La imagen de una mujer cayendo abatida frente a su hija resume, con crudeza extrema, lo que está ocurriendo en Irán desde finales de diciembre. Esa mujer era Ziba Dastjerdi, tenía 33 años y había decidido volver a las calles de Nishapur a pesar de saber que el precio de protestar podía ser altísimo. Su muerte, confirmada por la organización Hengaw para los Derechos Humanos, no es un hecho aislado, sino parte de una cadena de violencia que está golpeando de manera particular a las mujeres.
Dastjerdi ya había sido castigada por el Estado iraní por su participación en las protestas de 2022, las de Mahsa Amini. Entonces fue condenada a 18 meses de prisión por sus actividades civiles. Más recientemente, había recibido otra sentencia de un año, pendiente de revisión en un tribunal de apelaciones. Aun así, acudió a una manifestación contra el régimen. Según la información verificada, fue asesinada por fuerzas gubernamentales mientras se manifestaba, y recibió los disparos delante de su hija pequeña.
Su caso se suma al de decenas de mujeres que han perdido la vida en las protestas que estallaron el 28 de diciembre y se extendieron rápidamente por numerosas ciudades del país. La organización Hengaw recoge decenas de historias de víctimas.
Víctimas de la represión
En la provincia de Guilán, por ejemplo, murió Sholeh Sotoudeh, una mujer embarazada de su tercer hijo y madre de otros dos niños. Fue alcanzada por disparos el 10 de enero durante una protesta en la ciudad de Chaf. Tanto ella como el bebé que esperaba fallecieron como consecuencia de la acción de las fuerzas de seguridad.
También en Guilán, la represión se cobró la vida de Sara Behboodi, una montañista de 45 años conocida por haber ascendido cumbres emblemáticas del norte de Irán. Murió en Rasht cuando las fuerzas gubernamentales abrieron fuego directo contra los manifestantes. En la misma región, la joven Sona Yekta, de 22 años, fue asesinada en Pareh-Sar, y Setayesh Sousanabadi, de 30, murió en Rasht bajo circunstancias similares, mientras su familia enfrentaba restricciones para despedirla públicamente.
El patrón se repite en otras provincias. En Isfahán, Zahra Bagheri, madre de tres hijos, fue alcanzada en la cabeza por disparos durante una manifestación en Baghdaran. Su muerte estuvo acompañada de heridas graves sufridas por su hija y su yerno, este último con lesiones en la médula espinal. En Karaj, Zahra Azadpour, una futbolista de 27 años, fue asesinada por fuego directo; su familia tardó días en localizar su cuerpo. En la misma ciudad, Faeezeh Mostaan, de solo 20 años, murió tras recibir un disparo en el pecho.
Teherán tampoco ha sido ajena a esta violencia. Fatemeh Abdollahi, de 42 años, murió en el acto tras ser alcanzada por dos disparos, uno en el corazón y otro en la pierna. Aida Aghili, de 34, fue abatida de un tiro en la cabeza; su cuerpo apareció posteriormente en la morgue de Kahrizak, tras una búsqueda desesperada entre miles de víctimas.
Según Hengaw, al menos 50 mujeres han sido identificadas y confirmadas como fallecidas durante estas protestas, muchas de ellas asesinadas en apenas dos días, el 8 y 9 de enero de 2026. Las cifras totales de muertos siguen siendo objeto de disputa. Organizaciones de derechos humanos y registros hospitalarios hablan de miles de víctimas, mientras que la verificación resulta extremadamente difícil debido al apagón casi total de comunicaciones impuesto por las autoridades desde el 8 de enero.


