La captura de Nicolás Maduro en Venezuela por fuerzas estadounidenses marcó un punto de inflexión en la política exterior reciente de Washington. Desde esa operación Donald Trump y miembros clave de su administración han multiplicado advertencias, amenazas verbales y mensajes de presión dirigidos a otros países y territorios. El tono ha encendido alarmas diplomáticas desde el Ártico hasta Medio Oriente, pasando por América Latina.
En declaraciones realizadas el domingo posterior a la incursión en Caracas, Trump enmarcó la acción dentro de una visión hemisférica más amplia: “Estamos en el negocio de tener países a nuestro alrededor que sean viables y exitosos y donde el petróleo pueda salir libremente”, afirmó. Minutos después reforzó el mensaje con una frase de alcance geopolítico: “El dominio estadounidense en el hemisferio occidental no volverá a ser cuestionado”. A partir de ahí, varios gobiernos entendieron que el aviso no iba dirigido solo a Venezuela.

Groenlandia
Uno de los episodios más tensos se produjo con Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca. Trump volvió a insistir en que Estados Unidos “necesita” la isla por razones estratégicas. “Necesitamos Groenlandia… Es tan estratégica ahora mismo”, dijo, asegurando que la zona está rodeada de barcos rusos y chinos y que “Dinamarca no va a poder hacerlo” en materia de seguridad.
La respuesta desde Nuuk fue inmediata. El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, calificó el discurso como “totalmente inaceptable” y recordó: “Nuestro país no es un objeto en la retórica de las grandes potencias. Somos un pueblo. Un país. Una democracia”. Más tarde, endureció aún más su postura: “Ya basta. No más presión. No más insinuaciones. No más fantasías de anexión”, dejando claro que cualquier diálogo debe respetar el derecho internacional. Tanto Groenlandia como Dinamarca, aliado de la OTAN, rechazan de plano la idea de una anexión.
Además de las declaraciones oficiales, la tensión aumentó tras una publicación en redes sociales de Katie Miller, asesora senior de la administración Trump y esposa de Sephen Miltler. Miller compartió una imagen de Groenlandia cubierta con la bandera de Estados Unidos acompañada únicamente del mensaje “PRONTO”.
El mensaje, difundido apenas un día después de los ataques estadounidenses en Venezuela y la captura de Maduro, se volvió viral y preocupó especialmente en Dinamarca y en la propia Groenlandia. Autoridades danesas insistieron en que el territorio no está en venta y criticaron lo que consideraron una provocación innecesaria. Ni Miller ni la Casa Blanca ofrecieron aclaraciones sobre el sentido de la publicación.
SOON pic.twitter.com/XU6VmZxph3
— Katie Miller (@KatieMiller) January 3, 2026
Colombia
En Latinoamérica, Colombia pasó rápidamente a ser blanco de insultos presidenciales. Trump calificó al presidente colombiano Gustavo Petro como “un hombre enfermo al que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos”, añadiendo que “no lo va a hacer por mucho tiempo”. Consultado sobre si eso implicaba una posible operación militar futura, respondió sin matices: “Suena bien para mí”.
Petro defendió la actuación de su gobierno en la lucha antidrogas, recordando decomisos récord y negando vínculos criminales. “No soy ilegítimo, ni soy un narco”, escribió. Aunque reconoció que la producción de cocaína ha alcanzado máximos históricos según la ONU, subrayó que sus fuerzas han actuado respetando el derecho humanitario. En un mensaje posterior, el mandatario colombiano fue aún más lejos al advertir que defendería la soberanía nacional si fuera necesario.

Cuba
Cuba, aliado clave de Caracas, también recibió mensajes directos desde Washington. Trump consideró que una intervención militar no era necesaria porque el país “está listo para caer” y aseguró que “ahora Cuba no tiene ingresos”, tras la pérdida del petróleo venezolano. Sin embargo, el secretario de Estado, Marco Rubio, elevó el tono al calificar al gobierno cubano como “un enorme problema” y advertir: “Si yo viviera en La Habana y trabajara en el gobierno, estaría preocupado”.
Desde la isla, el presidente Miguel Díaz-Canel prometió resistencia y reafirmó la alianza con Venezuela: “Por Venezuela, por Cuba, estamos dispuestos incluso a dar nuestra propia vida, pero a un alto costo”, proclamó en un acto frente a la embajada estadounidense.
México
México fue otro de los países señalados. Trump volvió a acusar a su vecino de no frenar el narcotráfico y afirmó que las drogas están “entrando a raudales” en Estados Unidos. “México tiene que arreglar su situación, porque las drogas están entrando a raudales y vamos a tener que hacer algo”, dijo, describiendo a los carteles como “muy fuertes”. También reveló haber ofrecido ayuda militar a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Sheinbaum rechazó tanto la intervención en Venezuela como cualquier acción militar en su propio territorio. “Rechazamos categóricamente la intervención en los asuntos internos de otros países”, declaró, al tiempo que defendió la cooperación bilateral contra el tráfico de drogas: “No queremos que el fentanilo ni ninguna droga se acerque a ningún joven”, ni en México ni en Estados Unidos.

Irán
Fuera del hemisferio occidental, Irán completó la lista de advertencias. En medio de protestas internas, Trump lanzó un mensaje directo: “Si empiezan a matar gente como lo han hecho en el pasado, creo que Estados Unidos los va a golpear muy duro”. Días antes ya había advertido que, si Teherán “mata a manifestantes pacíficos”, Washington acudiría “al rescate”, asegurando estar “listos y armados”.
Las autoridades iraníes rechazaron de plano esas declaraciones. El líder supremo, Ali Jamenei, afirmó que la República Islámica “no cederá ante el enemigo”. El trasfondo incluye los bombardeos estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes en junio, que pusieron fin a un proceso ya frágil de diálogo bilateral.
Hasta ahora Trump ha utilizado las amenazadas como mensaje disuasorio, pero la reciente demostración de fuerza agrava más la situación. Aunque no todas las amenazas implican una acción inmediata, el impacto político ya es tangible. Gobiernos aliados y rivales, por igual, interpretan que la operación en Venezuela es una señal de hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos.


