Quién es Laura Fernández, la nueva presidenta de Costa Rica

Su trayectoria política, su vínculo con Rodrigo Chaves y las claves del proyecto con el que gobernará el país

Laura Fernández - Internacional

Cuando el Tribunal Supremo de Elecciones confirmó la victoria de Laura Fernández en las elecciones presidenciales del 1 de febrero de 2026, Costa Rica marcó un hito político. Por segunda vez en su historia, una mujer llega al poder tras resultar ganadora en primera vuelta.

La politóloga de 39 años, representante del Partido Pueblo Soberano (PPSO) y considerada la heredera política del presidente saliente Rodrigo Chaves Robles, asumirá la presidencia el próximo 8 de mayo con la promesa de continuar un proyecto de gobierno que ha polarizado al país.

Orígenes y formación académica

Nacida el 4 de julio de 1986 en Puntarenas, una provincia costera tradicionalmente alejada del epicentro político de San José, Laura Fernández emergió en la escena pública no como una outsider carismática o una figura mediática, sino como una técnica con una trayectoria sólida en la administración pública y la consultoría política.

Su formación académica se cimienta en Ciencias Políticas, con especialización en políticas públicas y gobernabilidad democrática por la Universidad de Costa Rica. Una credencial que la vinculó desde temprano con análisis institucionales y reformas del Estado.

Una carrera forjada en la gestión pública

Su carrera comenzó en el Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica, donde ocupó cargos de responsabilidad intermedia y se destacó como jefa de unidad de análisis prospectivo y de la Secretaría Sectorial de Empleo Público.

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La candidata presidencial del partido Pueblo Soberano.
EFE

Más allá de los titulares, Fernández construyó reputación como consultora en temas de reforma del Estado y eficiencia administrativa, participando en organismos internacionales y comisiones de diálogo nacional.

Del perfil técnico al núcleo del poder

Aunque su nombre no estaba en los portales de estadísticas políticas durante años, su ascenso fue constante. En 2018 funcionó como fórmula vicepresidencial del candidato Luis Fernando Calvo Díaz. Una primera incursión visible en el vértice electoral, aunque sin éxito comunicacional relevante.

Pero no fue hasta 2022 que su perfil daría un salto cualitativo: Rodrigo Chaves, entonces presidente de Costa Rica, la nombró ministra de Planificación Nacional y Política Económica. Un año más tarde, en junio de 2024, la ascendió a ministra de la Presidencia, un cargo estratégico que la colocó en el epicentro de la toma de decisiones del Ejecutivo.

La mano derecha de Rodrigo Chaves

Desde esa posición de poder, Laura Fernández consolidó una relación política estrecha con Chaves, articulando la agenda oficialista y defendiendo públicamente reformas estructurales que, para sus críticos, tensaron los equilibrios institucionales tradicionales de Costa Rica.

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La nueva presidenta de Costa Rica.
EFE

Fue una figura clave para las estrategias gubernamentales que buscaban responder a la percepción de inseguridad ciudadana y al auge de la violencia asociada al narcotráfico, factores que dominaron la agenda del país durante la campaña electoral de 2026.

El salto a la carrera presidencial

En julio de 2025 renunció tanto al ministerio de la Presidencia como al de Planificación para poder inscribir su candidatura para las elecciones nacionales. Ese paso formal desencadenó una campaña construida sobre dos ejes principales: la continuidad del proyecto de Chaves y la promesa de mano firme frente a la criminalidad y la inseguridad, una agenda que resonó profundamente en amplios sectores del electorado costarricense.

Ideología y proyecto político

Fernández representa, en términos ideológicos, una fusión entre conservadurismo social y liberalismo económico, una mezcla que el propio PPSO define bajo un paraguas de “soberanía nacional” y pragmatismo estatal.

Sus propuestas incluyeron:

  • Medidas duras contra estructuras criminales
  • Reformas a instituciones públicas como el Poder Judicial
  • Promesa de articular un nuevo modelo de seguridad inspirado en experiencias regionales polémicas

Dudas, apoyos y alertas democráticas

Para la oposición, la precocidad y contundencia de ese mensaje, sumada a su cercanía con Chaves, encendieron las alarmas sobre posibles riesgos a la tradición democrática costarricense, considerada por décadas un modelo de estabilidad en Centroamérica.

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La nueva presidenta de Costa Rica.
EFE/ Jeffrey Arguedas

Observadores nacionales y extranjeros advirtieron sobre retos futuros en materia de separación de poderes y equilibrio institucional, mientras que sectores oficiales lo celebraron como una respuesta necesaria a la inseguridad y al desgaste de los partidos políticos tradicionales.

Un nuevo escenario para Costa Rica

Apenas se conocieron los resultados, figuras políticas de la región saludaron la victoria de Fernández. El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, le deseó “todo lo mejor” para Costa Rica, un gesto que subraya las redes de afinidad política que la nueva presidenta podría tejer en el contexto centroamericano.

Ahora, con un mandato claro —casi la mitad de los votos y una mayoría significativa en la Asamblea Legislativa—, Laura Fernández se prepara para trasladar al Ejecutivo las prioridades que definieron su campaña: seguridad, orden y continuidad de un proyecto político que ha sacudido los cimientos del país en los últimos años.

Su reto, sin embargo, no termina en la toma de posesión: tendrá que gobernar un país políticamente dividido, con un electorado exigente y una institucionalidad que ha sido puesta a prueba por la polarización creciente.

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