Ceuta y Melilla nunca han formado parte de un país que no sea España, pero este hecho no ha frenado las continuas reclamaciones de su soberanía por parte de Marruecos. La compleja relación entre ambos Estados, con abundantes intereses cruzados, tiene en las dos ciudades autónomas el eje de la mayor controversia. El reino alauí, como acaba ocurrir con el asalto migratorio a Ceuta de los pasados 30 y 31 de julio, utiliza como elemento de presión la vulnerabilidad de las dos únicas plazas de la Unión Europea en África. Atrás quedan décadas de diplomacia silenciosa y tensa en la que el Rey Juan Carlos tuvo un papel preeminente y, a la luz de los archivos secretos del director del Cesid -el actual Centro Nacional de Inteligencia- Emilio Alonso Manglano, no exenta de polémica, pues se mostró dispuesto a entregar Melilla a Marruecos. Así consta en el libro ‘El jefe de los espías” (Roca, 2021), de Juan Fernández-Miranda y Javier Chicote, cuyos documentos sobre las ciudades autónomas ven hoy la luz por primera vez.
El teniente general, creador de los servicios de inteligencia modernos en España, encabezó el Cesid desde 1981, tras el golpe de Estado, hasta 1995, cuando tuvo que dimitir por el escándalo de las escuchas. Consejero de Juan Carlos I de su más estrecha confianza y lealtad, Manglano despachaba habitualmente con el monarca. En unos de estos encuentros, datado el 2 de noviembre de 1984, charlaron sobre un informe que el Cesid había elaborado con motivo de una entrevista con Hassan II, entonces rey de Marruecos y padre del actual monarca, Mohamed VI. Don Juan Carlos hizo una declaración de intenciones de gran calado, según las notas manuscritas de Manglano, que todo lo registraba: “Me dice: hay que empezar a trabajar sobre el asunto de C. (Ceuta) y Melilla. Esta última no es muy defendible. Hay que preparar para negociar Melilla. Ceuta puede potenciarse al máximo”.

Emilio Alonso Manglano no anotó los motivos del Rey para esta concesión a Marruecos -o el jefe del Estado no se los dijo-, pero las fuentes consultadas apuntan al amplio porcentaje de población de origen bereber.
Cabe recordar que según cable de la Embajada de Estados Unidos desclasificado el Rey le habría planteado al senador Ed Muskie en 1979 la posibilidad de ceder Melilla y situar a Ceuta bajo el control de un protectorado internacional: “El gran problema entre España y Marruecos son los dos enclaves españoles. Él (Juan Carlos I) considera que Melilla se puede ceder a Marruecos en un plazo relativamente corto al haber solo 10.000 españoles viviendo ahí. El Ejército español se mostraría en contra y protestaría pero estas protestas durarían únicamente dos meses y él podría controlar la situación. Ceuta sería mucho más difícil porque hay 60.000 españoles y sería imposible ponerlos bajo soberanía de Marruecos. La mejor solución para Ceuta sería su internacionalización o un “Tánger-like” (en referencia al antiguo protectorado de Tánger). En la ausencia de una solución, el miedo a la posibilidad de otra marcha verde realmente crearía graves problemas”.
Pese a estas reflexiones de hace décadas, la realidad es que la inmensa mayoría de la población musulmana de Ceuta y Melilla exhibe con orgullo su DNI español y no son proclives a integrarse en Marruecos, lo que no significa que el país vecino renuncie a reivindicarlas como propias.
Además, Rabat siempre ha usado un argumento falaz: si España reclama Gibraltar, nosotros Ceuta y Melilla, lo que obvia que el Peñón es una colonia pendiente de descolonizar, según Naciones Unidas, y las ciudades autónomas jamás han sido enclaves coloniales, sino parte del territorio nacional, que es, según la Constitución, indisoluble.

Así, en 1984 el Reino Unido acordó entregar a China la soberanía de Hong Kong, que se haría efectiva en 1997. Eso ponía sobre la mesa Gibraltar, y Manglano realizó varias gestiones en ese sentido. Sabían que Margaret Thatcher no iba a ceder, pese a que la razón estaba con España: “No se ha profundizado en la soberanía. El Reino Unido dice que no se puede discutir ninguna fórmula sin prejuzgar el destino final de la colonia. Según el Tratado de Utrecht, la única solución factible es el retorno a España, y sobre esta posibilidad el Gobierno Británico no se ha definido. Hay falta de coordinación. No es una cuestión diplomática: es ya un asunto de Presidencia. Apoyo de Washington”. Había que conformarse con medidas económicas, como anotó el entonces director del Cesid el 22 de junio de 1986: “Reino Unido tiene empeño en mejorar la situación económica del entorno de Gibraltar”.
Con el Peñón como marco y unos años más tarde, el 26 de enero de 1992, domingo, el teniente general Manglano fue al Palacio de la Zarzuela, donde le esperaba Juan Carlos I, que había conversado con Hassan II, con el que se llamaba recíprocamente “hermano”. El Rey de España trasladó al jefe de los espías lo más relevante de su conversación: “El Rey de Marruecos me dijo que al día siguiente de la entrega de Gibraltar, él pedirá Ceuta y Melilla”.
Un año después, el 5 de enero de 1993, Don Juan Carlos hizo una petición al director del Cesid: **“**Emilio, envíame un papel con los temas importantes si gana el PP. Gibraltar, Marruecos… Me preocupan Ceuta y Melilla”. El PP no ganó y Aznar tuvo que esperar hasta 1996, pero la preocupación por Ceuta y Melilla siguió. Y sigue.

