmación de que los funcionarios iraníes vayan a asistir.

Una valla publicitaria con la imagen del nuevo líder supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jamenei, y del difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Ruhollah Jomeini
EFE/EPA/FAROOQ KHAN

Hay una gran incertidumbre al respecto. La diplomacia avanza a trompicones, a menudo a través de canales indirectos y sin garantía alguna de que se llegue a un acuerdo.

En Riad, los ministros de Asuntos Exteriores de Egipto, Turquía, Arabia Saudí y Pakistán se reunieron con el objetivo de rebajar la tensión. Pero el primer reto fue identificar a un interlocutor iraní creíble. La semana anterior, los ataques israelíes acabaron con Ali Larijani, jefe de seguridad nacional de Irán y una de las pocas figuras consideradas capaces de dialogar con los interlocutores occidentales.

Quiénes son los mediadores en Irán

A pesar de ese revés, los funcionarios de inteligencia egipcios lograron abrir un canal con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, la institución de seguridad más poderosa del país. Propusieron una tregua de cinco días para fomentar la confianza de cara a un alto el fuego más amplio.

Soldados israelíes inspeccionan los restos de un misil balístico que cayó en la aldea de Haris, en Cisjordania, cerca de Salfit

El tono también ha cambiado en Washington. Durante el fin de semana, Trump lanzó un ultimátum  en el que exigía a Irán que reabriera el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas o se enfrentaría a la destrucción de su infraestructura energética. Sin embargo, el lunes, el discurso del magnate republicano cambió. Dicen que presionado por una potencia del Golfo, Trump suspendió los ataques amenazados y se mostró dispuesto a negociar.

Aunque el cambio de rumbo coincidió asimismo con una creciente presión económica dentro de Estados Unidos. Los mercados financieros, maltrechos tras semanas de incertidumbre, respondieron de inmediato a la perspectiva de una distensión: los principales índices estadounidenses registraron sus mayores subidas en más de un mes, mientras que los precios del petróleo cayeron bruscamente. La guerra impone un coste político y económico que la Casa Blanca no puede ignorar. Con todo, el camino hacia cualquier acuerdo sigue lleno de obstáculos.

Las infraestructuras estratégicas atacadas en la guerra de Irán.
KiloyCuarto

La postura de Irán es clara. Cualquier acuerdo debe incluir garantías contra futuros ataques por parte de Estados Unidos e Israel, así como una indemnización por los daños causados por la guerra. Washington, por su parte, exige el desmantelamiento del programa nuclear iraní, el cese del desarrollo de misiles balísticos y el fin del apoyo a las milicias aliadas -condiciones que llevan años sin resolverse-.

Públicamente, las autoridades iraníes se han mostrado cautelosas, por no decir amenazadoras. El presidente del Parlamento, Mohammad-Bagher Ghalibaf, ha negado que haya negociaciones en curso y ha acusado a la Casa Blanca de utilizar la especulación para manipular los mercados financieros y energéticos. Su caso pone de relieve las presiones internas dentro del liderazgo iraní, reconfigurado casi semanalmente tras el asesinato de figuras de alto rango.

Una mujer iraní sostiene una fotografía del difunto líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei
EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Otros actores también buscan la estabilización de un conflicto descontrolado. Los gobiernos europeos, junto con Qatar y Omán, mantienen canales de comunicación extraoficiales. India, tras una llamada con Trump, ha destacado la importancia de reabrir el estrecho de Ormuz, calificándolo de esencial para la estabilidad mundial. Mientras que los Estados del Golfo se muestran profundamente recelosos ante cualquier acuerdo que aumente el control iraní sobre la vía marítima, en particular las propuestas que permitirían a Teherán cobrar tasas de tránsito.

Los mediadores árabes reconocen en privado que la brecha entre las partes es amplia y que el optimismo inicial podría ser prematuro. La ausencia de un interlocutor iraní claro en las negociaciones, unida a las exigencias estratégicas sin resolver de ambas partes, complica el avance. Y, sin embargo, por primera vez desde que comenzó la guerra, existe al menos el esbozo de un proceso paz.