Aunque el desenlace no se conocerá hasta la madrugada de hoy, el pulso por Downing Street y el futuro del partido laborista comenzaba a escribirse antes de que ayer se abrieran los colegios de Markefield, una pequeña localidad al norte de Inglaterra que la prensa internacional nunca ha sabido ubicar en un mapa pero que ahora podría condicionar el futuro de casi 70 millones de británicos.
Markefield es famoso por su población obrera, históricamente ligada a los laboristas y a un Reino Unido postindustrial y vinculado con la minería que ahora ponen a Starmer contra las cuerdas.
El hasta ahora primer ministro de Reino Unido, que llegó al poder hace apenas dos años con una mayoría lo suficientemente holgada como para estar tranquilo, ve ahora como el actual alcalde de Mánchester, el también laborista Andy Burnham, aspira a lograr la victoria en esta pequeña circunscripción. Si eso sucede, Burnham obtendría un escaño en la Cámara de los Comunes y con el asiento asegurado, podría iniciar el proceso y convertirse en el líder del partido.

El auge y la división de la ultraderecha
Según las últimas encuestas, Burnham parte como favorito. Opinium le da un 46% de los votos frente a la ultraderecha de Robert Kenyon, que se sitúa en segundo puesto al encontrar en esta localidad terreno fértil para que su mensaje contra la migración y lo “progre” eche raíces.
Por eso, de la lectura de estas elecciones fácilmente podremos hacernos una idea mucho más amplia de la política británica, que se debate entre las recetas de nuevos laboristas o las impopulares medidas de Reform UK, el partido euroescéptico que cada vez acumula más votantes.
Pero tanto éxito al final pasa factura. Y eso es precisamente lo que está pasando en Reino Unido, donde al contrario que otros países, la ultraderecha se está fragmentando y dividiendo gracias a la irrupción de nuevos partidos. Kenyon, que es fontanero de profesión y lucha contra “la casta” en la que se ha convertido la política profesional, tendrá que competir también contra Restore Brain, que tiene como candidata a Rebecca Shepherd.
Sus discursos son parecidos, pero a Shepherd se le atribuye el mérito de girar hacia posturas todavía más radicales. El descontento y la desafección de la ciudadanía británica es el mejor combustible que ha encontrado este partido, capaz de capitalizar el disgusto de la gente con el bipartidismo.

Burnham como favorito
Sin embargo, si se cumplen las encuestas, será el laborista Burnham quien gane estas elecciones locales. Y si eso sucede todo apunta a que la nueva lucha será dentro del partido laborista, entre el y Starmer intentando marcar el liderazgo.
Las últimas elecciones locales que se celebraron en Inglaterra fueron en mayo, y los resultados no fueron nada positivos para el partido laborista, que quedó en entredicho. Ese escenario puede ser el nuevo caldo de cultivo en estas elecciones, cuyo resultado depende de tan sólo de 77.000 electores.
Burnham no sólo tiene la popularidad entre el electorado de izquierdas, también es un viejo conocido de la población británica. Fue exministro durante los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown y aunque intentó sin éxito liderar el partido en 2010, muchos creen que la baja popularidad del primer ministro Starmer podría ser trampolín que le lleve ahora a Downing Street.

Promesas parecidas
Las promesas de Burnahm también son viejas conocidas: más impuestos para los ricos, menos para los pobres, más intervención del estado y más servicios públicos para localidades como Markefield, abandonadas por las políticas nacionales.
Pero los partidos de ultraderecha ofrecen cosas parecidas. También la promesa de mano dura y menor migración, que tanto éxito tiene ahora en Europa

