El dolor crónico es una carga pesada. Pero a veces lo parece aún más al afectar a la vulva, siendo un tema incluso tabú y llevado en silencio. El dolor crónico en esta zona a menudo se identifica como vulvodinia, y afecta a millones de mujeres en todo el mundo.
A pesar de los avances en información y en detección, sigue siendo un problema a menudo ignorado. Y no sólo eso, pues llega a ser desestimado por muchas personas e incluso profesionales de la salud. Por eso es tan importante conocer sus síntomas y sus posibles causas.
Qué es y cuáles son los síntomas de la vulvodinia

El dolor crónico de la vulva tiene un nombre, y es vulvodinia. Este se manifiesta entre el 10 y 16% de la población femenina en algún momento de su vida, de acuerdo con una publicación del Journal of Lower Genital Tract Disease.
Su manifestación más común va de una insoportable irritación hasta un ardor constante y punzante en el área. Y según la misma publicación, puede durar de tres a seis meses.
Esta enfermedad se puede dar de manera generalizada. Además, sucede de manera espontánea o provocada (al tacto con la zona).
Pero también puede suceder de manera localizada, sucediendo en el vestíbulo vulvar (la abertura de la vagina como tal) ante la presión o el tacto. Suele notarse al insertar tampones, durante las relaciones sexuales, y situaciones similares.
Este dolor, ardor e irritación, presente de manera persistente, es la sintomatología principal. No obstante, al no manifestarse visualmente, muchas veces no se diagnostica correctamente.
De acuerdo con los datos de la citada publicación científica, este diagnóstico suele retrasarse hasta 4 años de media. Esto provoca un periodo angustioso para la paciente, por lo que se hace necesaria una mayor fijación en el problema para reducir considerablemente tal tiempo de espera.
¿Qué causa este dolor crónico? ¿Cómo se trata?

La vulvodinia se atribuye a un conjunto de factores que interfieren en el sistema nervioso de la zona de la vulva.
La hiperactividad nerviosa, la disfunción del suelo pélvico, la inflamación crónica o los factores genéticos y hormonales pueden terminar provocándola.
Al ser una dolencia compleja y que depende de varios factores, normalmente tiene un tratamiento multidisciplinar.
Unos de ellos son la medicación oral y la terapia tópica, utilizando antidepresivos y anestésicos e incluso cremas que ayuden a tratar a respuesta nerviosa y/u hormonal.
En caso de ser necesario, también puede realizarse fisioterapia del suelo pélvico, las infiltraciones y los bloqueos nerviosos, e incluso las terapias sexuales y psicológicas, si el dolor afecta en gran medida a la salud mental.
En definitiva, si tienes un dolor constante en esta zona del cuerpo, no te sientas rara ni silenciada. Es un problema que existe, que comparten muchas mujeres y que puede ser tratado.
Habla con tu médico o ginecólogo cuanto antes para que estudie tu caso, lo diagnostique si realmente tienes esta afección y empieza tu tratamiento para que deje de afectar a tu calidad de vida.
